¿Cuál es la diferencia entre un paro cardíaco repentino y un ataque cardíaco? Aunque ambos representan emergencias médicas graves, no ocurren de la misma manera ni responden a las mismas causas.

El paro cardíaco repentino sucede cuando el corazón deja de latir de forma efectiva, generalmente a causa de una arritmia fatal. Puede ocurrir de manera inesperada, incluso mientras la persona realiza actividad física. Al interrumpirse el bombeo de sangre, el cerebro deja de recibir oxígeno y se produce el colapso.
El ataque cardíaco, en cambio, ocurre cuando una arteria se bloquea y se impide el flujo de sangre hacia el músculo cardíaco. En estos casos, las personas suelen experimentar dolor en el pecho o dificultad para respirar. Un ataque cardíaco puede, en algunas situaciones, desencadenar un paro cardíaco repentino debido a la irritación del músculo por la falta de oxígeno.
Según explica el Dr. Brian Shapiro, especialista en medicina cardiovascular de Mayo Clinic, el paro cardíaco repentino es poco frecuente en la población general, pero el riesgo varía según la edad y las condiciones médicas subyacentes.
Edad y estilo de vida
Antes de los 35 años, es más común que el paro cardíaco esté asociado a una miocardiopatía, es decir, a un músculo cardíaco anormal. La más frecuente es la miocardiopatía hipertrófica, en la que el músculo del corazón se engrosa en ciertas zonas y se vuelve más propenso a arritmias. Esta condición puede afectar a atletas jóvenes y se estima que ocurre en aproximadamente una de cada 500 personas.
Después de los 35 años, la principal preocupación pasa a ser la enfermedad de las arterias coronarias y el riesgo de ataque cardíaco. Factores como hipertensión, diabetes, tabaquismo, antecedentes familiares y colesterol elevado pueden favorecer la formación de placas en las arterias. Si estas se rompen, el flujo sanguíneo se interrumpe y pueden aparecer latidos cardíacos anormales.
El estilo de vida también influye. Las personas sedentarias pueden presentar un mayor riesgo, pero los atletas de resistencia, como maratonistas o triatletas, también ejercen una alta demanda sobre el corazón y requieren controles más cuidadosos. En estos casos, la historia familiar de paro cardíaco repentino es un dato clave durante la evaluación médica.

El ejercicio sigue siendo fundamental para la salud general y mental, pero debe practicarse de forma segura. En personas con antecedentes cardíacos, los planes de actividad física se adaptan para mantener el esfuerzo dentro de rangos seguros, incluso ajustando la intensidad y la frecuencia cardíaca.
Durante los controles médicos, los especialistas pueden detectar señales de alerta mediante el examen físico, electrocardiogramas, radiografías de tórax o pruebas de esfuerzo cardiopulmonar, que permiten identificar alteraciones sutiles en el corazón o los pulmones.
Los expertos recomiendan prestar atención a síntomas como dificultad para respirar con esfuerzos leves, opresión en el pecho, mareos o desmayos. Ante estas señales, es necesario realizar evaluaciones adicionales antes de retomar la actividad física.
El objetivo, coinciden los especialistas, no es dejar de hacer ejercicio ni abandonar actividades cotidianas, sino encontrar la forma de realizarlas con seguridad, según el riesgo y la condición de cada persona.
El paro cardíaco repentino es poco frecuente, pero el riesgo varía según la edad, la condición del corazón y los antecedentes familiares, explica el Dr. Brian Shapiro, especialista en medicina cardiovascular de Mayo Clinic.
