Fabrice Le Lous. 14 diciembre, 2019
Gustavo Matosas el 4 de setiembre de 2019, cuando anunció que renunciaba a la Selección de Fútbol de Costa Rica porque estaba aburrido. Foto: Mayela López / La Nación.
Gustavo Matosas el 4 de setiembre de 2019, cuando anunció que renunciaba a la Selección de Fútbol de Costa Rica porque estaba aburrido. Foto: Mayela López / La Nación.

Cansancio del ánimo originado por falta de estímulo o distracción, o por molestia reiterada. Esa es la definición de la palabra ‘aburrido’, según el diccionario de la Real Academia Española. Este fue el sentimiento que le provocó a Gustavo Matosas entrenar a Costa Rica, mientras se embolsaba ¢33 millones al mes; más pluses.

Basta leer el párrafo anterior para comprender la animadversión que el exfutbolista y entrenador uruguayo ha fraguado quizás para siempre en Costa Rica. ¿Cómo se le ocurrió decir que se iba porque se “aburría”? Pero lo dijo. Un desliz raro en su cuidado historial de interacción con los medios. A los cuatro días de su atropello, se fue a entrenar al Atlético San Luis, un club que acaba de ascender a primera división en México. La aventura fue fugaz: no cumplió dos meses en San Luis cuando fue separado del puesto tras la publicación de presuntos casos de corrupción en clubes donde entrenó.

En México lo investigan, en Uruguay lo admiran y en Costa Rica lo detestan. Matosas vive tiempos sombríos a finales de 2019, pero protagonizó momentos luminosos en el pasado. Dependiendo del pasaporte con que se lo vea, es una persona que genera sentimientos abismalmente diferentes. Buenos, malos y feos.

Habilidades sociales de primera

Gustavo Matosas es socialmente inteligente. Sabe manejarse entre sus pares y sabe manejar a los medios de comunicación. Casi echárselos en la bolsa. Por su salida abrupta de Costa Rica y por los casos de dinero aparentemente mal habido en México, es lógico que el entrenador declinara hablarnos para esta publicación, pero Daniel Rosa, editor de Deportes en El País –uno de los periódicos más importantes de Uruguay– dice esto para Revista Dominical:

“Gustavo siempre fue una persona muy atenta, abierta al diálogo, servicial ante los requerimientos del periodismo”.

Su colega Juan Aldecoa, editor de Deportes en otro gran periódico de Montevideo, La Diaria, lo admite:

“Pensarás que somos muy ilusos, pero en Uruguay no se habló mucho del tema (casos de presunta corrupción). Este es un país chico, y hay muchos intereses alrededor del deporte. De hecho, varios de los periodistas del mainstream son muy cercanos a Matosas, y en algunos casos amigos. Él siempre se ha revuelto bien con la prensa”.

Matosas fue anunciado como entrenador de Costa Rica en octubre de 2018, aunque empezaría a trabajar con los jugadores hasta 2019. En esos tres meses hizo giras de medios, y gestionó con sabiduría su imagen.

No solamente cuidó su discurso, alabando –casi adulando– a la Federación, a los jugadores ticos, a las instalaciones, al potencial del proyecto. También cuidó su aspecto.

¿Cada cuánto tiempo vemos en el banquillo a un exfutbolista que cuida su apariencia hasta el último milímetro, es bien parecido, se preocupa por la ropa que viste? La dirección de los banquillos es, por lo general, tierra de barrigones.

Tez morena, cabello oscuro veteado de canas pero bien recortado, al igual que sus vellos faciales; delgado, en forma, sonriente y carismático. Gustavo Matosas entró a La Nación por primera vez con traje azul rey, pantalón gris de vestir y un abrigo de autoconfianza.

Cuando la Comisión Técnica de la Fedefútbol lo eligió para el puesto, no se fijó en él por su recorrido como entrenador (algo irregular; con triunfos lejanos), sino porque arrasó en la entrevista. El uruguayo la preparó en 20 días de trabajo meticuloso para lograr su objetivo: un contrato jugoso y un lapicero para firmarlo.

En los ocho partidos que dirigió a la Selección, Costa Rica ganó tres (Jamaica, Nicaragua y Bermuda) y perdió cinco (Estados Unidos, Guatemala, Perú, Haití y México –en penales). Resultados mediocres que iban a ser tolerados, de no ser por la renuncia de Matosas por aburrimiento (o por un mejor contrato en México).

