Revista Dominical

Un ovni sobre el lago Cote: hace 50 años Sergio Loaiza tomó la foto que le cambió la vida

Este cartógrafo captó hace medio siglo una imagen que hoy cautiva e intriga por igual. Para él los contactos con seres venidos del espacio exterior empezaron en la niñez y asegura que han sido una constante a lo largo de sus 77 años

Sergio Loiza Vargas sostiene entre sus manos una fotocopia en blanco y negro de una noticia de hace más de cuatro décadas. El titular es contundente: “Aseguran que en Costa Rica fue fotografiado un ovni”.

Esta nota en la que se aprecia la fotografía con una flecha que señala el Objeto Volador No Identificado (ovni) había sido publicada en la página 4C del periódico La Nación del jueves 1.° de noviembre de 1979, causando sensación dentro y fuera del país.

La imagen tenía particularidades, pues no solo era la fotografía de una supuesta nave extraterrestre sino que además había sido tomada desde un avión.

Como era de esperarse, la fotografía pronto le dio la vuelta al mundo y pasaron solo unos días para que se convirtiera en objeto de estudio de muchos institutos y organizaciones. Al día de hoy, la foto sigue siendo objeto de investigación y debate.

Doña Sonia Chaves no fue ajena a aquella comentada noticia del 1.° de noviembre. Tan pronto vio la fotografía, tomó la página y se la envió a su esposo, don Sergio, quien se encontraba trabajando con una empresa italo venezolana en la zona desértica entre Ecuador y Perú, en un proyecto de fotografía aérea.

Cuando la noticia llegó a sus manos, el vecino de Palmares se cuestionó cómo la revelación había llegado hasta los medios de comunicación, pues la orden del Instituto Geodésico Interamericano años atrás había sido clara: “This is top secret information (esta es información secreta)”.

Sergio Loiza fue quien ocho años antes de la publicación había fotografiado ese ovni en el lago Cote, en el cantón de Guatuso. La imagen que captó sigue generando curiosidad entre los expertos.

“Era prohibido hablar del tema porque era un tabú”, confiesa don Sergio, ahora de 77 años.

“Yo tuve un avistamiento muy importante con lo que llaman una nave nodriza. Era un ovni enorme que me paralizó”

—  Sergio Loiza, fotógrafo del ovni del lago Cote

Muchos se sorprendieron al ver la nave en la fotografía, otros se asustaron pero la reacción de don Sergio fue diferente: él se sintió agradecido por haber tenido la oportunidad de capturar el momento, pues asegura que desde los cinco años había tenido varias experiencias con ovnis y con seres venidos del espacio exterior.

Ahora, a sus 77 años, con más calma y analizando su frecuentes avistamientos de ovnis y otras experiencias que ha vivido a través de los años, su pregunta es difícil de contestar: “¿por qué yo, por qué a mí?”

Foto famosa

Sentado cómodamente en un sillón de su casa, que está justamente frente a la fotografía del ovni enmarcada en la pared, don Sergio recuerda que todo comenzó hace 50 años, específicamente el 4 de setiembre de 1971. En ese entonces el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) le pidió al Instituto Geográfico Nacional elaborar un mapa del lago Arenal y sus alrededores.

A eso de las 8 a. m., el piloto Omar Arias, el navegante Francisco Reyes y los fotógrafos Juan Bravo y Sergio Loiza subieron al avión aerocomander bimotor de la serie 680 F para iniciar con el proyecto de fotografía aérea.

Por lo general, Reyes, Bravo y Loaiza se turnaban la cámara y ese día le correspondía a don Sergio ir haciendo las capturas.

“Hacer eso convencionalmente cuesta mucho dinero y gasta mucho tiempo y el tiempo era importante en esa época. El plan de vuelo tampoco era fácil en aquel momento y como no existía el celular tenía que haber una persona que estuviera informando la condición del tiempo.

“Y, de hecho, fue hasta la décimo tercera misión que hicimos que pudimos encontrar todo despejado para realizar el proyecto fotográfico”, explica don Sergio.

Para esta misión en el lago del Arenal y en la que recorrieron San Carlos y Tilarán utilizaron una cámara profesional alemana RMKA- 15/23 que pesaba 100 libras y que estaba colocada en el piso del avión, en un estructura especial que tenía movilidad y era reticulada, pues así podían ir moviendo los grados.

Según detalla el cartógrafo y experto en fotografía aérea, ese día volaban a 10 mil pies de altura para conseguir el mapa a escala 1:10.000 con curvas de cinco metros que había solicitado el ICE.

Luego de concluido el mapa, Loiza relata que entregaron al ICE el proyecto y ellos siguieron con su trabajo. Sin embargo, unos dos o tres años después, la institución volvió a buscar la ayuda del Instituto Geográfico Nacional, pues algunos datos estaban errados y requerían hacer un nuevo estudio.

