Hugo Solano C., Alfonso Quesada, corresponsal. 16 octubre
En la cama 48 del Hospital Tomás Casas, Anselmo Cortés se recuperaba del ataque de cocodrilo que sufrió la tarde del martes. Foto: Alfonso Quesada.
En la cama 48 del Hospital Tomás Casas, Anselmo Cortés se recuperaba del ataque de cocodrilo que sufrió la tarde del martes. Foto: Alfonso Quesada.

Un cocodrilo, de unos tres metros, atacó y dejó con heridas graves a Anselmo Cortés Novoa, de 54 años, trabajador de una granja camaronera en Finca 7 de Osa, Puntarenas.

El ataque ocurrió a eso de las 2:35 p. m. de este martes, según relató Roger Castro, uno de los compañeros que acompañaba a Cortés cuando ocurrieron los hechos.

Castro dijo él que estaba fuera del agua y Cortés estaba dentro de una especie de zanja, con el agua a la cintura. Estaban realizando un relleno cerca del río cuando el animal se aproximó sin que ellos se percataran, pues venía sumergido, y de repente se le lanzó a Anselmo.

La víctima reaccionó e interpuso su brazo derecho, pero debido a la fuerza y el peso del animal, el hombre fue sumergido.

Los esfuerzos de Cortés por soltarse, unidos a las acciones por auxiliarlo de sus compañeros Roger Castro y Joel Zambrana, dieron frutos poco después.

Ambos tiraron piedras cerca del animal y hacían bulla, hasta que el cocodrilo soltó a Cortés y lograron rescatar al hombre y sacarlo del agua.

La víctima sufrió serias lesiones en su brazo derecho que presentaba exposición ósea y tenía otra herida en el abdomen y varios rasguños en otras partes del cuerpo.

El peón fue trasladado al centro médico en un vehículo particular y, de camino, se realizó un transbordo a una ambulancia de la Cruz Roja que lo llevó al Hospital Tomás Casas, de Ciudad Cortés, a unos 15 kilómetros de la camaronera.

En este centro médico lo atendió primero el equipo de emergencias y lo pasaron al quirófano para operarlo.

El médico José Acevedo le realizó una cirugía estética y le reconstruyó el brazo. El herido quedó internado en el hospital.

Con una cirugía de urgencia y dispositivos metálicos, se pretende salvar el brazo derecho del peón, que fue mordido por el cocodrilo. Foto: Alfonso Quesada.
Con una cirugía de urgencia y dispositivos metálicos, se pretende salvar el brazo derecho del peón, que fue mordido por el cocodrilo. Foto: Alfonso Quesada.
Brazo destrozado

La mañana de este miércoles Anselmo Cortés narró en el hospital los momentos que vivió.

“Cuando ya no tocaba fondo, pensé que ese animal me ahogaba” precisó.

En un momento se dejó llevar para ver si el reptil lo soltaba, pero nada. Fue hasta que el animal, tal vez asustado por las piedras, lo soltó, que el señor pudo arrimarse a la orilla, pero tenía el brazo destrozado.

El animal se alejó y los compañeros en la orilla lo auxiliaron. “Perdí mi mano”, fue lo que dijo Cortés al notar la gravedad de las heridas que tenía entre el codo y la muñeca derecha.

En su brazo tiene un soporte externo y está con tratamiento de antibióticos y un lavado y revisión constante de las heridas, para evitar alguna infección.

Afirmó que no desea nunca más volver a trabajar en ese sitio, donde labora desde hace cuatro años y no quiere nunca más volver a ver un cocodrilo.

Añadió que ya conocía esos animales, pues algunas veces los había visto de largo cerca de las pilas de camarones, pero jamás pensó sufrir un ataque.

Cortés vive en Finca 8, a unos cinco kilómetros de la camaronera donde fue atacado.

El hombre es padre de dos hijas y este miércoles permanecía estable en la sala de recuperación.

Daniela Cortés, de 21 años, una de las hijas que lo acompañaba, afirmó que a la casa llegaron el martes a avisar que a su padre lo había mordido un cocodrilo, por lo que se dirigieron al centro médico y al llegar ya lo habían operado.

---------- Forwarded message --------- De: William Sanchez Date: mié., 16 oct. 2019 6:42 p. m. Subject: Peso arc To: Hugo Solano , Carlos Láscarez S. Adjunto el código para el HTML...Cocodrilos

Vecinos prehistóricos

La sobreexplotación de la que fue víctima entre 1930 y 1960, llevó a una severa disminución en la abundancia de esta especie, la cual poco a poco se ha ido recuperando en Costa Rica.

FUENTE: BIÓLOGO IVÁN SANDOVAL.    || w. s. / LA NACIÓN.

Traslape de hábitat

Iván Sandoval, biólogo de la Universidad Nacional, explicó que desafortunadamente la cercanía del ser humano con el hábitat de los cocodrilos, en el humedal Térraba - Sierpe, genera este tipo de ataques.

“Algunas situaciones han hecho que la cercanía entre humanos y cocodrilos aumente, como ocurre con las construcciones o proyectos de turismo en la zona marino - costera, cerca de manglares y ríos”, dijo.

Indicó que posiblemente la zona del ataque no era lo suficientemente profunda como para que el cocodrilo hundiera al peón y eso, sumado a que el animal percibió el riesgo cuando los compañeros auxiliaron a la víctima, hizo que optara por huir para proteger su integridad.

Un cocodrilo de tres metros tiene una dentadura bastante pronunciada y fuerte, por lo que el ataque genera daños importantes. “El cocodrilo tiene una flora bacteriana que se debe tomar en cuenta y obliga al uso de antibióticos en el tratamiento del paciente”, indicó Sandoval.

El científico afirmó que como es un lugar de cría de camarones en una laguna, los cocodrilos entran buscando comida y si encuentran a alguien en el agua, la posibilidad de ataque se incrementa. Se alimentan de pescado, roedores, ranas, aves, saltamontes, serpientes y otros.

Indicó que existe una relación entre la época reproductiva y los ataques, pero en este caso no fue así, porque los ciclos reproductivos ocurren al inicio de la época lluviosa, la cual ya va terminando.

En época de apareo los machos dominantes desplazan a los más pequeños y débiles, los cuales se ven obligados a irse a otras zonas, que algunas veces colindan con poblaciones humanas.

Las cuencas del río Tempisque en Cañas, así como el Tárcoles en Garabito y la del río Coto en la zona sur, son las de más población de estos anfibios, pero están a lo largo de ríos en las dos vertientes del país.

En julio del 2016 en Tamarindo, Guanacaste, otro ataque de cocodrilo obligó a los médicos a amputarle parte de la pierna izquierda a un turista.

Al año siguiente, en Tárcoles, un joven de 21 años, que salió a recolectar moluscos a un manglar también fue atacado y pudo sobrevivir.

Sandoval recalcó que nunca se debe alimentar a los cocodrilos, porque eso cambia su comportamiento y expone a riesgos. “El animal, en lugar de irse, como típicamente lo hacía, más bien se acerca a ver qué le dan”.

Insistió en que el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) debe desarrollar planes de manejo que permitan conocer la población en cada zona, así como el traslado de algunos especímenes a otras zonas o a zoológicos, para evitar accidentes.

Descartó que en la actualidad exista sobrepoblación, pues de haberla se tendrían peleas de animales por comida y por espacio y aparecerían animales muertos por peleas entre ellos, situación que no se ha visto.