William Venegas. 31 enero, 2017

Al rescate del musical. Es curioso. Cada vez que aparece una nueva película dentro del llamado género musical, se dice que dicha película "rinde culto" o "revitaliza" un género a punto de morir. De nuevo lo escuchamos con el estreno del musical La La Land (2016), dirigido de manera mecánica por Damien Chazelle.

El asunto suena más a demagogia de la gran industria del cine, transmitida de manera mediática. Tenemos que saberlo: ningún género fílmico va a desaparecer del todo, nunca mientras haya cine. Tal vez no se tengan las joyas de antaño, pero de pronto aparecen títulos capaces de mantener el farol encendido.

Este no es el mejor momento de Hollywood, donde escasean los títulos excelentes (que los hay) y abundan camadas de películas con conducta de aves de rapiña. El asunto es que La La Land puede gustarle o no al espectador; sin embargo, no se trata de una buena película y menos de un buen musical.

En un musical, los diálogos mutan por canciones y lo hablado pasa a ser cantado, como sucede en teatro con la zarzuela o la opereta. Pero no se trata de cantar por cantar, debe haber una actitud musical que honre y justifique el procedimiento. Esto no sucede con La La Land.

Aquí se trata de canciones a contracadencia, sin riqueza conceptual y sin arte melódico. Es la pobreza musical de, precisamente, un musical. En esto, sí se debe aceptar que ya no son los tiempos de Rodgers, Friml, Stothart o Bernstein, entre otros.

El argumento se reduce a algo menos que una novela de Corín Tellado: el encuentro de una pareja y su correspondiente amor, la separación y el reencuentro (no importa con qué resultados). No hay subtramas, ni siquiera personajes secundarios. Solo quedan diálogos inútiles, letras cursis y un definido "bla bla land" (esta ironía la leí en alguna parte).

(Video) ‘La La Land’ arrasa en Globos de Oro

El resto de la película apuesta a alguna riqueza visual, pero sus coreografías son débiles, sin energía alguna, así desde el comienzo del filme (con una presa de automóviles en carretera). Por la misma onda van los bailables y los taps de la pareja de la historia, es como comprar algo de segunda mano.

Con obligada sensatez, me reprimo de citar otros musicales donde esos aspectos se dan con energía (son vitales), con arte en la composición, con agilidad y solvencia de los bailarines, con refrescante montaje y no con el plano-secuencia (fingido) utilizado de manera redundante en La La Land.

Sin cortes aparentes, el filme solo agranda sus debilidades y se le siente postizo. Casi al final, tenemos una apreciable secuencia surreal que salva al filme de peor valoración (repaso de la trama con otro punto de vista). De lo ideológico no se salva: su discurso carga y cansa con la idea de que lo importante es el dinero y la fama y que –para ello– debe ser el arte.

Las actuaciones se dan sin exigencia alguna de parte de nadie: falta interioridad en la relación de los personajes, rebuscados de nostalgia por culpa de la trama. Lo demás, lo de sus nominaciones al Oscar, eso es fuera de lo cinematográfico: asunto megalómano de la gran industria.

LA LA LAND: UNA HISTORIA DE AMOR

Título original: La La Land

Estados Unidos, 2016

Género: Musical

Dirección: Damien Chazelle

Elenco: Emma Stone, Ryan Gosling

Duración: 127 minutos

Calificación: DOS ESTRELLAS de cinco posibles