Revista Dominical

¿Por qué nos gusta tanto He-Man? Testimonios adultos de niños ochenteros

‘Los Amos del Universo’ han ido y han venido pero nunca desaparecido. En medio de una nueva ola de popularidad de estos personajes absurdamente musculosos, estas son las memorias de los chiquillos que 35 años atrás jugábamos a salvar (o destruir) Eternia.

He-Man
He-Man
La línea de figuras "Origins" modernizó los viejos juguetes de He-Man, dándoles algo que siempre se echó de menos en los años 80: articulaciones. Foto: Víctor Fernández. La línea de figuras "Origins" modernizó los viejos juguetes de He-Man, dándoles algo que siempre se echó de menos en los años 80: articulaciones. Foto: Víctor Fernández.

En mi caso, He-Man era terapéutico. Siendo asmático crónico, de esos que tenían que internarse al menos una vez al mes en el Hospital de Niños, los juegos “tradicionales” de los varones en los recreos escolares (entiéndase, mejenguear) no eran una opción, además de que usaba zapatos ortopédicos y el correr no se me daba bien.

Era 1984 y en mi religiosa escuela, que en aquel entonces se apegaba al hoy arcaico modelo de “solo hombres”, la tribu se dividía en dos: los que jugaban fútbol y todos los demás. Así, mientras los otros carajillos salían desesperados apenas sonaba la campana hacia la cancha para correr tras un balón, mis amigos y yo nos íbamos a la zona de los árboles, donde improvisábamos los paisajes del planeta Eternia sin necesidad de salir de Zapote.

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