
En la muy conocida parábola del hijo pródigo, el protagonista del pasaje bíblico es un joven muy mal portado y ciertamente desagradecido. Todo lo despilfarró cuando dejó la finca de su padre y, para rematar, solo miserias cosechó cuando se fue a rodar tierras lejanas.
Lo de Bryan Ruiz no tiene nada que ver con eso, todo lo contrario: El Capi es un deportista modelo y de sobra agradecido con quienes de chiquillo le dieron pelota en el futbol tico. Pero en lo que sí son igualiticos el futbolista alajuelense y el hijo que arrepentido volvió a su padre, es en la fiesta que se armó a su regreso.
Aquello fue histórico. Es que no solo en la Liga, equipo de sus amores, querían matar el becerro más gordo para celebrar su sorpresiva llegada. Saprisistas y hasta heredianos fantasearon con que el jugador se uniera su filas; prepararon sus mejores memes para ’joder’ a los manudos, adobaron bien la carnita y dejaron enfriar las bebidas para recibir al ídolo del fútbol nuestro.

¿Alguna vez habíamos visto eso con un legionario? Pues me atrevo a decir que no. Sucedió en el 2020, el triste año de la pandemia, y en el futuro solo el retorno de un hombre llamado Keylor Navas podría superar tan singular barullo.
Pues bien, como morado que soy, he de confesar que yo me sentí como el hermano celoso de la parábola. No porque yo creyera merecer un trato similar al de Bryan, obvio que no, sino más bien por resentido. Me ilusioné, como muchos, con una foto que circulaba en internet que mostraba a un adolescente Ruiz sosteniendo la bandera saprissista y luego con el cuento de que el abuelo del futbolista, al fin, había convencido a su nieto de jugar en Tibás.
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Todos fueron patrañas, ilusiones vanas, que sin duda generaron un toque de molestia contra el histórico Ruiz. ¿A vos no, morado?, vamos, que no hace mal reconocerlo.
Pero un día cualquiera de diciembre, este saprisista iba a contar con la oportunidad de tener al mismísimo Ruiz frente a frente -por Zoom, debido a la covid-19- pero de frente, al fin. Era la oportunidad para desahogarme, pero sobre todo para intentar sacarlo a él de su serio talante, de las cajoneras respuestas que suelen dar los futbolistas y preguntarle todo los que los periodistas deportivos no preguntan y uno como aficionado quiere saber.
Quería entender, más allá, de lo que la prensa masculló: qué fue lo que realmente pasó en el Santos de Brasil, que sintió cuando aficionados ticos lo tildaron de “muerto de hambre” por no renunciar al equipo de Pelé -aunque eso implicó no disputar un partido oficial por meses y meses-, y cómo lidia a diario con uno de sus motes más tradicionales: “galleta e’ soda”.
Quería entender cómo maneja el ser humano, no el futbolista, tan incómodos acontecimientos, y cómo enfrenta actualmente la presión de ser una especie de mesías rojinegro, una deidad futbolera del que todo manudo espera solo una cosa: el milagro de la 30.

Ah, y por supuesto, que me soltara si alguna vez -aunque fuera solo una-, vio la posibilidad de clavarle una daga a los liguistas y firmar con Saprissa.
De todo quise saber, pero poco pude, pues Bryan planta una muralla difícil de penetrar. De repente, no se si por prudencia o por costumbre suya, me siento en una típica conferencia de prensa y no en una entrevista de tu a tu. De hecho, algunas veces lo percibí algo incómodo con mis preguntas, aunque al final ya parecía, por dicha, más relajado.
Es un buen tipo Ruiz, no se vayan a confundir. Lo sentí muy franco y tremendamente respetuoso. Cuando sonó distendido yo sonreí y él también, un poco. De esos momentos de entendimiento -donde el ídolo se va y se asoma la persona-, les comparto lo poco que “el Capi” me dejó ver.
Las revelaciones del ’10′ tico
Bryan Ruiz Gonzalez, nacido el 18 de agosto de 1985 en San Felipe de Alajuelita, es el hombre que hizo delirar a Costa Rica en el 2014. El caluroso estadio Arena Pernambuco, en Recife, fue el escenario en el que El Capi siguió la pelota tras un centro de Junior Díaz, pegó el salto y sin pensarlo cabeceó certero como todo un titán. El defensor Giorgio Chiellini ni siquiera lo vio pasar y milésimas de segundo después se convirtió en el testigo más cercano de una tremenda falta de respeto: el tico, sin piedad alguna, aniquilaba al mítico Gianluigi Buffon.
Así marcó Ruiz el único gol con que la ‘Sele’ tica le ganó Italia en el mundial brasileño. Un recuerdo inolvidable que coronó tejiendo -junto al resto de sus compañeros y un tal Pinto-, la hazaña más grande que nuestro fútbol ha experimentado: jugar los cuartos de final de una Copa del Mundo.
Pero a ese mismo futbolista, que dicho sea de paso nos ha regalado decenas de alegría más, muchos ticos le llaman con desprecio y mucho desdén “galleta e’ soda”. Suena algo hipócrita esto, pero es así.
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“Con lo de galleta e’ soda, más bien a mi da mucha gracia. Incluso mi cuñada me dice cookie”, revela Bryan entre risas, sin obviar el hecho de que tiene una lesión en la espalda, que lo ha atormentado varios años de su exitosa carrera.
Pero cuando le menciono el calificativo “muerto de hambre” -ya que según una parte de la afición el futbolista no se desligaba del Santos de Brasil por puro interés al dinero- ahí sí que se descuadró el mediocampista.

