Una situación de alarma se vivió ayer en el aeropuerto Juan Santamaría al sufrir una emergencia el vuelo 652 de Lacsa, que llevaba 91 pasajeros y 8 tripulantes a bordo, cuando se preparaba para aterrizar tras un largo vuelo iniciado en San Juan, Puerto Rico, con escalas en Caracas, Venezuela, y Panamá.
La nave tuvo problemas con el tren de aterrizaje, lo cual obligó al comandante Oscar Agüero a abortar rápidamente el descenso. Wálter Steinvorth era su copiloto.
Según la información que los pasajeros recibieron por los parlantes, una luz en el tablero de mando había indicado que las ruedas no bajaban. La aeronave tuvo que sobrevolar unos 25 minutos durante los cuales se arrojó parte del combustible a fin de hacer menos peligroso el descenso.
Según relataron algunos pasajeros, entre ellos el director de La Nación, Eduardo Ulibarri, quien abordó la nave en Caracas, la tripulación trasladó a otros asientos a los pasajeros ubicados en la fila 11, junto a las puertas de emergencia.
En tierra, unidades de bomberos y Cruz Roja se trasladaron al aeropuerto. A la 1:40 p.m. el avión aterrizó sin contratiempos.
Operativo en tierra
Según la oficina de comunicaciones del Cuerpo de Bomberos, en una escala de uno a seis, ayer se alcanzó el segundo nivel de alerta.
Una vez declarada la alarma, transcurrieron ocho minutos para que un número inicial de siete unidades de bomberos, de la estación del aeropuerto Juan Santamaría y de Alajuela, llegaran al sitio.
Luego acudieron dos unidades más de Heredia. En total 40 bomberos estuvieron atentos, sin contar otro tipo de apoyo como unidades de rescate, Cruz Roja y paramédicos.
El primer pasajero en salir de la terminal aérea fue el empresario Abraham Israel, quien tomó el avión de Lacsa en Panamá. "Hubo mucha tensión, sobre todo cuando la tripulación empezó a despejar las puertas de emergencia", expresó.
Por su parte, la jefa de prensa del Ministerio de Justicia, Monserrat Aguilar, quien viajó desde Puerto Rico contó que la tripulación se mantuvo serena y no se produjeron momentos de histeria entre los pasajeros. "Sentí algo de miedo", reveló.
Reacción oficial
La oficina de comunicaciones del Cuerpo de Bomberos confirmó que la aeronave en que se presentó el percance ayer es igual a la que tuvo otra emergencia con su tren de aterrizaje el viernes anterior.
Solo que en el incidente de ayer se trató de un avión propiedad de Aero Costa Rica alquilado por la compañía Lacsa, dijo la fuente.
El viceministro de Obras Públicas y Transportes, Francisco Nicolás, quien ocupa la presidencia del Consejo de Aviación Civil, cuando fue consultado por La Nación sobre la frecuencia de hechos similares, respondió que preocupan pero son normales si se toma en cuenta el tráfico aéreo del país, que tiene un promedio de 30 vuelos diarios.
Sostuvo que los controles de seguridad son adecuados y prueba de ello, según añadió, es que los aviones costarricenses están avalados para operar en los aeropuertos norteamericanos.
Colaboró en esta información Rodolfo Martín, redactor de La Nación.
Una palanca salvadora
Eduardo Ulibarri, director de La Nación, venía en el vuelo de Lacsa que sufrió un percance. A continuación, su relato de los hechos:
Hace una semana fui testigo distante de un amago de percance que amenazó a un avión de Lacsa. Ayer fui protagonista de la abortada emergencia sufrida por el vuelo 652, también de Lacsa, en el que regresaba de Caracas.Hace una semana, mi contacto con los hechos fueron las ambulancias que viajaban a toda prisa al aeropuerto, hacia donde me dirigía para emprender el viaje.
Ayer estaba en la fila 14 del curioso avión en que sucedieron los hechos: un viejo Boeing 737 de "Aerolacsarrica", con unos 90 pasajeros. Subarrendado por LACSA a Aero Costa Rica y con su cola totalmente blanca, la única identificación del aparato eran una pequeña bandera nacional y los tres volcanes insignia de la compañía en su parte delantera.
Habíamos salido a tiempo de Panamá, última escala del vuelo iniciado en San Juan, Puerto Rico, con una tripulación de Lacsa a la que acompañaba, como a mi ida en ese mismo avión, una azafata de Aero Costa Rica. Los pilotos: Wálter Steinvorth y Oscar Agüero.
Poco antes de la 1 p.m., hora prevista del aterrizaje aquí, el avión inició el descenso, pero cuando ya parecía que estaba listo para la aproximación final, volvió a subir.
Pensé en ese monento que algún problema mecánico debía tener; no había otra explicación posible. A los pocos minutos, sin que aún hubiéramos recibido explicaciones, vi cómo un hombre grueso y fornido, con camiseta azul, se tendía sobre el pasillo de la nave. Supuse que era un pasajero buscando algún objeto perdido, pero mi presunción cambió cuando vi que regresaba a la cabina de mando y que el avión comenzaba a volar sobre el mar.
Casi de inmediato el capitán Steinvorth se dirigió, junto al hombre de la camiseta azul, al mismo lugar sobre el que este se había tendido: una tapa junto a la fila 13, desde donde se alcanza una palanca que puede accionar manualmente el tren de aterrizaje. Fue entonces cuando nos dieron una escueta explicación por los parlantes: una luz en el tablero de mando había indicado que las ruedas no bajaban, pero ya el problema estaba resuelto y regresábamos a tierra.
Por mi proximidad a la tapa, oí la misma versión del capitán, con cara seria, pero serena.
La tripulación movió a otros asientos a los pasajeros ubicados en la fila 11, junto a las puertas de emergencia. Su lugar lo ocuparon dos azafatas. La ausencia de otras medidas me hizo pensar que, efectivamente, el percance estaba controlado. Por suerte fue así.
Cuando, en medio de los aplausos de varios pasajeros, aterrizamos aproximadamente a la 1:40 p.m., nos esperaban siete vehículos para combatir incendios. Y cuando llegamos a la puerta de la terminal, algunas de las mismas ambulancias que había oído seis días antes regresaban a sus bases.
Me pareció un curioso círculo envuelto en dos riesgosos percances.
Pánico en el aire
Aunque no se den desgracias personales, con frecuencia los cuerpos de socorro deben movilizarse con rapidez ante las fallas mecánicas descubiertas en el aire. Algunos de los casos registrados son:
16 de setiembre de 1995: Problemas de visibilidad obligaron al piloto del vuelo 990 de VIASA a avanzar más de lo necesario, lo que provocó que la aeronave sufriera varios golpes al aterrizar. El avión, con 98 pasajeros, provenía de Cartagena.
18 de junio de 1994: Un desperfecto en las computadoras que controlan los alerones, causaron un aterrizaje forzozo que alarmó a 155 pasajeros y siete tripulantes que viajaban en el Airbus A-320 de LACSA.Fuente: Centro de documentación de La Nación
14 de setiembre de 1995: El desprendimiento de parte del caucho en una de las llantas causó daños a uno de los estabilizadores de un avión de LACSA, que se dirigía a Miami con 120 pasajeros. Tras sobrevolar una hora para gastar combustible, la aeronave aterrizó sin contratiempo.
27 de febrero de 1995: Una falla en el tren de aterrizaje fue la aparente causa de la emergencia producida por un vuelo de Aero Costa Rica, con 132 pasajeros.