Yuri Lorena Jiménez. 5 junio
En el pasillo de inducción a los previos del magnicidio luce, en tamaño gigante, la imagen de John. F Kennedy a tan solo segundos de ser asesinado por un francotirador, ante el espanto y asombro de su esposa, Jackie Kennedy. Foto Museo John F. Kennedy/Dallas
En el pasillo de inducción a los previos del magnicidio luce, en tamaño gigante, la imagen de John. F Kennedy a tan solo segundos de ser asesinado por un francotirador, ante el espanto y asombro de su esposa, Jackie Kennedy. Foto Museo John F. Kennedy/Dallas

En cosa de pocos minutos, este mensaje de línea y media saldría de las manos temblorosas de su ‘tipeador’ para conmocionar a Estados Unidos y el mundo entero.: “(Dallas) UN FRANCOTIRADOR HIRIÓ AL PRESIDENTE KENNEDY EN EL CENTRO DE DALLAS HOY.... QUIZÁS, FATALMENTE”.

La traducción realizada aquí obvia un par de dedazos, pero conserva las dramáticas mayúsculas con las que el despachador de la agencia United Press garabateó aquel texto en medio de la conmoción más absoluta, en la sala de redacción, y cuyo papel original forma parte del impresionante museo erigido en el downtown de Dallas, justo a un costado de la calle principal en la que fue tiroteado el presidente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1962.

Dicen que el tiempo todo lo cura pero, en el caso del Museo del Sexto Piso (The Sixth Floor Museum), como se le llama a la antigua biblioteca que hoy alberga la impresionante colección de objetos alusivos al magnicidio, el tiempo simplemente parece haberse detenido.

La sensación de transportarme a principios de los años 60 fue literalmente como viajar en una surrealista nave hacia un cada vez más lejano 1962. No bien bajé del ascensor que me llevó nada menos que al quinto piso de aquel edificio del centro de Dallas, un par de domingos atrás, donde nada nos preparó para lo que viviríamos parte del grupo de integrantes de un “tour de vacunación anticovid-19″ realizado en la tercera ciudad más grande de Texas.

Mares de tinta y de horas-televisión se han vertido a lo largo y ancho del planeta desde que uno de los presidentes más queridos de Estados Unidos, y además integrante del famoso y emblemático clan Kennedy, fue asesinado supuestamente por Lee Harvey Oswald, quien a su vez fue tiroteado dos días después en vivo, frente a las cámaras de televisión, por Jack Ruby, un mafioso de poca monta que volvió a dejar en shock al país al matar frente a centenares de periodistas al asesino de John Fitzgeralt Kennedy. Harvey Oswald estaba siendo trasladado de una estancia judicial a la cárcel cuando fue asesinado.

Justamente, entre los 3.500 objetos que yacen en el Museo, se encuentra un maniquí que viste el traje que usó Ruby en el momento de asesinar a Oswald. Está ubicado junto a una fotografía en tamaño real donde se observa a los dos hombres en medio de una aglomeración de periodistas, segundos antes de que ocurriera el homicidio.

El extraño suceso alimentó decenas de teorías de conspiración que quedaron sin respuesta tras la muerte de Ruby, cuatro años después supuestamente a causa de un cáncer en el Hospital de Parkland, donde también se habían certificado las muertes de Kennedy y Oswald.

Antes de proseguir con la fuerte experiencia de transitar por el “Sexto piso”, cito una reseña sobre aquel día que, al parecer, Estados Unidos no olvidará jamás. Aquí, la activista por los derechos civiles, autora, poeta y educadora estadounidense Maya Angelou, nos ubica con este texto, a grandísimos pero claros rasgos, lo ocurrido en aquellos minutos.