“Por esas casualidades de la vida me correspondió a mí el trabajo de campo inicial que era la foto interpretación para marcar los puntos. Cuando estábamos estudiando las fotos en gabinete, en unas mesas grandes que usábamos para ver cuáles eran las que íbamos a necesitar, un compañero me dice muy al estilo nuestro: ‘Mirá, ¿qué es esta carajada? Parece un platillo volador’.

“Entonces fuimos al laboratorio e hicimos una ampliación y se la llevamos al director del Instituto Geográfico. De inmediato él llamó al ingeniero y jefe del Instituto Geodésico, que era la institución hermana paralela al proyecto, y nos dijo ahí mismo, en la oficina, que no podíamos hablar con nadie de la foto.

“En aquellas épocas se respetaban mucho esas cosas, principalmente porque nosotros tuvimos una formación diferente a la del denominador común de Costa Rica, porque en el Instituto Geográfico nos enseñaban a respetar; tal vez por la parte militar que había y la influencia del ejército de Estados Unidos, que era el que ponía los aviones, los helicópteros, los carros y hasta la plata, porque eran proyectos muy caros”, explica.

En la primera ocasión no vieron el ovni pues como parte del proyecto tomaron una línea más de vuelo que finalmente no utilizaron y fue justamente en esa que desecharon en la que aparecía el objeto volador.

En el Instituto lograron mantener la fotografía oculta por casi una década, sin embargo, fueron los hermanos Ricardo y Carlos Vílchez, representantes del Instituto de Investigaciones Científicas y Exobiológicas (ICI-CE), quienes dieron con la fotografía (cuyo tamaño original era de 23 centímetros por 23 centímetros) y la difundieron.

¿Cómo la consiguieron?

Hasta ahora don Sergio lo desconoce.

Lo que sí sabe es que la imagen en blanco y negro, tomada las 8:15 a. m. el 4 de setiembre de 1971, sigue siendo considerada por las diferentes instituciones de ufología internacional como una de las mejores fotografías que se haya logrado de un ovni.

Una pasión

Tras muchos años trabajando tanto dentro como fuera del país como cartógrafo especializado en fotografía aérea, aero tribulación y fotointerpretación, don Sergio ahora pasa sus días en su casa, en Palmares, de Alajuela.

Allí tiene guardadas una serie de fotografías y noticias que han salido a lo largo de los años sobre el ovni en el lago Cote, porque sí, han sido muchas.

“Es una foto que no pierde vigencia, me llaman con mucha frecuencia. A veces me escriben, pero es interesante porque como hay gente que está a favor del tema, hay gente que está en contra”

—  Sergio Loaiza, fotógrafo del ovni en el lago Cote

También hay varios cuadros, uno de ellos con la icónica fotografía de 1971 y que le regaló su hija Alejandra; al lado hay una pintura con un paisaje nocturno en el que también se aprecia un ovni.

“Es una foto que no pierde vigencia, me llaman con mucha frecuencia. A veces me escriben pero es interesante porque como hay gente que está a favor del tema, hay gente que está en contra; aunque eso ya se ha ido acabando, ya aceptan el ovni como una realidad y ya lo han aceptado varios gobiernos”, asegura Loaiza.

Además, detalla que desde hace muchos años le escriben o lo llaman de países como México, Colombia y Perú pidiéndole información respecto al tema. También ha podido viajar a Brasil, Ecuador y Suiza para compartir con personas interesadas en el fenómeno ovni.

Y aunque con el paso de los años don Sergio se ha ido especializando en el fenómeno ovni, tampoco es que lee mucho sobre el tema, pues asegura que sus vivencias le han permitido conocer más de lo que se puede encontrar en las noticias, en los libros y en las películas.

De hecho, su pasión por el fenómeno ovni surgió mucho antes de saber que en aquella misión fotografió a uno sobre el lago Cote.

Todo empezó cuando tenía cinco años, acostado junto a su papá en el potrero de la finca en la que vivían, en San Carlos, aprendiendo de astronomía durante las noches estrelladas.

“Yo me siento agradecido por haber tenido estas experiencias, eso ha cambiado mi perspectiva, mi horizonte y cambió mi vida totalmente en 180°. Incluso las experiencias que he tenido, lo que he visto cambió totalmente mi forma de pensar, mi forma de ver las cosas y mi yo interior”, confiesa.

Pero ¿qué es lo que ha visto?

Aunque no habla mucho sobre esas experiencias y prefiere guardárselas para él y su familia, don Sergio recuerda que cuando tenía 15 años, allá por 1959, vio como un ovni se acercó hasta él. Ese día marcó su vida.

“Yo tuve un avistamiento muy importante con lo que llaman una nave nodriza. Era un ovni enorme que me paralizó. Yo caminé hacia el aparato porque estaba tal vez a unos 50 metros, y caminé porque a mí no me da miedo.

“El aparato era una cosa bellísima, brillante, pero llegó un momento en que sí sentí una molestia, quedé paralizado viendo eso, pero también perdí la conciencia durante un tiempo”, relata.

