
¿Quién le hubiera dicho a don Carlos Federspiel Ullman, a su esposa doña María Kreutzwald, y su socio y amigo, don José María Arias Porras, que aquella pequeña papelería e imprenta que abrieron en una casa en la Avenida Central terminaría convirtiéndose en un negocio centenario, una visita obligatoria para soñar en las navidades? Así fue como nació Universal, la tienda que este mes cumplió 100 años.
La marca Universal logró algo que muy pocas consiguen: vivir en la mente de los costarricenses, adultos y pequeños. En la actualidad ya no se trata solo de una tienda, es una historia: la de dos personas de origen alemán que llegaron a Costa Rica buscando paz tras la Primera Guerra Mundial.
Aunque hoy la tienda ubicada en la Avenida Central es la más conocida y antigua, no fue ahí donde empezó el sueño de estos emprendedores que deseaban poner libros y cuadernos (no armas, como ocurrió en su país natal) en las manos de los niños.

Marisya Federpiel es hoy la directora de Comunicación de Tiendas Universal, pero alguna vez fue la pequeña bisnieta de doña María Kreutzwald que corría por los pasillos de la tienda, a donde llegaba cuando salía de la escuela. Ella habló con Revista Dominical ahí mismo, en el local de Avenida Central, donde “Oma” (“abuela” en alemán) educó a toda su familia.
Según contó Marisya, sus bisabuelos don Carlos y doña María, con la ayuda de su socio José María, empezaron en una pequeña casa que se ubicaba justo enfrente de la ubicación actual de la tienda.
Empezaron a atender clientes el 2 de agosto de 1926 desde el mostrador un local de 12 metros de frente por 25 de fondo. Ofrecían borradores, lápices, borradores, goma y otros útiles escolares, pero también era una imprenta donde fabricaban libros y cuadernos. Como a cualquier emprendedor, les sobraban temores e inseguridades, pero, para ellos, su trabajo tenía un fin más grande: promover la educación.
La pequeña librería no tardó en colocarse en el imaginario de los costarricenses. Ya para los años 30 era un visita obligatoria para los que vivían en las afueras de San José y visitaban la capital para hacer compras. Por supuesto, periodos como la Navidad y la entrada a clases provocaban largas filas.
Pese al éxito, la década de los 50 fue un periodo de inflexión para esta empresa que aún hoy continúa siendo 100% familiar. Para empezar, falleció don Carlos Federspiel, cofundador de la marca, y la nave quedó bajo la dirección conjunta de su hijo, Hubert Federspiel, y su viuda, María Kreutzwald.
Don Carlos y doña María tuvieron dos hijos, Hubert y Mariechen, aunque esta última no participó en el negocio familiar.

Doña María lideró el negocio con ímpetu y vivacidad. Aún hoy, algunos extrabajadores la recuerdan como una mujer abocada a su trabajo y quienes visitaron la tienda conservan en la memoria algunos rasgos de aquella mujer de cabello blanco y rasgos severos.
Doña Olga Monge Obando es la empleada con más años de trabajar en las tiendas Universal: ha estado allí por 54 años. Este ha sido su único trabajo, y en la tienda conoció a doña María y a su hijo Hubert, a quienes recuerda con cariño.
“Conocí a María. Trabajé muchos años con ella porque falleció a los 98 años; era muy exigente pero de muy buen corazón. Siempre nos veía trabajando y nos daba alguna regalía. ¡Yo he conocido a las cinco generaciones Federspiel!“, contó doña Olga, de 73 años, mientras caminaba hacia su pausa de almuerzo. Ella se pensionó hace 13 años, pero sigue yendo a trabajar por gusto.
En agosto de 1956, 30 años después de la fundación de la Papelería e Imprenta Universal, la familia Federspiel inauguró el edificio que hoy conocemos en la Avenida Central de San José. Esas instalaciones sorprendieron a los usuarios costarricenses, no solo por tratarse de un local grande y moderno, sino porque era una de las pocas tiendas que tenían ventanales de vidrio que permitían ver los mejores productos en exposición.
Afuera del local, un enorme cartel luminoso con el nombre de la tienda no dejaba lugar a dudas para los transeútes josefinos, se trataba de esa tienda que poco a poco se ganaba un espacio en el cariño de los costarricenses.
Además, las famosas vitrinas de la Universal deslumbraron a todos los costarricenses. Fue la primera tienda en poner grandes ventanales de vidrio con tarimas para mostrar al público sus productos más lujosos y llamativos. El diseñador de la marca Universal y decorador de esas vitrinas fue don Eugenio Vargas, quien llegó a conocer a las cuatro generaciones Federspiel y aún hoy vive, pues tiene 101 años.

