Juan Diego Córdoba González. 7 marzo, 2019

En medio del allanamiento al Tribunal Eclesiástico, el ingeniero informático Manfred Barrantes acudió a presentar una denuncia canónica contra el sacerdote Manuel Antonio Guevara, quien ya enfrenta otra causa penal por abuso sexual contra un menor de edad.

Manfred Barrantes fue abordado por periodistas cuando acudió al Tribunal Eclesiástico a presentar una denuncia contra un sacerdote. Foto: Jose Cordero
Manfred Barrantes fue abordado por periodistas cuando acudió al Tribunal Eclesiástico a presentar una denuncia contra un sacerdote. Foto: Jose Cordero

A pesar de que Barrantes había sido convocado para este jueves a las 11 a. m. en el Tribunal, el hombre no pudo interponer la denuncia, pues los agentes del Organismo de Investigación Judicial se encontraban haciendo diligencias en esa sede, ubicada en la Conferencia Episcopal, en calle 22, entre avenidas 3 y 5, San José.

Los trabajos liderados por la Fiscalía, tienen el objetivo de encontrar pruebas contra el cura Manuel Antonio Guevara, precisamente contra quien atestiguaría. También las autoridades buscan pruebas en contra de Mauricio Víquez, prófugo de la Justicia.

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De acuerdo con el informático, de 39 años, los abusos ocurrieron cuando él era un adolescente y se desempeñaba como monaguillo en Sabanilla de Montes de Oca, entre 1992 y 1993.

En aquel momento decidió no interponer la denuncia penal, porque el sacerdote era “amigo de la familia”, según dice.

Ahora, según declara, tomó valor “porque quisiera que se sentara en bases que no es algo fortuito, que es algo que está sucediendo desde hace muchos años”.

No obstante, el vecino de Desamparados aseguró sentir algo de culpa por no haber denunciado cuando ocurrieron los hechos.

“Al no haber hecho algo antes, pude haber ocasionado que esta persona (que denunció penalmente al sacerdote) hubiera sido violada", agregó en referencia al otro caso que trascendió la semana pasada.

Manfred asegura que al enterarse de la denuncia penal contra el cura que habría abusado de él, revivió todas las cosas que pasó cuando colaboraba con la Iglesia, en la que el sacerdote era párroco.

“Eso fue una explosión en mi cerebro al haber revivido todo otra vez. Al punto de que hace poco estaba esperando el bus y alguien que se acercó tenía el mismo aroma que Guevara, le podría decir que uno queda con el trauma, pero todo está saliendo a la luz”, dijo.

El hombre acudirá la próxima semana a interponer la queja canónica.