
Hay diseñadores con una estética reconocible. En el caso de Andrea Kader, también hay una manera particular de mirar los materiales.
Desde sus primeras colecciones, Kader construyó una identidad alrededor del upcycling: tomar prendas, telas y retazos y convertirlos en algo nuevo. No es solamente una decisión ambiental. En su trabajo, reutilizar también es una forma de diseñar.

Por eso, cuando el hotel W Costa Rica le propuso trabajar con algunos materiales que el hotel ya no utilizaba, la respuesta parecía casi natural.
Eran pequeños paños de rostro.
Para cualquiera podían ser textiles que habían llegado al final de su vida útil. Para Kader fueron el punto de partida de un nuevo objeto: pequeños bolsos para llevar a la playa los lentes, el bloqueador, una botella de agua o aquello que se necesita tener a mano durante el día.

Los paños determinaron incluso el tamaño de la pieza. Kader los combinó con tela de paño y utilizó la técnica de patchwork, dejando algunos detalles visibles que permiten reconocer el material que alguna vez estuvo en las habitaciones del hotel.
La idea no era esconder su origen, sino convertirlo en parte del diseño.
“Que se viera un poquito de dónde viene”, explica.

El resultado se presentó durante la edición de agosto del Night Market, el mercadito que W Costa Rica organiza una vez al mes para reunir a artesanos y creadores, principalmente de Guanacaste, y ofrecer a sus huéspedes una selección de productos hechos a mano.
Para esa ocasión, W Costa Rica invitó a Kader como diseñadora residente y el encuentro terminó convirtiéndose en una colaboración creativa.
La sostenibilidad como parte del diseño
La preocupación de Kader por aprovechar los materiales no es nueva. Viene de casa.

Sus padres le enseñaron desde niña a no desperdiciar: reutilizar una hoja, separar los residuos, aprovechar lo que ya se tiene.
Más adelante, cuando estudió y trabajó en Nueva York, esa educación se encontró con una industria que funcionaba en la dirección contraria.
Durante sus primeras experiencias laborales en compañías de moda, vio cómo se desechaban telas y materiales que todavía podían utilizarse. En una de sus pasantías incluso comenzó a llevarse a casa retazos que para la empresa eran basura.

Con esos sobrantes hizo trabajos para la universidad y empezó a entender que una parte importante del diseño podía estar precisamente en desarmar para volver a construir.
“Uno puede entender cómo está hecha una prenda descosiéndola y después rearmarla de una manera propia”, dice.
Esa mirada terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad de su marca.

Kader comenzó trabajando con piezas completamente únicas, confeccionadas a partir de materiales recuperados. Con el crecimiento de la marca entendió que ese modelo era difícil de sostener comercialmente: las piezas requerían mucho trabajo y no podían reproducirse de la misma manera.
Ahora explora otras posibilidades: textiles naturales, saldos de stock y, sobre todo, maneras de aprovechar hasta los pequeños sobrantes que quedan después de cortar una tela.
Un pedacito puede terminar convertido en un parche, un accesorio, un llavero o parte de un bolso.
Una colaboración que va más allá de un bolso
La experiencia con W Costa Rica también permitió a Kader conocer de cerca lo que ocurre detrás de la operación del hotel.

Durante su residencia creativa visitó la huerta, donde se cultivan alimentos y flores comestibles que llegan a los restaurantes, y conoció los procesos de reciclaje y compostaje.
Le llamó especialmente la atención descubrir cuánto del trabajo ocurre dentro de la misma propiedad: desde la germinación de plantas hasta el aprovechamiento de residuos para producir compost.
Para una diseñadora cuya carrera gira alrededor de encontrar nuevos usos para los materiales, la conexión era evidente.

“Creo que en cualquier tipo de industria uno puede hacer las cosas de manera consciente”, afirma.
Ese principio también atraviesa la propuesta del Night Market. Una vez al mes, W Costa Rica abre un espacio para que artesanos y emprendedores de la zona vendan directamente a los huéspedes.
Allí conviven propuestas muy distintas: accesorios para novias, sombreros intervenidos, libretas con ilustraciones originales, productos cosméticos elaborados a base de cacao y otras piezas artesanales.
La selección busca alejarse del souvenir producido en serie y acercar al visitante a objetos que tienen detrás una persona, una historia y muchas horas de trabajo.

Para los artesanos, además, significa tener acceso a un público que difícilmente encontrarían de otra manera.
Mixed Feelings: una nueva etapa
El Night Market también fue el escenario para presentar parte de Mixed Feelings, la colección más reciente de Andrea Kader.
La propuesta explora algo cotidiano: sentir varias emociones al mismo tiempo.
La colección comienza en una especie de calma visual, con blancos, off white y grises, y poco a poco incorpora color, parches, estampados y diferentes formas hasta llegar a prendas que representan ese momento en que todo parece ocurrir simultáneamente.
Es una colección sobre el caos de la vida contemporánea trasladado al lenguaje de la ropa.

Las telas de colores utilizadas son saldos provenientes de Corea del Sur. Como no se repiten, las piezas tampoco pueden producirse de manera idéntica.
La limitación se convierte en parte de la propuesta.
Mientras tanto, la diseñadora se prepara para otro paso importante: la apertura de su primera tienda física en Costa Rica, prevista para septiembre. También continúa ampliando su presencia internacional y ya vende su marca en Nueva York.
El crecimiento, sin embargo, no parece haber cambiado aquella idea presente desde sus primeras colecciones: la ropa no debería ser desechable.
Una costura se puede reparar. Una prenda puede ajustarse. Una tela puede transformarse.

Y, como acaba de demostrar con los paños del hotel, incluso aquello que parecía haber llegado al final de su recorrido puede convertirse en algo nuevo.
En manos de Kader, la sostenibilidad no funciona como un capítulo aparte de la moda. Es parte de su manera de mirar, diseñar y crear.