El edificio que albergaba entonces, en 1962, una biblioteca pública en su sexto piso, fue utilizado por el supuesto perpetrador del tiroteo, Harvey Lee Oswald, para apostarse en línea de fuego a la hora de disparar contra el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy. Hoy, la bodega llena de cajas de cartón en la que se apertrechó Oswald se mantiene intacta en el Museo del Sexto Piso, en Dallas. Incluso, muestra la posición exacta en la que se habría ubicado el tirador, a la hora de dispararle al Presidente Kennedy. Foto Eloy Vargas para La Nación
El edificio que albergaba entonces, en 1962, una biblioteca pública en su sexto piso, fue utilizado por el supuesto perpetrador del tiroteo, Harvey Lee Oswald, para apostarse en línea de fuego a la hora de disparar contra el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy. Hoy, la bodega llena de cajas de cartón en la que se apertrechó Oswald se mantiene intacta en el Museo del Sexto Piso, en Dallas. Incluso, muestra la posición exacta en la que se habría ubicado el tirador, a la hora de dispararle al Presidente Kennedy. Foto Eloy Vargas para La Nación

“Era un viernes por la tarde con la frescura del otoño invadiendo a gran parte de la nación, el final de la semana laboral antes de las vacaciones de Acción de Gracias. Para aquellos que estaban cerca de un televisor sintonizado en CBS, 11 minutos después de la telenovela As the World Turns , un ‘CBS Bulletin’ apareció en la pantalla y el (entonces famoso) periodista Walter Cronkite anunció: “Aquí hay un boletín de CBS News. En Dallas, Texas, se realizaron tres disparos contra la caravana del presidente en el centro de Dallas. Los primeros informes dicen que el presidente Kennedy ha resultado gravemente herido por este tiroteo…. la señora Kennedy se levantó de un salto y agarró al Sr. Kennedy, ella gritó ‘¡Oh, no!’ ... United Press dice que las heridas del presidente Kennedy tal vez podrían ser fatales “.

El relato de la activista permite inferir el estupor en el medio del cual la noticia se volvía un gigantesco dominó global. “Los espectadores sorprendidos vieron un comercial de Nescafé antes de que un segundo boletín informara que un agente del Servicio Secreto había gritado desde el automóvil del presidente: ‘¡Está muerto!’. CBS luego regresó a la telenovela y otro comercial antes del próximo boletín.

“Finalmente, a la 1:30 en Nueva York, Cronkite estaba en una mesa de redacción, con el personal copiando una copia de un teletipo en el fondo mientras las noticias llegaban. Para millones, esos momentos iniciales, sus reacciones y pensamientos, estaban impresos en su mentes con una claridad que pocos eventos tuvieron antes o después. La mayoría sentiría una profunda conmoción, incredulidad, ira y dolor, y esa tarde se convirtió en una piedra de toque generacional, para muchos un recuerdo tan visceral e intenso que aún resuena, como lo atestiguan los vívidos recuerdos que siguen...”.

El museo en sí es la escena del crimen, y la experiencia que resulta de ver las fotos históricas, los informes y grabaciones noticiosas es una que no puede expresarse completamente con palabras.
A las 12:30 mediodía del 23 de noviembre de 1963 se escuchó el estruendo del primer disparo contra Kennedy, solo segundos después hubo una réplica y en instantes, la garganta y el cerebro del presidente estadounidense, yacían desperdigados por el carro descapotable y las aceras aledañas. Nadie se atrevió a tocar la mesa que le tenían dispensada al mandatario John F. Kennedy y a su esposa, Jackie Kennedy. Esta es una de las muestras más impresionantes que yacen en el Museo J.F. Kennedy en Dallas, Texas. Foto Eloy Vargas para La Nación
A las 12:30 mediodía del 23 de noviembre de 1963 se escuchó el estruendo del primer disparo contra Kennedy, solo segundos después hubo una réplica y en instantes, la garganta y el cerebro del presidente estadounidense, yacían desperdigados por el carro descapotable y las aceras aledañas. Nadie se atrevió a tocar la mesa que le tenían dispensada al mandatario John F. Kennedy y a su esposa, Jackie Kennedy. Esta es una de las muestras más impresionantes que yacen en el Museo J.F. Kennedy en Dallas, Texas. Foto Eloy Vargas para La Nación

Maya Angelou prosiguió con su escrito mucho más detallado, pero la introducción y esos “recuerdos que siguen” son la perfecta antesala antes de salir del ascensor y arribar al Sexto Piso, revestido totalmente en tono sepia con pasillos de tenue luz amarillenta y cuyos caminos conducen, insisto, cual túnel del tiempo, a aquel viernes en que los festejos preparados para recibir al Presidente Kennedy se tornaron en un santiamén en una de las pesadillas más difíciles de digerir -aún hoy- por el pueblo estadounidense.