“Me parece que es la peor ofensa que se le puede decir a alguien cuando hay tantas personas en el mundo pasándola mal y teniendo hambre, entonces no estoy de acuerdo con eso”, responde serio.
“Yo me he equivocado muchas veces en mi vida. No lo voy a negar. Pero en eso no me he equivocado. Cada jugador toma sus decisiones. Que la gente hable o no hable es indiferente, cuando uno es el que sabe como se dieron las cosas”, agregó.
El buen Ruiz se vuelve a poner algo tenso cuando mencionó el nombre Jorge Luis Pinto Afanador. Estamos en la sección Brasil 2014 y es claro que el tema no puede faltar, pues para todos son conocidas las serias diferencias que el técnico y varios seleccionados más tuvieron en la cita mundialista. Tal parece, eso sí, que he cometido el pecado de decir Voldemort, “el innombrable”, pues el asunto no es nada feliz para él.
-Bryan, sí inevitablemente tuvieras que mantener una conversación con Pinto en este momento ¿qué le dirías?-, le pregunto.
“Con el profe yo no tengo nada de que hablar. Si él lo quiere hacer estaremos abiertos. Yo muy respetuosamente lo saludaría y nada más, porque una persona que ha salido a decir cosas, mentiras y ha querido salir a dañar la imagen de uno...para dañar y destruir, no veo porque uno quiera hablar algún tema con él”, expresó el ’10′.

De paso, un anuncio muy personal. Ruiz quiso dejar claro que su luna de miel fue en la paradisíaca Nassua, en Bahamas, no en Brasil, como lo aseguró una vez Pinto en una entrevisa. “Eso es mentira de él”, sentencia un toque indignado.
¿Y si Pinto regresa a la Sele y te llama? ¿Vas?- repregunto.
“Seguramente iría”, responde, pero sin mencionar en qué condiciones.
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Otro equipo al que iría Ruiz es Saprissa. Sí a Saprissa. A pesar de tener tatuado un tremendo león en su piel blanca, Bryan asegura que si la escuadra rojinegra le hubiera dicho “no podemos, o no queremos”, sin problema se pudo haber puesto la casaca morada.
No porque su abuelo Rubén González se lo haya pedido innumerables veces; no, sino porque como profesional del futbol no duraría en tomar una decisión de ese tipo.

“Mi abuelo es morado hasta la muerte. Mis hermanos y yo le decimos papi, pues como mi padre se fue cuando yo era niño, él tomó ese rol. Por ende yo quisiera agradarle en todo... pero creo que ya ha venido resignándose. Creo que por encima de todo, si yo estoy feliz, él está feliz”, reveló Ruiz.
Eso sí, El Capi no oculta que, con su vuelta a Costa Rica, su abuelito Rubén se ilusionó de nuevo. Tenía una especie de última esperanza, asegura el jugador.
“Incluso hoy no sé si le habrá quitado”, agrega entre risas.
El peso de la 30
De la parte más íntima de Bryan Ruiz, quizá usted quiera saber que no es muy ducho cocinando, que se considera muy romántico con su esposa -Carolina Jaikel-, le gusta el cine, jugar tenis y ver muchas series en casa.
En este momento, como casi todos los ticos, está viendo Gambito de dama, en Netflix, y se declara “atrapado” por This Is Us.
Pero aunque todo eso suena muy cotidiano, no hay que olvidar que la vida de Bryan Ruiz no es precisamente la de un hombre común. Mucho menos ahora. Para lo niños es un referente, para la historia deportiva es una de las principales estrellas del fútbol nacional y para la Liga Deportiva Alajuelense y su afición una especie de salvador.
No imagino la presión que Bryan debe cargar bajo sus hombros. Muchas de las esperanzas por la ansiada copa 30 de la Liga reposan sobre él, sobre su llegada prodigiosa, sobre sus piernas y sobre lo que pueda aportar en la cancha.

Bryan lo tiene claro, pero aún así no se le mueve ni un pelo cuando se le menciona el tema.
-¿Has pensado que pasaría con vos si no ganan la 30?- le cuestiono.
“Sinceramente no lo he pensado, porque yo solo pienso en ganar. Pero también se que esto es fútbol y todo puede pasar. Me ha tocado momentos muy duros en mi carrera, como la eliminación de un mundial, en Estados Unidos. Si yo fuera un joven de 17 y 18 años quizá no lograría entender que eso es parte del fútbol, pero yo de mi parte he vivido las buenas de ser campeón, de perder y ganar en el último minuto. Pero por ahora, solo pienso en ganar”.
Otra cosa que no piensa Bryan es en el retiro. Al menos no todavía. Sin embargo, confiesa que ya tiene inversiones y negocios en bienes raíces que se convertirán en su sustento el día que cuelgue los tacos. Además reveló que le gustaría estudiar informática y, por si acaso, ya está sacando su licencia de entrenador.
“Por si acaso, yo aún no sé si quiero ser entrenador, solo me estoy preparando por si el gusanillo me pica un día”, afirma convencido.

Pero si se retira mañana o dentro de tres años, Ruiz se dice feliz, pues asegura haber logrado más en su carrera de lo que siempre imaginó. Eso sí, acepta que le gustaría cerrar su andar por las canchas con otro mundial y que siempre le quedaron clavos deportivos que no pudo sacarse: no haber jugado nunca en la liga española, por ejemplo.
Pero da igual. Ruiz es un competidor nato. Lo da todo sin importar que esté jugando contra Jicaral y no contra el Real Madrid. Sueña con ser campeón con la Liga tal como lo hizo con el Twente holandés, y se imagina llenándolo de gloria como lo hizo una vez con la Sele.
Ahora solo resta esperar que ni los fantasmas del señor Scrooge se acerquen a la final. Él va con todo y contra todos, pues esta Navidad planea brindar con una ‘copa’. Ya veremos.
