oHe pecado. Aún no he logrado clonarme y no me fue posible ir al segundo día -y primer día de pasarelas- del Mercesdes Benz Fashion Week. Por fortuna, conté con una emisaria a la altura que nos trajó todos los detalles de la noche: Cristina Mora Jiliuta, redactora de la revista Perfil.

Lo sobrio. Cinthia Monge abrió la segunda noche del MBFWSJ2016 con fuerza. Su "Recorrido desigual" mezcló memorias de su vida en San José y sus vivencias en Nueva York y en 18 looks mostró piezas estructuradas, de cortes rectos y de tonos sobrios, con una que otra sorpresa que fusionó colores tropicales y prints florales.
Lo básico. Benetton sacó a relucir a la pasarela sus características piezas vibrantes. En esta colección, el color azul fue protagonista. La marca mostró piezas que son un must have y pueden ser utilizadas desde Milán hasta San José pues la marca de las mil caras se encargó de aterrizar sus diseños para el contexto de cualquier ciudad.
Lo rompedor. Que un copero inaugure una colección en el evento de la moda más importante de la región desbalancea. Sin embargo, la diseñadora nacional Marcelle Desanti logró que el desbalance fuera una alegre inyección de energía con los looks de su colección "Frío de verano" en la que las modelos recorrían el runway bailando al son del Chiqui-Chiqui. Unas con más gracia que otras, claro está. Las sonrisas en los rostros de espectadores, medios y modelos mostraron que está bien arriesgarse y romper el molde. Inspirada en el caribe costarricense y en el sabor de los antojos dulces del verano, Desanti mostró uso análogo del color, estampados desaforados y cortes dignos de admirar en vestidos de baño, abrigos y vestidos de fiesta que se contoneaban al son del ritmo caribeño.
Lo Bond. Fabrizzio Berrocal inyectó actitud rockanrolera en la pasarela. Su colección Atardecer se inspiró en el creador de agente más famoso de la tierra, 007: el autor inglés Ian Fleming. Trajes en colores neutros y cortes limpios y estructurados caracterizaron la propuesta para el hombre actual que ofreció el maestro de la sastrería masculina. Los zapatos del costarricense Daniel del Barco calzaron las propuestas. En total, presentó más de 75 piezas entre trajes, sacos, bolsos y accesorios, en tonos propios de la temporada lluviosa: negros, azules, ocres y naranjas.
Lo ligero. Con modelos que parecían flotar en la pasarela, la firma estadounidense Hale Bob transportó a la audiencia a la época de los años 70. El estilo boho chic y los estampados detalladísimos de Daniel Bohbot se complementaron con telas vaporosas y tonos veraniegos, en una rítmica propuesta de diseños que resaltan la feminidad moderna.
Lo intenso. Mancandy rompió el ritmo calmo que trajeron las dos colecciones que le antecedieron en el runway y sus piezas inyectaron actitud urbana. El mexicano Andrés Jiménez es conocido por su celebración de la creatividad y de la individualidad de las personalidades. Cortes asimétricos, prints inusuales y telas rotas marcaron la pauta en sus diseños arriesgados, dignos de ser vestidos por quienes pueden opacar al mundo con su personalidad.
Lo espectacular. Después de Mancandy llegó el eye candy. Saúl E. Méndez es sin duda un espectáculo. Los modelos internacionales que la marca trajo para el desfile causaron revuelo y así lo hicieron también las piezas. La calidad y limpieza de quien lleva años en el negocio de la moda se vieron reflejadas en las piezas de pasarela. Juegos de grises, bolas y puntos y las características rayas de Saúl fueron protagonistas. La simpática incorporación de las modelos nacionales Natasha Flemming y Ekaterina S. Skliar, fundadoras de la agencia IMM.