Era abrumadora la calurosa acogida de la muchedumbre a la comitiva del Presidente, que atravesó entre vítores el centro de Dallas y enfiló el camino hacia el almuerzo en un doble giro que colocó al presidente a tan solo 80 metros de la ventana por la que se asomaba el rifle de Lee Harvey Oswald. Reproducciones de Eloy Vargas/ Museo JFK, Dallas
Era abrumadora la calurosa acogida de la muchedumbre a la comitiva del Presidente, que atravesó entre vítores el centro de Dallas y enfiló el camino hacia el almuerzo en un doble giro que colocó al presidente a tan solo 80 metros de la ventana por la que se asomaba el rifle de Lee Harvey Oswald. Reproducciones de Eloy Vargas/ Museo JFK, Dallas

Es extraño: el ambiente en el Piso Seis es tan envolvente que ni siquiera comentamos entre nosotros, el grupo de ticos, todo lo que veíamos y que nos sorprendía a cada paso.

Honestamente yo no tenía mayores referencias del Museo y lo del viaje de vacunación a la hermosa ciudad de Dallas, que no había visitado antes, se dio con pocos días previos, de manera que cuando la Municipalidad de Dallas nos invitó a una visita guiada, el domingo, no tuvimos ni chance de “internetear”, lo cual a la postre sería una gran ventaja porque llegamos “vírgenes” al Museo.

Detallazo: las entradas estaban vendidas hasta un par de semanas después, así que la cortesía del Municipio tuvo doble puntaje, máxime cuando yo le había dicho a mi hijo Marco Vinicio, quien me comentó que esa visita era imperdible, y yo con cierta indiferencia le contesté que si no me daba chance al menos iría a conocer el sitio exacto -marcado por una equis gigante en plena calle- donde había ocurrido el tiroteo que ya ha sido transmitido quién sabe cuántas veces alrededor del mundo durante más de medio siglo. Como quien dice, apenas para la foto. Craso error habría cometido.

“¡Bienvenido, Sr. Presidente!”
Leer la intensa lista de actividades del presidente Kennedy durante su flamante visita a Dallas, en el arranque de unos conflictivos años 60, es alucinante. Ahí quedaron, de la forma más impensable, más de la mitad de los actos oficiales a los que asistirían el mandatario y su esposa, de la forma más entusiasta, en la ciudad que, a la postre, se convertiría en último día de la vida del muy querido John F. Kennedy. / Reproducciones Eloy Vargas para La Nación
Leer la intensa lista de actividades del presidente Kennedy durante su flamante visita a Dallas, en el arranque de unos conflictivos años 60, es alucinante. Ahí quedaron, de la forma más impensable, más de la mitad de los actos oficiales a los que asistirían el mandatario y su esposa, de la forma más entusiasta, en la ciudad que, a la postre, se convertiría en último día de la vida del muy querido John F. Kennedy. / Reproducciones Eloy Vargas para La Nación

El Museo es un recorrido histórico pero sin visita guiada: los bustos en honor a John F. Kennedy, las imágenes de su visita a Dallas, algunas en tamaño a todo pared, las decenas de urnas con objetos personales de involucrados en el magnicidio y las cabinas de radio y televisión, con aparatos que se usaban en la época, transmiten y retransmiten los despachos noticiosos que se emitían de Dallas para el mundo.

Y es aquí donde se inicia el estupor colectivo, sobre todo cuando comenzamos a encontrarnos durante el recorrido los mensajes a página completa en los que los principales periódicos de Dallas le daban pomposas bienvenidas a “Mr. President”, las fotos de objetos personales como el anillo de matrimonio de Lee Harvey Oswald, quien en 1959 abandonó el servicio militar y desertó en Rusia. Regresó a Estados Unidos en 1962, acompañado por su esposa de nombre Marina.

La trasmisión en vivo del entonces famoso periodista televisivo Walter Cronkite al oficializarle al mundo la muerte de John F. Kennedy provoca un tremendo nudo en la garganta, mientras se observa a Cronkite contener el llanto a duras penas.