04/09/2019. Estadio Nacional, Parque Metropolitano La Sabana. Hora: 05:20 p.m. El entrenador de la Selección Nacional de Costa Rica llegó a las 5:20 p.m. al entrenamiento de la oncena y luego ofreció conferencia de prensa para anunciar su salida de la tricolor. Con él estuvo el presidente de la Federación de Fútbol, Rodolfo Villalobos. Fotos: Mayela López
04/09/2019. Estadio Nacional, Parque Metropolitano La Sabana. Hora: 05:20 p.m. El entrenador de la Selección Nacional de Costa Rica llegó a las 5:20 p.m. al entrenamiento de la oncena y luego ofreció conferencia de prensa para anunciar su salida de la tricolor. Con él estuvo el presidente de la Federación de Fútbol, Rodolfo Villalobos. Fotos: Mayela López
Lo bueno: experiencias envidiables

Matosas nació el 25 de mayo de 1967 en Buenos Aires, Argentina, hijo de padres uruguayos: Blanca Paidón y Roberto Matosas, también futbolista. Pasó parte de su infancia en México, en Toluca, donde compartió salón de clases con Enrique Peña Nieto, el expresidente de México.

“Un par de veces jugamos fútbol en casa de amigos. Siempre se armaban partidos que terminaban con muchas sonrisas”, dijo Matosas de Peña Nieta a medios locales cuando visitó la casa presidencial tras ganar la Liga MX como entrenador de León.

El charrúa siguió los pasos del padre e incursionó en el balompié desde joven. En Peñarol ya era titular cuando ayudó a gestar la última gloria continental del club aurinegro: ganar la Copa Libertadores en 1987.

Ese año también levantó la Copa América con su selección, la Celeste, siendo coequipero del legendario Enzo Francescoli; y ganó a la vez el “Clásico de los 8 contra 11”, un trepidante encuentro entre Peñarol y Nacional que este último perdió 2-1 a pesar de tener tres jugadores más que su rival. Matosas fue uno de los ocho jugadores de Peñarol que lograron ganar ese duelo con gol al minuto 83.

Gustavo Matosas (abajo, segundo de izquierda a derecha) fue uno de los protragonistas del raro
Gustavo Matosas (abajo, segundo de izquierda a derecha) fue uno de los protragonistas del raro "Clásico de 8 contra 11", muy recordado en Uruguay. Foto: Cortesía / La Diaria (Uruguay)

Esas son quizás las mejores memorias de Matosas como futbolista. Las vivió con su selección y con el primer club donde jugó como profesional. Aquella final de Libertadores se resolvió al minuto 120 de una serie ida y vuelta. Él fue titular en el primer duelo, pero se lesionó. El entrenador era Óscar Washington Tabárez, actual seleccionador de Uruguay. El joven Matosas levantó la copa de clubes más prestigiosa del continente y se marchó al fútbol de España, al Málaga.

“Como futbolista era un volante completo, de ida y vuelta. Le pegaba muy bien con ambas piernas. Un todoterreno. Se adaptó a cualquier fútbol. Fue a Argentina y jugó, y fue a España y jugó. Un volante moderno del día de hoy”.

Las palabras son del ‘profe’ Valenzuela, amigo de Matosas y asistente técnico suyo en Arabia Saudí (2016) y San Luis (2019).

Gustavo Matosas jugando para el club argentino San Lorenzo de Almagro. Foto: tomada del Twitter de SportsCenter (ESPN)
Gustavo Matosas jugando para el club argentino San Lorenzo de Almagro. Foto: tomada del Twitter de SportsCenter (ESPN)

Matosas jugó en 14 clubes diferentes en 17 años de carrera, distribuidos en Uruguay, Argentina, Brasil, Colombia, México y China. Como entrenador, dirigió el banquillo de 15 equipos entre el 2002 y el 2019.

Sus mayores éxitos como timonel los cosechó en Danubio, ganando el Campeonato Uruguayo de Primera División en el 2007 –entrenando a un joven Edinson Cavani–, y también al frente del Club León, al que dirigió por 1.067 días.

En el León de México ganó el Torneo Apertura 2013 y el Torneo Clausura 2014. Esto le dio la fama para dirigir a uno de los dos clubes más grandes de ese país: el América, archirrival de Guadalajara. Con los capitalinos alzó la Liga de Campeones de la Concacaf en el 2015. El último trofeo que ganó como técnico.

