Encontrar frambuesas frescas en un supermercado, y por cierto, cosechadas pocas horas antes en tierras ticas, cerquita del coloso Irazú, era misión imposible.
Las encontramos silvestres si caminamos a las orillas de una vereda cerca de las frías montañas, pero ese día es de suerte… Esto representa un regalo de los dioses, para nuestra vista y para el paladar.
Sin embargo, gracias al empeño de una empresa costarricense, y en particular al deseo y trabajo tesonero de una joven ingeniera agrónoma, desde inicios de este año en las cámaras frías de algunos supermercados costarricenses lucen las bandejas con esta fruta, cuyo origen es europeo, donde la cultura de su cultivo y su consumo son cotidianos.
El frambueso, cuya fruta es la frambuesa y que recibe el nombre científico de Rubus idaeus, tiene su origen más específico en Grecia, cultivo que luego se extendió a Italia, a los Países Bajos, a Inglaterra, así como a otras latitudes europeas y luego a América del Norte.

Para Melania Alfaro Mora, quien creció en medio de muchas hectáreas de flores, las cuales su familia exporta directamente a varios puntos de los Estados Unidos, la fruta preferida es la frambuesa, la que solo consumía cuando salía del país.
Hace más de tres años, su sueño de consumir esta fruta aterciopelada y conocida desde la antigüedad, empezó a tener forma.
Investigó y tras muchos trámites del país, obtuvo el visto bueno para importar las primeras raíces de frambueso, que luego dieron origen a lo que es hoy el primer cultivo en Centroamérica. No fue nada sencillo que su pedido llegase al país, sobre todo por las múltiples exigencias del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y de otras instituciones gubernamentales, pero al final se logró.
Tampoco ha sido fácil aprender a cultivar y a procesar esta delicada fruta. Es un proceso de alta dificultad, que ella y su equipo han aprendido a manejar con profesionalidad y destreza.
Mientras Melania desprendía de las matas, enormes y rojas frambuesas, al igual que nosotros, pues la tentación nos venció, nos contó el porqué de este proyecto, que lo cuida como su más atesorado emprendimiento.
Enfatiza que la frambuesa es su fruta preferida y, por eso, a mediados del 2014 se aventuraron con esta iniciativa. La plantación se ubica bajo una enorme estructura techada con una extensión de 3 mil metros cuadrados. Apenas estaban sembrando las primeras raíces y ya la producción estaba prácticamente vendida en su totalidad, comenta orgullosa del proyecto, que requiere un cuidado 24/7.
Los supermercados, varios chefs y amantes de esta fruta, apenas se dieron cuenta, le hicieron los pedidos. Recuerda que antes de colocarlas en supermercados, su mamá, se llevaba algunas bandejas y las vendía en Curridabat como pan caliente.
Y hablando de cómo llegaron las primera plantas, se logró conseguir una cantidad limitada, con un productor de los Estados Unidos, para este proyecto piloto, que ya hoy echó literalmente raíces y camina con mucha soltura. Por motivos de confidencialidad no se pueden publicar las variedades de las plantas, pero lo importante es que ya los ticos podemos darnos el lujo de ir a un supermercado y saborearlas en casa recién cosechadas.
El material vegetativo llegó al país congelado y para sacarlo de aduanas fue toda una odisea. Un vez en sus manos, se inició el cultivo en terrenos que ya tenía preparados Melania con anticipación.
Cultivo de los frambuesos
Los pequeños brotes se convirtieron en frondosos arbustos seis meses después, requiriendo de numerosos cuidados. Entre estas atenciones se incluye el suelo arenoso y permeable, el riego dosificado, una fertilización balanceada y la aplicación de sustancias no-tóxicas amigables con el ambiente, para combatir plagas y enfermedades. Un ejemplo de esto es la fumigación a base de canela.
Debido a la gran demanda de la fruta, se desea ampliar el área de cultivo. Esto dependerá de las licencias que autorice la empresa propietaria de la variedad. Este tipo de frambuesas son originarias de España y producen a lo largo de todo el año, gracias al manejo de la plantación y el clima de la zona.
Con guantes de seda
Literalmente, las frambuesas deben tratarse con guantes de seda, ya que es una fruta que requiere mucho cuidado. La cosecha es manual y cada fruta por su estructura interna, que es hueca y delgada, se desprende suavemente. Se colocan en bandejas con una servilleta especial en el fondo y estas se trasladan a un centro de acopio inmediatamente.
Las bandejas no deben estar por más de dos horas sin ser colocadas en un cuarto frío con una temperatura de 2ºC antes de llevarlas a los puntos de venta, esto con la idea de que al consumidor final le llegue fresca y en perfectas condiciones.

Polinización
Procurando una mayor productividad, se utilizan abejorros que se encargan de polinizar las flores. Estos son traídos de Canadá, pero también ellos reciben la ayuda de abejas locales que llegan al enorme invernadero. Los abejorros, explica Melania, prefieren hacer su trabajo cuando hay más temperatura, es decir, no les gusta salir de su colmena cuando el ambiente es frío. Una vez que ellos se posan en cada flor por unos dos segundos, regresan de nuevo a su casa.
El clima ideal de la frambuesa oscila entre los 25 y 30 grados centígrados en el día y en la noche o madrugada entre los 15 y los 20. El día de nuestra visita, el termómetro marcaba más abajo de esto, pues el país estaba bajo la influencia de un frente frío, pero esto no fue obstáculo para disfrutar las frambuesas en cada paso que dábamos por el proyecto.