Otra de las vitrinas más llamativas es la que contiene la impoluta puesta de mesa con platos, cubiertos y demás, con la que estaban esperando a la comitiva presidencial para el almuerzo programado ese viernes en honor a Kennedy, quien justo se dirigía al lugar cuando recibió el disparo letal en la cabeza.

El brochure temático sobre el museo ofrece una pincelada coyuntural que, ya in situ, contribuye a ubicarse en la época.

“La década de 1960 fue una década de cambio inolvidable para los Estados Unidos, un cambio que sacudió al país hasta su esencia. Pero en medio de todo el caos y la protesta, el 22 de noviembre de 1963, todo el país guardó silencio. El presidente número 35 de los Estados Unidos, John F. Kennedy, había sido asesinado a tiros en Dallas, Texas, mientras viajaba con una caravana presidencial en Dealey Plaza.

“Ese día, los niños fueron enviados a casa desde la escuela, los negocios se detuvieron, y las familias se sentaron frente a sus televisores para presenciar trágicos informes de noticias durante todo el fin de semana. El país se afligió y años después, sanó, pero el impacto de ese día perdura en la eternidad. The Sixth Floor Museum narra los eventos de ese momento oscuro en la historia y lleva a los visitantes a recordar el legado de JFK y cómo su muerte cambió el país en una fracción de segundo”.

El arresto de Oswald tuvo lugar 10 minutos antes de las dos de la tarde y casi una hora después de que los médicos certificaran el fallecimiento de JFK. Su cuerpo había llegado al hospital de Parkland seis minutos después del último disparo. «Déjenos sacar al presidente», le pidió el agente Emory Roberts a la primera dama, que permanecía sentada sobre un charco de sangre y se resistía a separarse de su esposo. El agente Clint Hill se dio cuenta de que Jackie no quería que la prensa fotografiara a su esposo en ese estado y cubrió con su chaqueta el cuerpo de JFK. Las autoridades enseguida recordaron que las leyes exigían hacer una autopsia inmediata antes de levantar el cadáver del presidente. Pero la prioridad absoluta del servicio secreto era sacar de Dallas al vicepresidente Lyndon B. Johnson por miedo a que el magnicidio fuera el preludio de un ataque sobre la ciudad. El problema era que Johnson no quería irse sin Jackie y que Jackie no quería irse sin el cadáver de su esposo. Así fue como el servicio secreto ignoró la advertencia del forense del condado y llevó el cadáver del presidente asesinado al compartimento posterior del Air Force One, donde esperaba desde hacía una hora Johnson listo para jurar. El acto duró 28 segundos y lo presidió la jueza texana Sarah Judges. Las persianas de las ventanas estaban bajadas por miedo a un ataque y Johnson no pronunció su juramento sobre la Biblia sino sobre un misal católico que un asesor de Kennedy encontró en el dormitorio del avión presidencial. El avión despegó 13 minutos antes de las tres. Johnson empezó a preparar su primer discurso como presidente y Jackie se retiró al compartimento trasero donde se encontraba el ataúd. El médico de la Casa Blanca le sugirió que se cambiara pero ella respondió que no.
El arresto de Oswald tuvo lugar 10 minutos antes de las dos de la tarde y casi una hora después de que los médicos certificaran el fallecimiento de JFK. Su cuerpo había llegado al hospital de Parkland seis minutos después del último disparo. «Déjenos sacar al presidente», le pidió el agente Emory Roberts a la primera dama, que permanecía sentada sobre un charco de sangre y se resistía a separarse de su esposo. El agente Clint Hill se dio cuenta de que Jackie no quería que la prensa fotografiara a su esposo en ese estado y cubrió con su chaqueta el cuerpo de JFK. Las autoridades enseguida recordaron que las leyes exigían hacer una autopsia inmediata antes de levantar el cadáver del presidente. Pero la prioridad absoluta del servicio secreto era sacar de Dallas al vicepresidente Lyndon B. Johnson por miedo a que el magnicidio fuera el preludio de un ataque sobre la ciudad. El problema era que Johnson no quería irse sin Jackie y que Jackie no quería irse sin el cadáver de su esposo. Así fue como el servicio secreto ignoró la advertencia del forense del condado y llevó el cadáver del presidente asesinado al compartimento posterior del Air Force One, donde esperaba desde hacía una hora Johnson listo para jurar. El acto duró 28 segundos y lo presidió la jueza texana Sarah Judges. Las persianas de las ventanas estaban bajadas por miedo a un ataque y Johnson no pronunció su juramento sobre la Biblia sino sobre un misal católico que un asesor de Kennedy encontró en el dormitorio del avión presidencial. El avión despegó 13 minutos antes de las tres. Johnson empezó a preparar su primer discurso como presidente y Jackie se retiró al compartimento trasero donde se encontraba el ataúd. El médico de la Casa Blanca le sugirió que se cambiara pero ella respondió que no. "Quiero que vean lo que hecho", dijo antes de beber el primer trago de whisky de su vida y decirle al portavoz de su esposo que se asegurara de que los periodistas supieran que estaba velando el féretro de su esposo: "Vete a decirles que vine aquí atrás a sentarme con Jack .Reproducción por Eloy Vargas para La Nación.