En Uruguay, tierra de gigantes del fútbol –bicampeones del mundo y cuna de cientos de jugadores de talla planetaria–, Matosas no es un improvisado, aunque tampoco es una mega estrella. Juan Aldecoa, editor de Deportes en La Diaria de Montevideo, ubica al exentrenador de Costa Rica como un protagonista de “una de las gestas más maravillosas que tuvo nuestro fútbol (lo de Peñarol en 1987)”.

“Aquí es respetado por lo que fue como futbolista y también como entrenador”, apunta Daniel Rosa, editor deportivo en El País.

Dirigiendo jugadores, Matosas tiene la fama de ser exigente, demandar disciplina, decir las cosas de forma directa, sin adornos. Él mismo pregona un estilo de juego ofensivo cuando promete llevar éxitos a sus equipos, pero no siempre lo logra.

Su antiguo asistente, el ‘profe Valenzuela’, lo describe con esta anécdota:

“En (Arabia) Saudí había un complejo de viviendas para futbolistas y entrenadores extranjeros top. Exclusivo. Yo no me podía quedar ahí por el dinero, pero Matosas pagó la diferencia para que me quedara con mi familia en una casa de ese lugar. Tenía detalles que no son vistos en otros entrenadores”, cuenta Valenzuela.

El ‘profe’ dice que Matosas es “un líder al que todos seguirían”. Y sobre los escándalos que se supieron en setiembre, cuando ambos trabajaban en Atlético San Luis, prefiere no opinar: “Yo solo le tengo palabras de agradecimiento. Yo nunca le vi nada extraño”.

Lo malo: ¿dinero ilegal?

Dejar a Costa Rica como lo hizo Matosas fue lamentable, pero más lamentable es el tumulto por presunta corrupción que lo persigue en México.

Según una investigación del periodista mexicano Amir Ibrahim, publicada en el diario El Quintanaroo, a lo largo de su carrera como entrenador, Gustavo Matosas acostumbraba contratar jugadores representados por el agente Fernando Pavón. De acuerdo con el reportaje, Matosas hacía esta operación con Pavón para amasar fortunas por cada fichaje, cobrando comisiones ilegales.

Por ejemplo, para ilustrar lo expuesto por El Quintanaroo, Matosas le pedía al club que dirigía que fichara a un jugador Fulano, representado por Pavón. Si el jugador Fulano valía $1.000, Matosas y Pavón acordaban pedir $1.500 para ellos repartirse $250 cada uno y dejarle $1.000 al equipo vendedor de Fulano. A Pavón igual le quedaría una parte del trato por ser el representante, pero Matosas no debería recibir un cinco por estos traspasos, pues él ya tiene su salario independiente.

El periodista Ibrahim asegura que ocho jugadores representados por Pavón terminaron en clubes dirigidos por Matosas. Y por el fichaje de Matías Britos al Club León en el 2012, Matosas habría cobrado $300.000.

Tanto Pavón como Matosas han evitado referirse al tema públicamente, pero las pocas veces que lo han hecho, han dicho que las pruebas en su contra son fabricadas (un video y un audio de 17 minutos, además de copias de varios contratos).

La investigación asegura que el video de casi 20 minutos, donde Matosas se niega a firmar un documento pero pide dinero adelantado por la compra de un jugador, la realizó el mismo Pavón con un lapicero que tenía grabadora y una diminuta cámara incrustada. Es decir, alguien cercano al entorno de Pavón hizo llegar el material a El Quintanaroo.

Teniendo esto en cuenta, es por lo menos sospechoso que las recientes tres rupturas del técnico uruguayo con los clubes América (2015, México), Al Hilal (2016, Arabia Saudí) y Cerro Porteño (Paraguay) se dieran porque los dirigentes de estos equipos se negaran a contratar a jugadores recomendados por Matosas.

En México se armó un pandemónium cuando esta información se hizo pública, a finales de setiembre. En redes sociales, donde se han ventilado los posibles casos de corrupción, varios usuarios sugieren que Matosas no abandonó Costa Rica por aburrimiento sino para regresar al esquema de comisiones por jugadores.

El periodista azteca David Faitelson dijo que Costa Rica se liberó de “una carga” al separarse de Matosas. Y el San Luis no quiso averiguar si era cierto que Matosas deseaba retornar a sus antiguos negocios, y decidió echarlo.

Diciembre de 2019 es una mala hora para el dandy que sedujo a Costa Rica con palabras melosas y luego se burló diciendo que se aburría. En Uruguay todavía lo admiran y respetan. En México lo señalan e investigan. En Costa Rica, el enojo va cediendo lugar a los memes, y el que se burla ya no es Matosas. A veces es preciso hacerle caso a los dichos. Es más saludable reír de último.