Sin embargo, esta no ha sido su única experiencia. Don Sergio asegura que una vez tuvo la oportunidad de ver los rostros de los tripulantes de estos objetos.

Este encuentro ocurrió una noche cerca del Cerro de la Muerte, cuando vio una nave grande y luminosa.

“Los tuve a pocos metros de donde yo estaba, hablo de dos o tres metros. Eran las 11 p. m. y yo estaba sentado en la tapa del carro, porque estaba calientita, por el calor del motor. Yo me bajé del carro y me senté ahí porque vi una esfera que venía bajando de las torres de transmisión, flotando sobre los arbustos.

“Era una esfera de unos dos metros o tres metros de diámetro, con una luz blanca que no encandila pero que es muy fuerte y esa luz blanca se iba transformando en amarillo hasta llegar al color naranja.

“Ahí dentro venían tres seres. Eran un hombre, una mujer y un niño, eran seres de aproximadamente 1.80 metros de alto, rubios, de ojos azules y los tuve así en frente. Eran seres como nórdicos, no son grises como los pintan, tampoco son como nosotros”.

“Entonces el hombre levantó la mano (como saludando), estuvieron ahí unos pocos segundos y luego se fueron”, relata.

No obstante, esta no es una experiencia aislada en su familia, pues cuenta que una vez sus papás le contaron que una noche fueron testigos de como el vehículo Land Rover en el que viajaban se le apagó el motor y las luces no encendían, a causa de una nave que estaba sobre el carro.

“A estas alturas de mi vida aún me pregunto por qué a mí, porque hay millones de personas y yo sé que hay muchas personas en el mundo que les pasa lo mismo que a mí me pasa, pero yo soy de este país tan pequeñito”, dice.

Sin respuestas

Don Sergio no teme contar sus experiencias, pues él sabe lo que ha vivido. Sin embargo, prefiere no ahondar en detalles, pues nunca falta quien lo desacredite. Se queda con la satisfacción de que doña Sonia y sus hijos, Sergio y Alejandra, así como otras personas que ha ido conociendo y han visto cosas similares, lo entiendan y le crean.

“Yo he tenido otro tipo de experiencias, pero este mundo es muy ingrato y pese que a mí me han dicho que tengo que dar a conocer lo que he vivido y mis experiencias, no sé si valdrá la pena dar a conocer algunas cosas.

“A mi edad no me preocupa, sin embargo, sí hay ciertas cosas que tocan el alma y da tristeza cuando la gente se comporta de esa forma”, afirma.

De hecho, el vecino de Palmares considera que los seres humanos están a “años luz” de comprender y aceptar la existencia de vida extraterrestre.

“Como seres humanos creo que no estamos preparados (para los seres de otro planeta), creo que falta mucho y quizá por esa razón no se manifiestan masivamente. Le hemos dado mucha importancia al desarrollo tecnológico, pero aquí se quedó en el conocimiento nada más.

“Yo he tenido todo tipo de experiencias con ovnis, pero este mundo es muy ingrato y pese que me han dicho que tengo que dar a conocer lo que he vivido, no sé si valdrá la pena compartir algunas cosas”

—  Sergio Loaiza, fotógrafo del ovni del lago Cote

Y a pesar de que para la mayoría de seres humanos el tema sigue siendo un tabú, don Sergio considera que las grandes potencias del mundo tienen amplia información acerca del fenómeno ovni y la ocultan, tal y como ocurrió con la fotografía de la nave en el lago Cote.

Incluso señala que hay quienes “hasta tienen relación con ellos en el aspecto tecnológico y científico”, pero no se atreven a decirlo.

“A los ovnis los han clasificado como objetos voladores no identificados y en realidad eso es lo que nos hacen creer las potencias internacionales, pero ellos los tienen muy bien identificados y muy bien notificados. Lo qué pasa es que le han hecho creer al mundo que son objetos voladores no identificados; y sí, son naves extraterrestres que nos visitan del espacio exterior”, agrega.

Además, contrario a lo que se cree, don Sergio está convencido de que esos seres, a quienes tuvo oportunidad de ver en más de una ocasión, son buenos.

“Yo he tenido muchas experiencias y le puedo decir con claridad que nunca he tenido una experiencia negativa. Yo creo que quien tiene experiencia negativas es porque quizá andan buscando experiencias negativas”, asevera.

Y agrega: “Buscamos a Dios donde no habita, Dios no habita en los altares, habita en nuestros semejantes, en el ser humano que tenemos al lado, en el niño qué tiene hambre y en todo ser vivo”.

Desde aquella fotografía del 4 de setiembre de 1971, don Sergio Loaiza le tomó un cariño especial al lago Cote y lo visitaba con frecuencia. Sin embargo, la pandemia y unos cuantos quebrantos de salud le han impedido volver al sitio en los últimos años. No obstante, no pierde la esperanza de regresar y pasear por un sitio tan cargado de recuerdos.

Kimberly Herrera

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.

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