
Un hombre de apellidos Zamora Laguna fue condenado a 25 años de prisión por el asesinato de Álvaro Monge Hernández, un reconocido vendedor de flores en Desamparados.
El crimen ocurrió el 19 de noviembre de 2025, cuando Cupido”, como conocían a la víctima, se encontraba en un local comercial.
Según el relato de su familia, Monge había salido temprano de su casa para realizar un trabajo de movimiento de tierra en una propiedad cercana. Tras recibir el pago por su jornada y antes de regresar a su vivienda, hizo una parada en una pulpería del barrio.
En el establecimiento, un hombre se le acercó para pedirle un cigarrillo; Monge accedió. Posteriormente, el mismo sujeto le solicitó ¢200, los cuales también le entregó. Sin embargo, cuando el individuo insistió por más dinero, la víctima explicó que no podía dárselo, pues el dinero restante estaba destinado a comprar alimentos para su madre.

Esa negativa desencadenó una discusión. El agresor salió molesto del sitio mientras Álvaro se disponía a levantar su carretillo para retomar el camino a casa. En ese momento, el sujeto regresó y lo atacó de forma repentina por la espalda.
Según la acusación, se comprobó que Zamora utilizó la tapa de una alcantarilla de concreto para golpear el rostro de la víctima.
“En apariencia, el ahora sentenciado continuó golpeando a Monge con la misma tapa de concreto en repetidas ocasiones, causando traumas en la cabeza con múltiples fracturas con hemorragia, provocando su muerte, para posteriormente sustraerle el dinero referido, propiamente ¢8.000”, indicó el Poder Judicial.
Los menores de edad del barrio, testigos del crimen, persiguieron al atacante durante su huida. Un joven logró alcanzarlo y lo retuvo hasta la llegada de los policías.
“El imputado fue detenido minutos después, en vía pública, y el 27 de enero dio inicio el juicio, mediante el procedimiento expedito de flagrancia”, informó el ente fiscal sobre el caso tramitado bajo el expediente 24-001951-0053-PE.
Cupido es recordado en Desamparados como un hombre trabajador que recorría las calles vendiendo flores junto a su madre. Los vecinos destacan su nobleza y el cariño que le tenían los niños de la zona, quienes solían invitarlo a jugar fútbol o compartir alimentos.

