William Venegas. 2 septiembre
La millonaria franquicia de acción presenta su tercera cinta, una que, según el crítico, no aporta nada en técnica ni narrativa. Foto: Cortesía de Mundo Cine/Jack English.
La millonaria franquicia de acción presenta su tercera cinta, una que, según el crítico, no aporta nada en técnica ni narrativa. Foto: Cortesía de Mundo Cine/Jack English.

Regresa el agente del servicio secreto de Estados Unidos, el intrépido e inacabado Mike Banning, encarnado otra vez de manera aceptable por el actor Gerard Butler, a quien de nuevo le toca proteger al presidente de su país, al cual siempre quieren asesinar en esta serie de tres películas.

La primera se titula Operación Código Olimpo (2013), dirigida por Antoine Fuqua; la segunda llegó con el título de Londres bajo fuego (2016), dirigida por Babak Najafi. La de hoy se titula Agente bajo fuego (2019) y viene bajo la dirección de Ric Roman Waugh.

En las tres películas, al agente Banning le ha tocado salvar a su presidente, antes encarnado por el actor Aaron Eckhart, solo que esta vez, para estar más a tono con los tiempos, el presidente es negro, porque Allan Trumbull (actuación tranquila de Morgan Freeman) ha pasado de vicepresidente a presidente estadounidense.

Lo que vemos al principio es una oleada de drones, oleada que aparece para matar al señor presidente, quien pesca de manera apacible en un río. Quien lo salva es Banning y ambos quedan en estado de coma. El asunto no se queda ahí: por una jugarreta del enemigo bastante sofisticada, Mike Banning surge como el principal sospechoso del atentado.

Cuando este héroe recupera el conocimiento, se ve obligado a huir de su cautiverio y encontrar al enemigo para mostrar su inocencia. No es tarea fácil. En ese trayecto, que es prácticamente toda la película, aquello no es más que una voladera de trompadas, una lluvia de balazos y la aparición de armas más mortíferas que un alacrán en el lomo de una rana.

El argumento no se ordena como debiera ser entre tanto uso de armas; al contrario, se desordena y se rompe la lógica interna del relato cada vez que le da la gana: esto no le importa al filme, lo que interesa es solo el dinamismo del relato, o sea, la acción por sí misma.

Tanto burumbún se matiza de manera ligera con tres factores: la presencia del entorno familiar del citado agente secreto (que, al fin y al cabo, no es tan “secreto”), la aparición del papá de Banning (buena actuación de Nick Nolte, quien le pone agudeza a un argumento repetitivo) y la presencia de una constante migraña en el héroe.

Todo aturde por culpa del bullicio sonoro de Agente bajo fuego, todo, incluida su música, mientras que la fotografía peca de zigzagueante para querer darle movilidad a la acción. El filme no aporta nada en sus condiciones formales ni tampoco como hecho narrativo.

Ya se sabe que la narrativa es casi simbólica o del todo simbólica en nuestra época y, en este caso, sirve para elogiar la figura política del presidente de Estados Unidos y del campo político que lo rodea. Si hay un tipo malo, este es el gusano que se come la manzana, por lo que es atrapado. Digamos que la narrativa de “Agente bajo fuego” calza bien con el populismo del actual presidente Donald Trump.

El asunto es que este filme no entiende que el contar historias es algo más serio y complejo de lo que se piensa. O sea, la película no lo sabe hacer y no pienso recomendarla.

Ficha técnica

Título original: Angel Has Fallen.

Estados Unidos, 2019

Género: Acción.

Director: Ric Roman Waugh.

Elenco: Gerard Butler, Morgan Freeman, Piper Perabo, Jada Pinkett Smith.

Duración: 120 minutos.

Cines: CCM, Cinemark, San Pedro, Cinépolis, Citi, Nova, Studio.

Calificación: Una estrella de cinco posibles.