William Venegas. 10 noviembre
Los días de Francisco Morazán en Costa Rica dan lugar a un filme sincero. Fotografía: Romaly para LN.
Los días de Francisco Morazán en Costa Rica dan lugar a un filme sincero. Fotografía: Romaly para LN.

Es difícil, la verdad que es sumamente difícil llevar al cine la vida de un hombre tan especial y controvertido como Francisco Morazán, nacido en Tegucigalpa, Honduras, en 1792, y fusilado en San José, Costa Rica, en 1842.

Posiblemente de ahí viene la decisión del director hondureño Hispano Durón (1965), quien estudió en la Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños, Cuba, de presentar tan solo los últimos días de Morazán.

El filme trae el título del apellido de su personaje: Morazán (2018), encarnado el caudillo defensor de la unidad centroamericana por el actor colombiano Orlando Valenzuela, quien lo hace de manera más que satisfactoria entre un elenco de los buenos.

El filme camina en aguas riesgosas, al filo de la verdad real y de la recreación artística, entre el documental (sin serlo) y la ficción, lo que en literatura se llama “biografía novelada”. Dentro del estilo del subjetivismo romántico (la historia trágica de un héroe) es que se puede ubicar esta película.

Tal es el mérito narrativo del filme, donde el arte de narrar está por encima de las deficiencias formales de Morazán, recargada de primeros planos y con inseguridades visuales en la filmación de las pocas batallas que aparecen.

Es con el drama del general Francisco Morazán donde la película discurre entre la ficción y el documento para mostrar, reproducir y analizar una época compleja, no solo para Costa Rica, sino para toda Centroamérica. Es el valor del dato para hacer cine y hacerlo con honradez intelectual.

Se acentúa el dilema habido desde la independencia en hacer de Centroamérica un solo país (como Estados Unidos) o no, lo que se agudiza luego de la desaparición del imperio mexicano de Agustín de Iturbide. Morazán era integracionista, por lo que debió participar en distintas batalles militares y políticas.

La película bien lo muestra como el humanista liberal de la época, impulsador de la educación pública, en favor del estado laico, en contra de los privilegios eclesiásticos y de los poderosos de entonces, así por el estilo, lo que le atrajo muchos enemigos, sobre todo de la iglesia católica y de los conservadores.

Esta parte conceptual es lo mejor del filme, sin temor al acercamiento teatral del tema para reforzar ideas que le dan riqueza temática a lo narrado. Es sobre el Morazán al que cantó Pablo Neruda en su poema y donde repite: “Alta es la noche y Morazán vigila.”

Igual, José Martí, prócer que escribió el ensayo Nuestra América, dijo de Morazán: “Un genio poderoso, un estratega, un orador y un estadista, el único que haya producida la América Central de aquella época.”

Morazán fue fusilado por la mezquindad política costarricense, de manera arbitraria, y esta buena película –que debemos ver– en buena hora nos acusa.

Ficha técnica

Título original: Morazán.

País: Honduras, 2017.

Género: Drama.

Director: Hispano Durón.

Elenco: Orlando Valenzuela, Tito Estrada.

Duración: 115 minutos.

Cines: Magaly, CCM.

Calificación: Tres estrellas de cinco posibles.