Eillyn Jiménez B.. 2 septiembre
Iliana Barrantes, de 44 años, y su hijo Josué Campos, de 9, comparten más tiempo juntos debido a la recuperación de ella, quien sufrió la amputación de la pierna derecha después de que un vehículo los atropellara en el KFC de Moravia. Foto: Albert Marín
Iliana Barrantes, de 44 años, y su hijo Josué Campos, de 9, comparten más tiempo juntos debido a la recuperación de ella, quien sufrió la amputación de la pierna derecha después de que un vehículo los atropellara en el KFC de Moravia. Foto: Albert Marín

“Yo pienso que en este país la ley de tránsito debería tener un tope en la edad para manejar, porque el señor que nos atropelló es muy mayor y, regularmente, las capacidades mentales y físicas no son las mismas”.

De esa forma, Iliana Barrantes Madrigal, de 44 años, alzó la voz y pidió a las autoridades modificar la legislación para evitar que adultos mayores conduzcan.

Ella, su hijo y su compañero sentimental fueron atropellados el viernes 7 de diciembre del 2018, cuando comían en el restaurante KFC de Plaza Los Colegios, en Moravia, San José.

El responsable del percance es un hombre de apellidos Schmith Jarquín, quien en la actualidad tiene 86 años y enfrenta una investigación por el delito de lesiones culposas dentro del expediente 18-925-619-PE, confirmó la Fiscalía.

El hombre, quien viajaba con su esposa en un Suzuki Sx4, le manifestó en aquel momento a un oficial de Tránsito, que otro vehículo se atravesó y que el carro que conducía se le aceleró y no pudo controlarlo.

Como consecuencia del accidente, a Barrantes le amputaron la pierna derecha y en el tobillo izquierdo sufrió una fractura.

Su pareja, Gustavo Campos Córdoba, de 48 años, también tuvo una fractura, mientras que su hijo, Josué Campos Barrantes (9), fue operado para extraerle algunos vidrios que se le incrustaron en el abdomen.

Ocho meses después del accidente, Barrantes conversó con La Nación y contó cómo ha logrado salir adelante con apoyo de su familia y su fe en Dios.

Ella aseguró que con el proceso penal, más que una remuneración económica, espera que se analice un cambio en la ley. Sin embargo, Germán Marín, director de la Policía de Tránsito, y David Hernández, abogado y exjuez penal, consideran que una variación de ese tipo sería inconstitucional y discriminatoria.

El jerarca de Tránsito explicó que la única forma de restringir una licencia es mediante el dictamen médico, cuando se detecta algún problema de salud que pone en riesgo la vida del conductor y otras personas que transiten en carretera.

“Es el médico el que dice legalmente que alguien está incapacitado físicamente para manejar, dependemos del criterio de salud, porque si no, sería un tema restrictivo, discriminatorio”, afirmó Marín.

Pese a eso, reconoció que, al transitar, cada persona debe valorar sus capacidades, ya que entra en juego un tema de responsabilidad que no es delegable. “Hay una responsabilidad que no puede evitar el conductor, por lo que debe hacerse responsable de lo que cometa”, mencionó Marín.

Con él coincide Hernández, quien expresó que una ley restrictiva para un adulto mayor podría ser “inconstitucional, porque limitaría la libertad de tránsito y el disfrute de la propiedad privada”.

“El límite por edad no sería viable, debe ser un criterio médico el que indique que nuestras capacidades motoras, visuales o auditivas están bien para reaccionar ante una eventualidad”, mencionó Hernández.

Barrantes ha aprendido a hacer los quehaceres del hogar sin problema. Foto: Albert Marín
Barrantes ha aprendido a hacer los quehaceres del hogar sin problema. Foto: Albert Marín
‘La discapacidad está en la mente’

Mientras avanza el proceso legal, Iliana Barrantes se enfoca en su recuperación, no solo física, sino también mental.

Para ella lo vital en este proceso ha sido entender que el perder una pierna no la hace otra persona y asegura que luego de vivir el duelo propio y de valorar el apoyo de su familia, ha ido saliendo adelante.

“Una va viendo que todo es fuerza de voluntad, que todo lo que se quiera se va a lograr, porque la discapacidad en realidad está en la mente”, aseveró esta secretaria de Enfermería del Hospital Calderón Guardia.

Después del accidente, ella estuvo un mes internada y, posteriormente, su familia le ayudó.

Considera que lo más doloroso fue que no le amputaran la pierna desde la rodilla desde el inicio (sufrió dos amputaciones en la misma extremidad), ya que los lavados son complejos, pero poco a poco se repuso a la situación.

“Hasta ahorita yo puedo decir que me siento bien, los primeros seis meses fueron complicados, pero después uno empieza a adaptarse. En la actualidad no he vuelto al trabajo, pero en la casa cocino, plancho, arreglo camas, lavo y tiendo, algunas cosas las hago en silla y otras con muletas, depende de si tengo que cargar cosas o si me puedo caer”, explicó Barrantes.

Para ella, lo más difícil fue aceptar que para algunas actividades requería ayuda, pero con las terapias ha ido fortaleciendo la pierna izquierda.

“No es fácil, uno tiene que agarrarse mucho de Dios y fortalecerse con el apoyo de la familia. Ahora estoy en mi proceso de recuperación, esperando que ya sea el momento de contar con una prótesis, ya que en ese momento se comienza con un periodo de adaptación”, contó.

Barrantes espera volver al trabajo en el 2020, pero mientras eso pasa, aprovecha cada minuto con Josué, su hijo, a quien describe como un niño maduro, inteligente y colaborador.

Instinto de madre

Del día del accidente, Barrantes recuerda que antes de perder la consciencia llamó a dos de sus hermanas, para que ellas se encargaran del cuido de su hijo, ya que ella sabía que la amputación era casi un hecho.

“Nosotros nos sentamos hacia el ventanal, no vimos que el carro venía, sino la luz donde impactó, yo me puse de lado para cubrir a mi hijo, pero en esos momentos todo se ve como en las películas, en cámara lenta.

“Después de llamar a mis hermanas, le dije al cruzrojista que yo trabajaba en el Calderón Guardia, adonde me iban a llevar, y volví a despertar hasta el sábado a las 5 p. m.”, detalló.

La mujer contó que, regularmente, los viernes ella y su familia iban al supermercado a comprar la comida y después pasaban a comer.

Ese día iban a disfrutar de hamburguesas, pero el restaurante estaba lleno y, por eso decidieron ir a comer pollo frito.

“Son cosas que suceden, uno jamás espera que un carro se meta a un restaurante”, afirmó.

De momento, no han vuelto a ese local y, por ahora, de las compras se encarga Gustavo, su compañero sentimental.

En la casa modificaron el baño para que ella tuviese más facilidad y comentó que con Schmith no han tenido contacto en ningún momento.