Más de cuatro meses sin erupciones importantes, una merma en la cantidad de gases y un lago cratérico más profundo y amplio son parte de los cambios que experimenta el volcán Poás, el cual ha estado mucho más tranquilo desde que comenzó la estación lluviosa.
El nivel de la laguna empezó a recuperarse desde la semana pasada, lo que provocó que desapareciera la incandescencia que aún se observaba días atrás en dos de las bocas activas.
Geoffroy Avard, vulcanólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), explicó que desde mayo cesó la emisión de ceniza y ha disminuido la cantidad de gases, como dióxido de azufre y dióxido de carbono, emitidos a la atmósfera. Esto se debe a que, poco a poco, las fumarolas que estaban expuestas han sido cubiertas por el agua de lluvia que llega desde distintos puntos hasta el fondo del cráter.

El Poás, situado en Alajuela, a 2.687 metros sobre el nivel del mar, es uno de los pocos volcanes que tienen una laguna hiperácida sumamente accesible para el estudio por parte de científicos, y es uno de los volcanes activos del país que, de manera más recurrente, presenta cambios en la forma de su cráter.
Por ejemplo, a inicios de este año, los visitantes encontraron una laguna atravesada a la mitad por una península o lengüeta de material, formada luego de una erupción en la pared norte del cráter, que lanzó el material hacia el lago el 6 de abril del 2022. Sin embargo, actualmente ese fenómeno ha quedado atrás, y ahora se observan dos lagunas unidas por un pequeño canal.
Este cambio se debe a erupciones moderadas con emisión de ceniza que ocurrieron en mayo, cuando el lago ya se había secado por completo debido a la estación seca. Dichas erupciones afectaron la navegación aérea en el aeropuerto Juan Santamaría, donde en abril hubo vuelos cancelados y desviados, ya que las aerolíneas evitan las nubes de ceniza por el grave daño que causan a las turbinas.
Actualmente, el lago cratérico es más profundo y más ancho, lo que hace que su llenado sea más lento. No obstante, ya se observa una importante recuperación, y si alcanza un nivel más alto, podría verse pronto como una sola laguna ampliada en lugar de dos pozas interconectadas.
Avard estuvo la semana pasada en el Poás realizando mediciones y pudo observar las cataratas que se formaban en las paredes del cráter, las cuales generaban una especie de ríos hacia el fondo.
El experto comenta que el Poás es uno de esos volcanes raros donde los cambios importantes se evidencian conforme a la estación climática. Cuando se forma la laguna, esta suele cambiar de color según la interacción con las fumarolas que permanecen en el fondo.
Algo similar ocurre en el volcán Rincón de la Vieja, cuyo cráter activo está entre Liberia y Upala, a una altura de 1.916 msnm. Su cráter también tiene una laguna ácida cambiante y fumarolas muy activas en el fondo; sin embargo, este volcán es mucho menos accesible y más profundo, lo que dificulta observar los cambios con la misma claridad que en el Poás.
Por ahora, el nivel del lago del Poás está más bajo que en el mismo periodo del año pasado, lo que lleva a los científicos a prever que se volverá a secar en el primer trimestre del próximo año. Con este cambio, se anticipa la posibilidad de que ocurran nuevas erupciones, ya que el nivel del lago influye en el sistema hidrotermal, que tiende a reaccionar cuando el agua desaparece.