Para aquellos que presenciaron la tragedia que se desarrolló ese día de noviembre, y para las siguientes generaciones que han sabido del legado del presidente y su final abrupto, el Museo Sixth Floor es educativo, emocional y estimulante.

John F. Kennedy y la Memoria de una Nación es la exhibición principal del museo. Está dedicado a proporcionar un contexto histórico para los eventos que rodean el 22 de noviembre de 1963, y las secuelas que se desarrollaron como resultado de la muerte inesperada de JFK. El museo en sí es la escena del crimen, y la experiencia que resulta de ver las fotos históricas, los informes y grabaciones noticiosas, es una que no puede expresarse completamente con palabras.

El estoicismo de la Primera Dama, Jackie Kennedy, ha sido después de su muerte, objeto de análisis en cuanto a su tremenda valentía, pues en cuestión de tres horas debió, desde resguardar los restos de su esposo, el Presidente de los Estados Unidos, a presenciar el juramento como nuevo presidente, de Lyndon Johnson. Reproducciones Eloy Vargas / Para La Nación.
El estoicismo de la Primera Dama, Jackie Kennedy, ha sido después de su muerte, objeto de análisis en cuanto a su tremenda valentía, pues en cuestión de tres horas debió, desde resguardar los restos de su esposo, el Presidente de los Estados Unidos, a presenciar el juramento como nuevo presidente, de Lyndon Johnson. Reproducciones Eloy Vargas / Para La Nación.
Los años 60, el contexto

Mucho más allá de los objetos que narran por sí solos la historia, la exposición muestra el panorama político y social del país en los albores de los años 60, tanto antes como durante el período presidencial de JFK.

También ahonda en información sobre la vida de JFK, su familia y los problemas que tuvo que enfrentar directamente después de tomar su juramento presidencial y embarcarse en su viaje como el 35º Presidente de los Estados Unidos.

Un video corto que forma parte de la exhibición destaca el viaje de dos días por Texas y muestra las multitudes que esperaban su llegada, listas para animar a su presidente, ajenas, por supuesto, al magnicidio que se aproximaba.

El arma y la locación utilizada por Lee Harvey Oswald, supuestamente para el tiroteo primario contra el presidente Kennedy. El caso ha sido objeto de conspiraciones durante más de medio siglo, pero cuando se asiste al Museo JFK, aún sin ser experto en balística, la duda terrible es cómo una bala de un francotirador pudo hacer una
El arma y la locación utilizada por Lee Harvey Oswald, supuestamente para el tiroteo primario contra el presidente Kennedy. El caso ha sido objeto de conspiraciones durante más de medio siglo, pero cuando se asiste al Museo JFK, aún sin ser experto en balística, la duda terrible es cómo una bala de un francotirador pudo hacer una "tremenda curva" y dar en el blanco, nada menos que en el cuello y cerebro del presidente de Estados Unidos. Foto reproducción de Eloy Vargas para La Nación.

La Ventana de la Esquina es la escena del crimen. La escena real, incluso se recrea la esquina, cubierto por las cajas de cartón, en la que se ubicó Lee Harvey Oswald.

Se lanzaron disparos contra la caravana que se movía a través de Dealey Plaza y que atacaron al presidente John F. Kennedy y al gobernador de Texas John Connally.

