Hugo Solano C.. 23 marzo
Esta foto reciente muestra con claridad la zona de burbujeo, en la zona inferior izquierda, en la laguna del volcán Irazú. Foto: Cortesía de Andrés González R.
Esta foto reciente muestra con claridad la zona de burbujeo, en la zona inferior izquierda, en la laguna del volcán Irazú. Foto: Cortesía de Andrés González R.

Aunque el volcán Irazú se encuentra en estado de reposo, evidencia signos de su potencial peligrosidad.

Una laguna celeste y burbujeante formada hace pocos meses en su cráter, fumarolas humeantes en varios flancos, nacientes de agua caliente con material volcánico y sismicidad frecuente son parte de las señales que mantienen en alerta a los expertos.

Una visita a ese coloso cartaginés, realizada a inicios de marzo, permitió a personal del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) documentar diversos cambios.

Aunque su última erupción fuerte ocurrió entre 1962 y 1965, se le considera un volcán activo.

Con la ayuda de una escalera, cuerdas e instrumentos, el vulcanólogo Eliécer Duarte y otros expertos del Ovsicori descendieron a inspeccionar la laguna de agua llovida, cuya profundidad es de unos 10 metros.

El burbujeo del agua con olor a azufre está en ocho puntos de un área donde décadas atrás los científicos habían observado otros.

“A pesar del viento fuerte, los puntos burbujeantes se notan a simple vista y en el futuro se requerirán técnicas más sofisticadas para el muestreo de sus gases”, asegura Duarte.

Dicho fenómeno es signo de la existencia de una grieta subacuática que ha mantenido la exhalación de gases y que es imposible ver cuando se seca el lago.

Probabilidad de erupción: Bastante alta

Javier Pacheco, otro vulcanólogo del Ovsicori, dice que cuando el magma llega a la superficie, como ocurrió en 1962, pasan muchas décadas para que ese material vuelva a enfriarse y, por eso, la actividad de emanación de gases persiste por tanto tiempo, pues esa masa caliente evapora el agua filtrada apenas hacen contacto.

“El hecho de que el volcán en este momento repose, no significa que no sea peligroso. La probabilidad de nuevas erupciones en un futuro cercano es bastante alta, pues históricamente lo ha demostrado. El siglo pasado entró siete veces en actividad y la última duró tres años”, recordó Pacheco.

A través de las grietas también escapan materiales magmáticos que quedan como remanente de las últimas erupciones y que pocas veces son vistos por los miles de turistas que cada año visitan dicho macizo.

Hay nacientes con altas temperaturas y concentración de azufre que son parte de la erosión que el agua genera en el magma que subió.

Para los vulcanólogos, las recientes transformaciones encontradas en el cráter y en el lago no tienen implicaciones inmediatas, pero pueden ser cruciales en caso de reactivación.

“A mayor sellamiento o a mayor acumulación de materiales consolidados en la parte externa del conducto principal, mayor es la capacidad de sobrepresión y la capacidad explosiva”, dice el informe de Eliécer Duarte.

Como todavía hay deformación en el macizo, se generan frecuentes sismos volcánicos en la cima y eso también genera los derrumbes en los flancos oeste y norte.

Esos movimientos de tierra obligaron, meses atrás, a remover las torres de comunicación que por décadas estuvieron en un punto fijo hasta que el riesgo se hizo inminente y hubo que removerlas.

Los deslizamientos también obstaculizan, en parte, la labor de los vulcanólogos, pues la pared noreste es ahora tan delgada que resulta riesgoso desplazarse a través de ella y se teme que sufra un colapso e interrumpa el paso.

También se han formado caños o cárcavas enormes que enrumban el agua llovida hacia el lago.

La actividad actual es pobre para un volcán como ese, cuyos episodios le han llevado a pasar de tener varios cráteres activos a uno solo.

(Video) Hace seis años se detectan cambios en la actividad del Irazú

Aparece vegetación

Aunque hasta hace pocos años no se veían arbustos en el cráter, en esta última visita se encontraron árboles de hasta seis metros de altura.

Especies de plantas como la “sombrilla de pobre” son muy comunes.

Cerca de la vegetación se encontraron huellas de pizotes , así como aves e insectos que son atraídos por flores y frutos que antes eran poco observados en este coloso, el cual está a 3432 metros sobre el nivel del mar.

Lo anterior es visible en el flanco norte, el cual parece haberse beneficiado del efecto fertilizante de cenizas que el viento trae desde el volcán Turrialba.

Las erupciones del Irazú de las que se tiene registro ocurrieron en 1723, 1917-1920, 1920, 1924, 1928, 1930, 1933, 1939-1940, y 1962-1965.

Acercamiento a algunos puntos de burbujeo que revelan el agrietamiento en la superficie. Foto: Eliécer Duarte/Ovsicori.
Acercamiento a algunos puntos de burbujeo que revelan el agrietamiento en la superficie. Foto: Eliécer Duarte/Ovsicori.
El lago celeste es uno de los atractivos de este volcán, el cual se encuentra a solo hora y media de San José. Foto: Eliécer Duarte.
El lago celeste es uno de los atractivos de este volcán, el cual se encuentra a solo hora y media de San José. Foto: Eliécer Duarte.
Las cárcavas que se han formado por los deslizamientos enrumban el agua de lluvia hacia la laguna. Foto: Eliécer Duarte / Ovsicori
Las cárcavas que se han formado por los deslizamientos enrumban el agua de lluvia hacia la laguna. Foto: Eliécer Duarte / Ovsicori