Yeryis Salas. 10 mayo
La familia tenía cerca de cuatro meses de vivir en un apartamento en la comunidad de Los Ángeles, en Sabanilla de Alajuela. Foto: Melissa Fernández.
La familia tenía cerca de cuatro meses de vivir en un apartamento en la comunidad de Los Ángeles, en Sabanilla de Alajuela. Foto: Melissa Fernández.

El hijo de la familia recién llegada a Los Ángeles de Sabanilla, en Alajuela, salía de la casa con rasguños y moretones.

La madre le aseguraba a una vecina que el menor de 5 años era “muy chambón, que el perro jugaba con él y lo rasguñaba”.

Algunas quemaduras también aparecieron en la piel del niño.

“Es que él es travieso”, respondía Marroquini Alas, quien junto al padrastro, Pérez Flores, tenían cerca de cuatro meses de vivir en esta zona semirural, a 12 kilómetros del centro de Alajuela. Residían en un pequeño apartamento, con muy pocos muebles, al final de un callejón estrecho donde se agolpan cuatro propiedades.

“Obviamente, como mamá, uno sabe más o menos que no, esos no son golpes de juego o del perro. Con esas quemaduras uno dice, ¡juepuña!, esas no son quemaduras de un chiquito travieso”, comentó una de las vecinas más cercanas a la madre.

Otra lugareña, que prefirió no brindar su nombre, no conoció a Marroquini ni a Pérez, pero escuchó las historias que circulaban en el barrio.

“Los vecinos oían que maltrataban al chiquito, que lo tenían aislado, que no lo dejaban salir. Una de las vecinas dice que le preguntó: ‘Mi amor, ¿qué me le pasó a usted que anda todo quemado?'”.

“El chiquito le dijo a la mamá: ‘mami, ¿puedo decir qué fue?’. Dice que la mamá, con el gesto que le hizo, le quiso decir ‘no hable’, y el chiquito no habló”, contó.

Esta vecina nunca conoció a los presuntos agresores, pero había escuchado historias en el barrio de que golpeaban al menor. Foto: Melissa Fernández.
Esta vecina nunca conoció a los presuntos agresores, pero había escuchado historias en el barrio de que golpeaban al menor. Foto: Melissa Fernández.

En un principio, Marroquini solía salir con su hijo por la vecindad. Algunas semanas después, el padrastro, de 25 años, quedó desempleado. A partir de ahí, la familia se volvió más hermética.

En ocasiones, la vecina más cercana llegó a ver moretones en la cara de la madre. Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Pérez tiene antecedentes en su país del origen, El Salvador, por violencia intrafamiliar.

“Después, nosotros hablamos con una fundación y ellos pusieron la denuncia al PANI”, indicó la mujer, quien pidió no fuera revelada su identidad.

El sábado 4 de mayo, representantes de la Organización Unbound Costa Rica interpusieron una queja por supuesto maltrato ante el Patronato Nacional de la Infancia (PANI).

Según Patricia Vega, presidenta ejecutiva del PANI, la denuncia se clasificó como de “prioridad 1”, es decir, debía atenderse en un plazo de 24 horas, que se hicieron efectivas el lunes siguiente, en horario de oficina.

Cuatro días después de la alerta, el miércoles, una funcionaria llegó al lugar, consultó a lugareños y hasta al director de la escuela por la dirección exacta, pero no encontró la casa.

El jueves, muy temprano

El jueves a las 5:30 a. m., la vecina escuchó a la perra de los sospechosos ladrando más de lo normal.

Pocos minutos después, escuchó una ambulancia. Supuso que la madre de 22 años, quien está embarazada, entraba en labor de parto, aunque el niño está para nacer en el mes próximo.

Llegó al apartamento de sus vecinos, a ofrecer dinero en caso de que lo necesitaran.

Pero al llegar a la puerta, le aclararon que el parto no era la razón por la que llamaron a la Cruz Roja.

A través del umbral, notó lo que en realidad sucedía.

“Al chiquito lo tenían en media sala, estaba todo desnudo, con una colchita gris en la cabeza nada más”, relató.

“Le digo yo: ‘¿qué le pasó al bebé, se cayó?’. Yo veía que el padrastro no hacía nada, ella no hacía nada, pensé que se había desmayado, que estaba enfermo, no que le habían hecho algo”.

Al parecer, en ese momento el niño todavía tenía pulso.

Los paramédicos de la Cruz Roja tuvieron que solicitar ayuda extra, con tanque de oxígeno y mascarilla.

Lo dieron por fallecido, y Marroquini tomó a su vecina del brazo.

– “Me dijo ‘dígame que no es cierto, que él está bien’”.

“Se sentó en la escalera, yo le dije a ella que respirara, llamaron a la policía, luego llegó el OIJ, después empezaron a hacer averiguaciones”.

La versión de los padres era que el menor se había caído de una mesa y se golpeó en la cama.

“Pero ellos no tenían cama. Dormían en el piso, tenían la colchoneta de ellos y a la par la del chiquito”, afirmó la lugareña.

Los relatos de la pareja no explicaban lo expuesto por el OIJ: en una revisión preliminar se detectaron moretes, alopecia o pérdida de cabello, desnutrición severa, una lesión en el labio superior, escoriaciones en el cuerpo, y otras cicatrices que aparentaban ser de quemaduras.

En la autopsia se reveló que el niño murió por una hemorragia intestinal, provocada por golpes. Además tenía lesiones viejas en las costillas y en un fémur.

Por sus versiones contradictorias, los padres fueron arrestados, el único momento en el que el padrastro mostró un semblante pesaroso, aseguró la vecina.

Este viernes, el Juzgado Penal de Alajuela les impuso seis meses de prisión preventiva, mientras se investiga el presunto infanticidio.

Ahora, ella explora los escenarios en los que las autoridades pudieron haber evitado la tragedia.

“Cuando pasan este tipo de cosas, uno dice ¿adónde está el PANI? si no llegaron el martes, tenían que llegar el miércoles, si no los encuentran llegan el jueves, hasta dar con las personas”.

“La idea era que el PANI actuara, pero desgraciadamente el PANI no hizo mucho, ya van dos casos parecidos”, añadió, en referencia al bebé de 13 días fallecido este martes en Alajuelita, también por supuestas agresiones.

La trágica experiencia, afirmó, la obligó a hacer una “pausa” en su vida.

“Una reflexión para uno, para nosotras las mamás”.