
Parece un lugar común y es un lugar común, eso de afirmar que la mayoría de las películas costarricenses tienen su punto débil en los guiones: la debilidad del núcleo argumental. Con la película El baile de la gacela (2018), de Iván Porras, nos encontramos ante la misma situación.
Aunque con sentido completo en lo que ofrece, El baile de la gacela se queda en tan solo una menor unidad expresiva y no va más allá: su minimalismo hace que el filme no siempre maneje bien el compás de los tiempos y se repite en situaciones, condiciones y diseño de personajes para llegar a la extensión de un largometraje.
Aquello es como dar iguales vueltas mientras se baila una cumbia y, así, la amable sencillez que uno espera de El baile de la gacela se torna más bien en viaje anodino hacia algo que no cuaja bien, con una vuelta de tuerca por ahí (en su argumento) para ponerse al alcance de los tiempos que vivimos.
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La trama gira sobre un exfutbolista que busca reencontrarse consigo mismo cuando ronda los 70 años. Con algunos obstáculos pequeños y poco importantes, sin ninguna tensión narrativa, nuestro personaje encuentra por ahí la atención de una grata señora.
La historia narrada pasa por el baile. Las secuencias que reflejan ese enhebrar débil del relato se alargan o se repiten sin necesidad y, dicho sea de paso, con poco estilo coreográfico.
La puesta visual transcurre sin detalles significativos.El baile de la gacela tiene una intención de fábula (con su moraleja) que, por repetitiva, deviene en algo subrayado sin mayores razones (tema: los adultos mayores que persiguen sus propios sueños). Es así como el filme cae en el vacío, pese a su “ricura musical”.
La película no solo es superficial, también es predecible. Uno podría decir que se plagia a sí misma, aunque se nota el esfuerzo del elenco por hacer las cosas bien con personajes tan superficiales como la trama (es el mérito del elenco).
Si uno piensa en otra película costarricense con el baile como hilo conductor, tal el caso de El último comandante (2010), es fácil darse cuenta de que El baile de la gacela es un paso atrás en la cinematografía del país. El director Iván Porras no ahonda en el hecho dramático ni en las motivaciones de los personajes.
Ni siquiera hay una buena subtrama que pueda enriquecer las pretensiones de la fábula o discurso del filme.
Aunque sus imágenes nos conectaran con el mundo narrado, lo cierto es que son deficitarias en el plano emocional. De ese modo, se pierde lo que el semiólogo Roland Barthes llama la “retórica de la imagen”.
Los diálogos ayudan menos. Lástima, uno percibe que el trabajo del director Iván Porras iba hacia un mejor derrotero, pero no le alcanzó. Habrá que esperar.
El baile de la gacela: dos estrellas de cinco posibles
COSTA RICA, 2018
GÉNERO: DRAMA/COMEDIA
DIRECCIÓN: Iván Porras
ELENCO: Marco Antonio Calvo, Vicky Montero
DURACIÓN: 90 minutos
CINES: Cinépolis, Cinemark, CCM, Magaly