En los años 70, se sumaron a la administración Carlos Alberto y Roberto Federspiel, ambos hijos de Hubert, heredero del fundador.
En esa misma década María Kreutzwald, su hijo Hubert y sus nietos celebraron sus primeros 50 años de historia, sin siquiera pensar que estaban a la mitad del camino que hasta hoy han recorrido. Doña Olga Monge recuerda aquella celebración.
“Inauguraron una placa que está ahí, por la gradas, se celebró aquí mismo. En las fotos se ven don Hubert y doña María”, declaró doña Olga señalando la plata que su ubica en las escaleras para subir del primer al segundo piso de la tienda. Junto a la placa, varias fotos recuerdan aquel festejo.
Los 90 nuevamente trajeron aguas turbulentas.
En noviembre de 1993 inauguraron la segunda tienda, Universal Sabana, con lo que inició un proceso de expansión que llega hasta nuestros días.
En conversación con RD Marisya reconoce que la apertura de la segunda tienda implicó un gran debate. La familia no estaba segura de aventurarse, era un paso ambicioso que podía haberles costado todo lo que hasta entonces habían construido. Además, don Hubert y doña María eran personas cautas, que medían cada paso y tomaban las decisiones con calma.

Al final, decidieron aventurarse y contruir la tienda, aunque Hubert dejó algunos planos y previstas porque sospechaba que algún día ahí no habría una tienda, sino un gran centro neurálgico para el negocio familiar. Acertó, ahí se ubica hoy la reconocida Torre Universal.
Sin embargo, los años 90 también trajeron un trago amargo. En 1994 falleció don Hubert Federspiel Kreutzwald y en 1996 murió su madre, María Kreutzwald, por tanto, Carlos Alberto y Roberto Federspiel (padre de Marisya), hijos de Hubert, tomaron de lleno la dirección de la empresa.

Marisya destaca que a cada generación Federspiel le ha correspondido asumir un reto diferente. La primera generación abrió la primera tienda y la segunda generación construyó e inauguró el local de Avenida Central. Sobre la tercera generación, conformada por su padre, Roberto, y su tío, Carlos Alberto, recayó la tarea de la expansión.
Hasta finales de los noventas solo existían dos tiendas, la central y la de La Sabana. Pero los nuevos directores tenían planes más grandes.
Desde entonces y a lo largo de toda la década de los 2000, Universal abrió varias tiendas dentro y fuera del Valle Central. Zapote, Liberia, Pérez Zeledón, Real Cariari, Santa Ana, Guadalupe, Desamparados, entre otras. Hoy son 11 locales y dan trabajo a unas 450 personas.
Uno de los grandes méritos para el éxito de las tiendas Universal fue la variedad de sus productos, ya que ofrecían desde cuadernos hasta juguetes o artículos para el hogar. Pasó de ser una papelería a convertirse en unos grandes almacenes por departamentos con hogar, tecnología, regalos y libros.
“A nuestra generación le toca la digitalización de la tienda, cada una tuvo sos retos. Pero además, nuestro abuelo Hubert y mi papá nos repite mil veces es que lo más importante es mantener el nombre, ser una persona correcta, porque uno dura toda una vida construyendo un nombre, pero en un segundo lo puede tirar abajo. Hay que ir lento, hacer las cosas bien y mantener la confianza que nos han dado”, explicó Marisya a RD.
En la actualidad el negocio sigue siendo familiar. Don Roberto Federspiel Pinto, hijo de Hubert Federspiel, funge como presidente; su hijo Roberto es director general, su hija Marisya es directora de Comunicación, y su hija Marianne es directora de proyectos. Además, su esposa, Marisya Murillo, ha sido fundamental para establecer la identidad de Universal como “la tienda de la Navidad”.