Las autoridades policiales pronto llegaron para investigar. En 45 minutos se encontraron tres proyectiles en la esquina sureste del sexto piso. Esta parte de la exhibición recrea la escena basada en fotografías de la escena del crimen, pero la esquina está protegida con paredes de vidrio para que los espectadores puedan observar sin alterarla.

Las pantallas interactivas cuelgan del Dealey Plaza y agregan un sentido de realismo al evento. Ahí se ve justo donde Lee Harvey Oswald ubicó su posición elevada para disparar.

El asesino de Lee H. Oswald –a su vez, único sospechoso del asesinato del presidente John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963– es condenado a muerte por un jurado de Dallas. Posteriormente, el juicio sería anulado y Ruby moriría en la cárcel esperando un nuevo juicio, sin haber confesado por qué mató a Oswald. La cámara del fotógrafo del Dallas Times Herald, Bob Jackson, quien tomó la fotografía ganadora del premio Pulitzer. Foto Reproducción Eloy Vargas, para La Nación.
El asesino de Lee H. Oswald –a su vez, único sospechoso del asesinato del presidente John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963– es condenado a muerte por un jurado de Dallas. Posteriormente, el juicio sería anulado y Ruby moriría en la cárcel esperando un nuevo juicio, sin haber confesado por qué mató a Oswald. La cámara del fotógrafo del Dallas Times Herald, Bob Jackson, quien tomó la fotografía ganadora del premio Pulitzer. Foto Reproducción Eloy Vargas, para La Nación.

Las exhibiciones visuales muestran además evidencia fotográfica, pruebas forenses y balísticas, y otros artefactos, incluyendo el modelo a escala de Dealey Plaza hecho para la Comisión Warren por el FBI y las cámaras utilizadas por 12 testigos presenciales.

Otra perspectiva del aposento que utilizó Lee Harvey Oswald para esconderse. Él tenía acceso a la biblioteca del lugar, porque laboraba como asistente por períodos, en el lugar. / Dallas fotografías de Eloy Vargas
Otra perspectiva del aposento que utilizó Lee Harvey Oswald para esconderse. Él tenía acceso a la biblioteca del lugar, porque laboraba como asistente por períodos, en el lugar. / Dallas fotografías de Eloy Vargas

Pese al nostálgico y trágico tenor del recorrido, también se transmite permanentemente una película de diez minutos que destaca los logros e impacto del Presidente Kennedy en los derechos civiles, las artes y la cultura, el voluntariado, el espacio y la tecnología.

Y no podía faltar el libro de los recuerdos, donde miles de visitantes de todo el mundo han escrito sus comentarios, recuerdos o sentimientos con respecto al museo y la tragedia. Aquellos que estaban vivos cuando ocurrió el asesinato recuerdan con detalles vívidos dónde estaban, qué estaban haciendo y cómo todo se detuvo cuando llegó la noticia. Otros hablan de cómo el museo aporta una incomparable sensación de realismo al evento para aquellos que no tienen la edad suficiente para recordar ese día. Ver por escrito los pensamientos y sentimientos compartidos de extraños puede inspirarte a dejar los tuyos por otros. Los libros de recuerdos son la última parada en el Sixth Floor Museum.

Este es el anillo de bodas de Lee Harvey Oswald, quien se había casado cuatro años antes del asesinato en Minsk, Rusia. Había traído a su esposa Marina a vivir a Dallas, en 1962. Foto Eloy Vargas, para La Nación
Este es el anillo de bodas de Lee Harvey Oswald, quien se había casado cuatro años antes del asesinato en Minsk, Rusia. Había traído a su esposa Marina a vivir a Dallas, en 1962. Foto Eloy Vargas, para La Nación
No dejó de ser llamativo que las autoridades gubernamentalas de Dallas, colocaran en la entrada del Museo una gráfica del mismísimo John F. Kennedy, con cubrebocas, parte de las estrategias de la ciudad para concientizar a la población sobre la covid-19. Foto Yuri Jiménez/La Nación
No dejó de ser llamativo que las autoridades gubernamentalas de Dallas, colocaran en la entrada del Museo una gráfica del mismísimo John F. Kennedy, con cubrebocas, parte de las estrategias de la ciudad para concientizar a la población sobre la covid-19. Foto Yuri Jiménez/La Nación