
Hay personas que llegan a una profesión porque siempre soñaron con ella y otras que, sin buscarlo, terminan encontrando en su propia historia el camino que estaban destinadas a recorrer. En el caso de Natalia Segura, la nutrición apareció justo en uno de los momentos más difíciles de su vida, cuando el sobrepeso, la ansiedad y la tristeza parecían haber tomado el control.
Hoy muchos la conocen por sus redes sociales, por su enfoque en salud metabólica y por la cercanía con la que habla de alimentación. Pero detrás de la nutricionista hay una mujer sensible, intensa, profundamente empática y convencida de que nadie debería sentirse culpable por comer.
Dinámica, sensible y apasionada por ser mamá
Fuera del consultorio, Natalia se describe primero como mamá. Su hijo Tomás, de apenas dos años y medio, es el centro de su vida y también una de sus mayores motivaciones. Habla de él con una mezcla de amor, orgullo y emoción que deja claro que la maternidad transformó muchas de sus prioridades.
La niña que luchaba en silencio con la ansiedad
Sin embargo, detrás de esa mujer segura y sonriente hubo una adolescente que sufrió muchísimo con su relación con la comida.
Natalia cuenta que desde pequeña fue diagnosticada con déficit atencional severo. Con el tiempo entendió algo que marcaría profundamente su vida: muchas personas con déficit atencional buscan autorregularse emocionalmente a través de la comida. Y eso fue exactamente lo que le ocurrió.
A partir de los 10 u 11 años comenzó a subir de peso de forma importante. La ansiedad era constante y difícil de explicar. Mientras veía a su mamá y a su hermana naturalmente delgadas, ella empezaba a enfrentarse a un cuerpo que sentía ajeno y a una tristeza que crecía silenciosamente.
Aunque asegura que no sufrió bullying de forma directa, sí vivió una adolescencia complicada emocionalmente. La necesidad de bajar de peso la llevó a tomar decisiones poco saludables: dejó de comer durante largos periodos, vivió episodios de atracones y comenzó a desarrollar una relación muy dolorosa con la alimentación.
Más adelante, durante una etapa en Estados Unidos, aumentó cerca de 40 o 50 kilos en apenas un año. Ese momento se convirtió en un punto de quiebre emocional. Natalia recuerda regresar a Costa Rica y sentir que incluso su propia mamá casi no la reconocía.
“Me dolían las rodillas, me sentía mal y entré en una tristeza muy profunda”, recuerda.
El momento en que decidió cambiar su vida
Lo más interesante de su historia es que el cambio no llegó desde la obsesión ni desde las dietas extremas. Llegó desde una decisión mucho más profunda.

Natalia recuerda perfectamente el día en que entendió que tenía dos caminos: resignarse o empezar a hacer cambios reales desde el amor propio. Y eligió el segundo.
Comenzó a leer, a informarse, a entender cómo funcionaba su cuerpo y a tomar pequeñas decisiones sostenibles. Redujo el azúcar, empezó a caminar, aprendió a comer con consciencia y a escuchar su cuerpo. Todo esto mientras lidiaba con un déficit atencional importante y sin medicación.
Poco a poco los resultados aparecieron. Primero fueron tres kilos, luego más. Pero más allá del peso, lo que cambió fue su relación con la comida.
Descubrió que no necesitaba eliminar el gallo pinto, el pan, las tortillas o las galletas que disfrutaba. Lo que necesitaba era aprender equilibrio.
“Yo entendí que podía comer de todo, solo que en cantidades distintas y tomando decisiones más inteligentes”, explica.
Así logró bajar alrededor de 40 kilos de forma saludable y sostenible, entendiendo además que el bienestar no es una meta perfecta, sino un proceso constante.
Una nutricionista que entiende desde la experiencia
Fue justamente en medio de ese proceso cuando Natalia descubrió que quería estudiar nutrición. Después de vivir una experiencia poco positiva como paciente, tomó una decisión que cambiaría su rumbo profesional: quería ayudar a las personas desde un lugar mucho más humano.
Y eso es precisamente lo que hoy define su trabajo.
Desde el inicio de su carrera sintió una conexión especial con sus pacientes porque entendía exactamente lo que muchos estaban viviendo. La ansiedad, la frustración, el cansancio emocional, el sentimiento de fracaso después de intentar mil dietas… todo eso ella también lo había sentido.
Por eso su consulta está muy lejos de ser un espacio frío o lleno de restricciones. Natalia intenta construir relaciones de confianza, seguridad y acompañamiento genuino.
“Aquí la gente siente que puede hablar, que está en un lugar seguro”, dice.
Muchas veces sus pacientes le dicen que sienten que tienen una nutricionista, pero también una consejera, una persona que escucha y acompaña sin juzgar.
Más allá del “metabolismo lento”
En redes sociales, Natalia se ha posicionado especialmente hablando sobre salud metabólica. Pero lejos de repetir frases de moda, lo que busca es educar.
Uno de los temas que más intenta desmontar es la idea simplista del “metabolismo lento”. Para ella, muchas personas utilizan ese término sin comprender realmente todo lo que implica el metabolismo y los múltiples factores que pueden afectarlo.
Desde la microbiota intestinal hasta el estrés, el cortisol, el sueño, las hormonas y los hábitos diarios, Natalia insiste en que la pérdida de grasa y el bienestar no dependen únicamente de comer menos.
El problema de los extremos
Si hay algo que Natalia repite constantemente es que el principal error de quienes intentan comer saludable es caer en los extremos.
Para ella, el famoso “todo o nada” es uno de los mayores enemigos de una relación sana con la comida. Esa mentalidad que obliga a hacerlo perfecto o abandonarlo todo apenas aparece un tropiezo.
Por eso insiste tanto en el equilibrio. En aprender a disfrutar una cena, un postre o una copa de vino sin culpa, entendiendo que un momento específico no define todo un proceso.
Natalia cree profundamente en la flexibilidad y en la sostenibilidad. En aprender a tomar mejores decisiones incluso en los días imperfectos.
Una consulta basada en empatía
Tal vez la mayor diferencia en el enfoque de Natalia Segura no está únicamente en sus conocimientos sobre metabolismo o nutrición clínica, sino en la manera en que conecta con las personas.
Su experiencia personal le permitió desarrollar una sensibilidad distinta. No habla desde la teoría únicamente, sino desde lo vivido.

Natalia evita los discursos castigadores, las restricciones extremas y las promesas irreales. Prefiere enfocarse en acompañar, educar y ayudar a que las personas entiendan que cuidar su salud no debería sentirse como una tortura.
