Soy feminista y recientemente me di cuenta que admitir eso, al parecer, representa un problema. Gran parte de la aversión que genera esa palabra surge del desconocimiento, ese desconocimiento tan abundante en plena era de la información: la ignorancia por pereza.
Bastaría con buscar en Wikipedia una definición de feminismo para darse cuenta de que todo aquel que busque la igualdad de derechos entre hombres y mujeres es feminista, de que cuestionar la violencia hacia la mujer es feminismo. Y no, ser feminista no es lo contrario a ser machista ni es una posición "extrema" anti-hombres o propia de lesbianas. Es mentira, además que el feminismo busca que las mujeres dominen sobre los hombres. Nunca ha sido así.
No obstante, he notado mucha gente que recurre a "curarse en salud". Así lo hizo Katy Perry cuando, al recibir un premio Billboard, afirmó que "no soy una feminista, pero creo en la fuerza de las mujeres". Otra que se declaró "antifeminista" fue la cantante Taylor Swift cuando aseguró que "No me planteo las cosas en plan chicas contra chicos. Nunca lo he hecho. Me criaron unos padres que me decían que si trabajo tan duro como los hombres, puedo llegar igual de lejos".
Al parecer, la gente cree que ser feminista implica ser "antihombres" o que ser feminista es lo contrario a ser machista. La distinción no se aclara porque la comunicación y la publicidad muchas veces juegan con esa visión simplista de los términos. Un ejemplo recientes es el anuncio de la marca salvadoreña de zapatos MD de la campaña "antifeministas cuando nos conviene".
"Las mujeres somos feministas... hasta que nuestros zapatos corren peligro", dice una locución mientras, en la imagen, una mujer se detiene frente a un charco y ve con cara pícara a su pareja suplicando "ayuda".
Simplemente no: no hay relación entre aceptar una cortesía y ser antifeminista y, más importante aún, ser feminista es aspirar o creer en la igualdad de oportunidades y condiciones para hombres y mujeres. Así de simple, si usted anhela un país donde las mujeres no ganen un 27% menos que los hombres o un sistema efectivo para denunciar la violencia a la que nos exponemos las mujeres al salir a la calle cada día, es feminista.
Si usted, se alegra con la idea de que el Primer Ministro de Canadá (Justin Trudeau) elija un parlamento totalmente equitativo por primera vez en la historia y se indigna con cada vez que ocultan un feminicidio bajo el término "crimen pasional", es feminista.
¿Y por qué es importante ser claros con el término? Porque cada vez que elegimos autodenominarnos feministas y no "que buscamos la igualdad" le agregamos nuevas facetas al término, lo despojamos de los estereotipos que lo han rodeado y, al mismo tiempo, ampliamos el panorama de lo que significa ser una mujer libre, plena, que vive sin miedo.