
El Tribunal Penal de Heredia condenó este jueves a Álvaro Padilla Palma por el femicidio de su expareja Carolina Mora González, de 38 años, cuyo cuerpo fue localizado el 31 de diciembre de 2024 en el Parque Ecológico La Fuente, en el límite entre San Antonio de Belén y San Rafael de Alajuela.
Los jueces a cargo del debate acogieron la petición de la Fiscalía de San Joaquín de Flores, que había solicitado una sentencia total de 60 años de prisión: 35 años por el femicidio, 20 años por nueve delitos informáticos y cinco años por tenencia de imágenes de abuso sexual infantil.
Sin embargo, cuando quede en firme la resolución, la pena se readaptará a 50 años, que es el periodo máximo de prisión que puede cumplir una persona en Costa Rica.
Según la acusación presentada por el Ministerio Público, Padilla, quien era expareja sentimental de Carolina y padre de uno de sus hijos, la habría citado el 30 de diciembre de 2024 bajo el supuesto propósito de comprar un regalo para el niño que ambos tenían en común. La Fiscalía sostuvo durante el juicio que ese encuentro fue utilizado como un ardid para asesinarla.
La investigación del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) permitió ubicar a Padilla, de 33 años, como la última persona que estuvo con Carolina antes de su muerte. Las cámaras de seguridad fueron uno de los elementos utilizados por la Fiscalía para establecer la secuencia de los hechos y ubicar al acusado durante el periodo relevante para la investigación.

A esto se sumaron pericias forenses que, según explicó durante las conclusiones la fiscala Melissa Román Quesada, permitieron establecer una ventana de tiempo para la muerte de Carolina. Ese periodo coincidió con el lapso en que las cámaras no registraron a Padilla en el lugar donde posteriormente fue localizado el cuerpo.
La Fiscalía también presentó como evidencia unos zapatos atribuidos al acusado, que fueron encontrados escondidos y mojados dentro de su vivienda y que presentaban manchas de sangre.
Además, durante una reinspección del sitio donde apareció el cuerpo, fueron localizados una piedra y un trozo de madera que, según la hipótesis acusatoria, habrían sido utilizados para agredir a la víctima.
La fiscala también cuestionó la conducta de Padilla durante el debate y afirmó que había mostrado “un total desprecio hacia la vida de Carolina”.

La Fiscalía señaló además que el sujeto se apoderó de ¢200.000 que Carolina llevaba en un bolso y de una tarjeta bancaria que habría sido utilizada para realizar compras de videojuegos en línea. Estos hechos formaron parte de la acusación por los delitos informáticos.
Argumentos no acogidos
La defensa, encabezada por el abogado Jonathan Sancho, había pedido la absolutoria del acusado bajo el principio in dubio pro reo. El defensor cuestionó, entre otros aspectos, que Padilla fuera responsable de las compras efectuadas por Internet y señaló a un hermano de Carolina como posible responsable de esas transacciones, que presuntamente se realizaron desde una tableta.
Sancho sostuvo además que la investigación debía haber considerado elementos que pudieran favorecer al acusado y afirmó que la Fiscalía no logró demostrar su responsabilidad más allá de toda duda.
El Ministerio Público también solicitó que se abriera una causa contra la madre de Padilla por el delito de favorecimiento real, al considerar que habría ocultado evidencia relevante para la investigación del femicidio.
Una mamá trabajadora
El femicidio de Carolina dejó a una familia sin su hija y su hermana y a un niño de cinco años sin su mamá.
Rolando Mora, hermano de la fallecida, la recordó en enero del 2025 como una mujer trabajadora y sin malicia, que confió en su expareja cuando la citó aquel 30 de diciembre.
Según relató, en la publicación de aquella época, el hoy sentenciado había reconocido al hijo que habían procreado, pero era un padre ausente, que nunca asumió la responsabilidad económica de la crianza.
Desde entonces, la familia sospechaba que el hombre estaba enojado porque no le permitían convivir con el pequeñito. Rolando explicó que esta decisión se basaba en la irresponsabilidad de Padilla en la manutención y en el hecho de que, supuestamente, vendía contenido de índole sexual, una situación que generaba gran preocupación en la familia.
El día que Carolina desapareció, su hermano se mantuvo en contacto por teléfono con ella, pero la última comunicación lo dejó preocupado. Ella le respondió nerviosa y apurada y le dijo que ya casi regresaba a la casa, pero eso nunca ocurrió.
A las 6 p. m. cuando comenzaba el turno de Carolina en la cocina de Cinépolis, en Terrazas de Lindora, Santa Ana, donde había trabajado durante nueve años, ella estuvo ausente. En ese momento, sus familiares confirmaron que algo grave le había ocurrido.
