
A finales del 2016, con motivo de inaugurar una nueva Sala de Exhibiciones Temporales, el Museo del Jade realizó una muestra titulada Conclusiones actuales sobre el arte originario (abierta de noviembre 2016 a febrero 2017). Los curadores, Luis Fernando Quirós y Rolando Castellón, invitaron a 14 artistas contemporáneos (por su trayectoria) a proponer, o situar, una obra que entrara en diálogo con las colecciones del museo, de modo que pudieran aportar una lectura desde el arte contemporáneo hacia las relaciones, conexiones, vínculos, interpretaciones o, como en mi caso personal, inquietudes acerca de los pueblos originarios y su herencia.
Mi primera reacción para tomar la invitación fue de duda, ya que consideraba que mi trabajo, en general, no presentaba siquiera una relación indirecta con los pueblos originarios; sin embargo, antes de declinar, pedí una semana para pensar acerca de la propuesta. En el fondo, me inquietaba la distancia que podía sentir respecto a la temática.
Mi experiencia desde las artes la he plasmado principalmente desde la fotografía y la gráfica, así que la imagen fotográfica se iba a mantener como el elemento común sobre el cual trabajaría una idea. Luego de varios días, la misma inquietud se mantuvo como eje constructor: pensar si como personas experimentamos un comportamiento distante de nuestros orígenes por una falta de conexión con nuestra historia y raíces, como una especie de falta de memoria, cuan lejano nos podemos sentir de las culturas originarias que habitaron nuestro país; esa sería una especie de “Conclusión Actual sobre el Arte Originario”: el desarraigo y el olvido que podemos experimentar, como sociedad, como conceptos a explorar.
Así fue como decidí proponer una reflexión en imágenes, planteando un ejercicio de investigación visual basado en la contraposición de registros fotográficos de archivo de lugares de hallazgos arqueológicos históricos, con imágenes de lo que existe en ese mismo lugar hoy en día y que a veces desconocemos.
Una investigación preliminar para aquel momento, de cinco a seis casos, buscaba excavaciones concentradas en lugares que no necesariamente asociamos con lo precolombino, sino zonas de paso y tránsito común (mall, carretera, urbanización, edificio, complejo hotelero, etc.); espacios habitados en la actualidad, de uso comercial, industrial, entre otros, en los cuales no tuviéramos idea de que allí, sobre ese mismo lugar, antes habitaron nuestras culturas primigenias.
El proyecto recurre a ese ejercicio visual de contraposición de registros fotográficos de archivo de hallazgos arqueológicos históricos, junto a imágenes de lo que existe hoy en ese mismo lugar.
La propuesta, titulada Memento, tuvo su primera fase de prueba en ese contexto, de una manera incipiente, para probar la reacción del visitante. Generó múltiples inquietudes alrededor de su objetivo esencial: ser un punto de reflexión sobre cómo preservamos o gestionamos nuestro pasado, viendo lo concerniente a los pueblos originarios como una segunda capa, un vestigio desconocido, en nuestros propios espacios de convivencia, trabajo y tránsito ya no asociados únicamente a la periferia del país.
De manera posterior, siguiendo tal razonamiento y metodología, decidí ampliar el ejercicio de investigación dedicándole una continuidad a la idea gestacional para convertirlo en un proyecto en desarrollo más amplio, con mayor documentación, más casos, fotografías e información complementaria para amarrar un corpus de 15 en total.
Memento pudo ser posible gracias al apoyo del Museo Nacional de Costa Rica, a través de un permiso especial otorgado por su exdirectora Rocío Fernández Ulibarri y la guía atenta de la señora Myrna Rojas, Jefa del Departamento de Antropología e Historia, así como del arqueólogo Sr. Julio César Sánchez, quienes me facilitaron el acceso a las imágenes de archivo junto a documentos de consulta.
El suministro profesional de esta información fue fundamental para la viabilidad del proyecto, así como para lograr desplazarme a cada lugar a realizar un registro fotográfico actual y completar posteriormente una breve ficha final con algunos datos adicionales sobre cada hallazgo-sitio en la Biblioteca del Museo Nacional y la Universidad de Costa Rica.
Memento nace así, como parte de una reflexión personal sobre las sensaciones que provocan y remueven en el ciudadano común (me incluyo): el conocer, enterarse y tomar conciencia sobre lugares comunes que transitamos o donde existe una edificación hoy día, que antes fueron un espacio real habitado, trabajado y vivido por nuestros pueblos originarios.
De acuerdo con Grettel Monge, directora del Museo Nacional de Costa Rica, se puede tardar entre seis meses y dos años para la liberación de un terreno con hallazgo arqueológico. Para ello se requiere de un informe técnico, en el que se autoriza el uso del terreno para procesos constructivos, una vez que concluye el trabajo de campo y rescate de las piezas precolombinas.



