Durante años, un título universitario, la experiencia acumulada y una buena hoja de vida fueron las principales cartas de presentación para buscar empleo. Hoy siguen teniendo valor, pero ya no cuentan toda la historia. Las empresas quieren saber algo más concreto: ¿qué sabe hacer una persona y cómo puede demostrarlo?

La transformación tecnológica, el crecimiento de la inteligencia artificial (IA) y la velocidad con la que cambian las necesidades de las organizaciones están modificando los perfiles profesionales. Para Dorota Zawistowska, directora de Universidades y Gobierno de Enterprise para América Latina de Coursera, esto obliga a pensar la empleabilidad como un proceso que continúa mucho después de terminar la universidad.
“Hoy no basta con decir qué estudiaste o qué puestos has ocupado. Cada vez es más importante poder demostrar qué sabes hacer, qué habilidades tenés hoy y qué tan preparado estás para seguir aprendiendo”, explica.
La especialista recomienda prestar atención a tres aspectos: identificar cuáles habilidades están cambiando dentro de nuestra profesión, desarrollar competencias que complementen la experiencia - especialmente en áreas digitales, inteligencia artificial y datos - y aprender a demostrar cómo utilizamos esos conocimientos para resolver problemas reales.
El título sigue importando, pero necesita compañía
Este cambio no significa que la formación universitaria haya perdido relevancia. Por el contrario, Zawistowska señala que constituye una base fundamental sobre la cual construir una carrera profesional. La diferencia está en que esa formación necesita actualizarse continuamente.
Ahí aparecen las certificaciones y microcredenciales como herramientas para evidenciar conocimientos específicos. Según el Reporte de Impacto Global 2025 de Coursera citado por Zawistowska, el 96% de los empleadores consultados considera que las microcredenciales fortalecen el perfil de un candidato, mientras nueve de cada diez estarían dispuestos a ofrecer un salario inicial más alto a personas que cuentan con ellas.
El mensaje, sin embargo, no es acumular certificados. Su verdadero peso está en que sean relevantes para la profesión y permitan demostrar competencias que una organización necesita.
Tecnología sí, pero también habilidades humanas
Saber utilizar inteligencia artificial, comprender datos y manejar herramientas digitales gana terreno, pero existe otra cara de la empleabilidad que no debe descuidarse: las habilidades humanas.
Comunicación, liderazgo, colaboración, pensamiento crítico, resolución de problemas y capacidad para tomar decisiones continúan siendo fundamentales. Incluso pueden adquirir mayor importancia conforme la IA automatice determinadas tareas.
“No debemos elegir entre habilidades tecnológicas y humanas. El perfil más preparado para el futuro es el que puede combinar ambas”, señala Zawistowska.
A esa combinación se suma una competencia transversal: la adaptabilidad. No se trata simplemente de aceptar que las cosas cambian, sino de identificar qué está transformándose en nuestra profesión, reconocer que necesitamos aprender y actuar antes de que nuestros conocimientos pierdan vigencia.
Aprender un poco, pero aprender siempre
¿Cómo mantenerse actualizado cuando el trabajo y las responsabilidades cotidianas consumen buena parte del día? La respuesta puede estar en cambiar la idea de que aprender requiere necesariamente largas jornadas de estudio.

Zawistowska propone incorporar el lifelong learning - aprendizaje a lo largo de la vida - y el microaprendizaje a la rutina. Incluso 30 minutos diarios pueden convertirse en un espacio para desarrollar una habilidad, estudiar un idioma, conocer una herramienta o profundizar en un tema profesional.
La tecnología facilita ese proceso: hoy es posible escuchar una lección mientras se viaja al trabajo, estudiar desde el teléfono o aprovechar pequeños espacios del día para avanzar en una capacitación.
Resulta difícil saber cuáles herramientas utilizaremos dentro de cinco años, pero la ventaja no es dominar lo que existe hoy, sino mantener la curiosidad, aprender continuamente y tener la capacidad de demostrar qué podemos hacer con ese conocimiento.
Porque el currículum todavía importa, pero cada vez dice menos por sí solo. El verdadero diferencial está en lo que una persona sabe hacer hoy y, especialmente, en su capacidad para seguir aprendiendo mañana.