Katherine Chaves R.. 4 marzo
Las balaceras ocurridas en Pavas entre el sábado y el domingo dejaron tres personas fallecidas. Foto Jeffrey Zamora
Las balaceras ocurridas en Pavas entre el sábado y el domingo dejaron tres personas fallecidas. Foto Jeffrey Zamora

Pavas es uno de los distritos josefinos más codiciados por los narcotraficantes por su extensión y gran población (para el 2016, eran cerca de 84.000 pobladores). Tenerlo controlado es un negocio bastante rentable, reconocen las autoridades.

Una de las agrupaciones criminales más antiguas de la zona, conocida como Los Diablos, lo sabe bien y por eso, después de un tiempo de bajo perfil, decidió fortalecerse para recuperar territorios y volver a traficar.

La presunción de fuentes policiales, consultadas para este artículo, es que el supuesto egreso de la cárcel de uno de sus líderes, entre otras situaciones, han permitido que retomen fuerza y provoquen balaceras para, primero, avisar que están de vuelta y segundo, eliminar a sus rivales.

Los Diablos están asentados, principalmente, en Los Laureles de Pavas y dentro de ese grupo hay tres subgrupos: uno liderado por alias Adriana La Diabla; otro por alias Juan; y otro por alias Tana.

En este momento, según información policial, la disputa más fuerte de ese clan es contra una banda conocida como la de Guiselle. Producto de ese enfrentamiento se suscitó la balacera del domingo en Villa Esperanza de Pavas, en donde murieron dos personas.

Se analiza si esta disputa también originó un tiroteo ocurrido el sábado 29 de febrero en Los Laureles, donde murió una joven.

De forma paralela, Los Diablos también mantiene otros pleitos con los otros tres grupos criminales identificados de la zona: Los Coqueros, Los Negros y Los Polonios.

La Policía tomó ese distrito josefino desde el lunes para brindar mayor seguridad a sus ciudadanos. Foto Jeffrey Zamora
La Policía tomó ese distrito josefino desde el lunes para brindar mayor seguridad a sus ciudadanos. Foto Jeffrey Zamora
¿Quién es el rival?

Antes de entrar a conocer la disputa, las autoridades prefieren explicar los orígenes y la posición de la banda de Guiselle en este contexto:

Este clan era liderado por una mujer de apellidos Calderón Barrantes, de 55 años. Ella trabajó en su momento para el líder narco Erwin Guido Toruño, alias El Gringo. Este último fue encontrado muerto el 16 de diciembre del 2017 en el puente del Bajo Los Ledezma, en La Uruca. Tenía al menos 40 puñaladas.

A partir de ese momento, ella tomó fuerza y se comenzó a “apropiar” de Villa Esperanza, al punto de que las autoridades la consideran la dueña de ese sitio.

Sin embargo, el 4 de noviembre del 2018 fue detenida justamente por tráfico de drogas y homicidios, informó la Fiscalía.

A este momento, ella continúa en condición de indiciada (acusada de algún delito) y está recluida en la cárcel Vilma Curling, en San José, detalló el Ministerio de Justicia y Paz.

Se presume que dos de sus hijos asumieron las riendas del negocio ilícito. Sin embargo, uno de ellos fue asesinado a balazos la tarde del 15 de diciembre del año pasado en Villa Esperanza de Pavas.

Se trata de Max Enrique Murillo Calderón, de 30 años, quien también estaba relacionado con cobros de “peajes” a taxistas informales del sector.

Así, se presume que el otro hijo, Ronald Jafet Jiménez Calderón, de 23 años, quedó a cargo de la organización.

La muchacha baleada fue dejada frente a la estación de Bomberos en Rohrmoser. Ahí, murió. Foto: Cortesía.
La muchacha baleada fue dejada frente a la estación de Bomberos en Rohrmoser. Ahí, murió. Foto: Cortesía.
Enfrentamiento a muerte

Esa sed de poder en Pavas entre Los Diablos y La Guiselle provocó que la violencia en Pavas se disparara en los últimos días, a punta de balaceras mortales.

Las autoridades señalaron que todo comenzó, principalmente, con el tiroteo ocurrido el sábado 29 de febrero en plena vía pública de Los Laureles.

Ese día, había varia gente frente a una vivienda, entre los cuales se presume estaban dos miembros de Los Diablos.

De un momento a otro, dos motocicletas se aproximaron y dispararon en repetidas ocasiones, matando a la joven Judith Madrigal Agüero, de 22 años.

Ella era la pareja de uno de los supuestos integrantes de ese clan.

La Policía aún no puede atribuir del todo este ataque al grupo de Guiselle, pero llama la atención que pocos días antes del homicidio, las autoridades le decomisaron a un sujeto un fusil de asalto AK-47 en Villa Esperanza de Pavas.

Ese individuo, al parecer, iba a entregar dicha arma de grueso calibre a miembros de la banda de Guiselle.

Eso hace presumir a la Policía que estas balaceras se venían gestando desde días atrás. Aseguran que no se trató de un impulso.

Menos de un día después de ese primer tiroteo, Los Diablos reaccionaron: emboscaron y mataron al líder del grupo rival en una vivienda que funcionaba como búnker en Villa Esperanza.

Para la Policía, alguien de la misma organización de La de Guiselle "entregó” a Rónald Jafet Jiménez Calderón al grupo rival, al indicarle dónde podrían encontrarlo y darle muerte.

Con Jiménez, también estaba Santiago David García, de 21 años, y otro sujeto, de apellidos Salgado Cerdas, de 27 años. El primero murió también, mientras que el segundo quedó gravemente herido.

Se presume que García era un adicto que estuvo en el lugar equivocado, mientras que de Salgado se sabe que, pese a que no tiene antecedentes policiales, sí pertenece a la banda de Guiselle.

Con estas muertes, el clan, liderado por Calderón Barrantes quedó “levemente descabezado”, pero eso no significa tranquilidad para la Policía. Todo lo contrario.

Los Diablos intentarán mostrar su poderío en la zona para adueñarse completamente y las autoridades presumen que también otras organizaciones podrían querer apropiarse de ese terreno.

Colaboró el periodista Carlos Arguedas