El Mercurio, Chile, GDA.. 13 agosto

Lily Jara, de 44 años, es una usuaria intensiva de Lumosity, una aplicación que plantea juegos y actividades de entrenamiento cerebral. “Siempre he tenido buena memoria, pero al usar Lumosity he notado cambios en mi rapidez mental y para encontrar soluciones a las cosas”, dice.

Lumosity es la aplicación de entrenamiento cerebral más popular. Como esta, hay muchas que ofrecen juegos, desafíos lógicos, ejercicios de destreza visual y memorización. Varias prometen que los usuarios pueden desempeñarse mejor en sus trabajos o en los estudios, evitar la pérdida de la memoria, reducir el deterioro cognitivo producto de la edad, incluso disminuir el avance de enfermedades como el alzhéimer. Pero todas esas promesas no siempre son ciertas.

Lumosity debió pagar en 2016 una multa de $2 millones al servicio del consumidor por no lograr respaldar científicamente lo que prometía. Después de ello, la aplicación ha colaborado con instituciones científicas para comenzar a avalar sus resultados. Lo cierto y lo falso es que “el principio que está detrás de esas aplicaciones es la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro de modificar las conexiones neuronales dependiendo de las actividades que realicen. Una forma de fomentar la plasticidad cerebral es realizando cosas nuevas”, dice el doctor Pedro Maldonado, investigador del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica y académico de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.

‘Lumosity’ debió pagar en 2016 una multa de US$2 millones al servicio del consumidor por no lograr respaldar científicamente lo que prometía.
‘Lumosity’ debió pagar en 2016 una multa de US$2 millones al servicio del consumidor por no lograr respaldar científicamente lo que prometía.

Para el investigador, hacer puzles, reemplazar la calculadora por el papel, jugar ajedrez, aprender un nuevo idioma, viajar a lugares nuevos, fomenta la plasticidad cerebral tanto como estas apps. “La diferencia podría estar en la motivación. Es como ir a un gimnasio a hacer ejercicios, en vez de hacerlos solos en la casa”, ejemplifica.

Una investigación australiana analizó 18 aplicaciones de este tipo. Once de ellas no eran respaldadas por estudios científicos. Siete sí lo estaban, pero de aquellas solo dos tenían evidencia científica de Nivel I (la más alta), tres tenían evidencia Nivel II y las dos restantes, de Nivel III.

CogniFit (para iOS y Android, disponible en 19 idiomas) es una de las que avala lo prometido con estudios. “Es un programa en línea que evalúa y entrena áreas cognitivas importantes, como la atención, la memoria, la coordinación, la percepción y el razonamiento”, dice Christian Bell, encargado de alianzas estratégicas de CogniFit.

“A diferencia de un entrenamiento físico, las personas no pueden discernir con facilidad lo que quieren mejorar”, dice Bell, de ahí que la clave es una evaluación inicial que determine un perfil cognitivo personalizado. Posteriormente se continúa con un régimen de ejercicios específico para la persona y ajustes de nivel para reflejar los progresos. Otro de los programas con base científica es Brain HQ (para PC, en español).

El mes pasado se presentó un estudio en la Conferencia Internacional de Ingeniería en Medicina y Biología, realizada en Berlín, que demostró que su uso mejoró la eficiencia de trabajadores de la industria tecnológica que practicaron con ella media hora durante 20 sesiones. En la práctica, mejoró la “eficiencia cognitiva”, es decir, la velocidad y la precisión del rendimiento cognitivo. “Este estudio demuestra que una inversión relativamente pequeña en la capacitación de trabajadores para lograr cerebros más rápidos y precisos, podría tener una gran recompensa”, dice el Dr. Henry Mahncke, CEO de Posit Science, desarrollador de Brain HQ.

El profesional agrega que otros estudios midieron los beneficios del programa en adultos mayores y atletas de élite. Optimizar energía “Lo que es claro, es que el entrenamiento cerebral funciona, independiente de si es con aplicaciones o no. El cerebro es plástico y está creando nuevas conexiones y elimina las que no son necesarias porque su objetivo es optimizar el uso de energía”, dice el doctor Tomás Pérez-Acle, investigador de la Fundación Ciencia y Vida y profesor del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso.

Es tal la plasticidad del cerebro, explica Pérez-Acle, que se han hecho experimentos en que se les ha pedido a basquetbolistas visualizar el lanzamiento de tiros libres, mientras otros los practican realmente. “El grupo que los visualizó obtuvo mejor conversión en sus lanzamientos. Por eso muchos automovilistas se concentran antes de una carrera y se visualizan dando vueltas por la pista y les da resultado”, explica.

Lo que no tiene un asidero científico, dice Pérez-Acle, son las aplicaciones que prometen mejorar las capacidades cognitivas mediante ondas. “Es verdad que el cerebro emite ondas, de hecho en estado de meditación se ha medido la emisión de ondas gama y luego se ha medido la disminución de cortisol en el torrente sanguíneo, un indicador de estrés. Pero eso es diferente a que desde una aplicación o con un cintillo se emitan ondas externas que produzcan un efecto en el cerebro”, aclara.