Revista Dominical

Oppenheimer: El padre de la bomba atómica, el destructor de mundos

Se cumplen 77 años de la tragedia nuclear en Japón y J. Robert Oppenheimer, director de aquel proyecto, se ha convertido en una figura a examinar ante el anuncio de una película sobre su vida.

El primer póster de la película sobre J. Robert Oppenheimer, titulada a secas con su apellido, es una paradoja: el humo de una explosión abraza el título del largometraje; es una expresión tan minimalista como referente a la hecatombe que significó la vida y los dilemas que rodearon al director del proyecto Manhattan, aquel destructivo plan que acabó con la vida de miles de personas en Japón en el ya lejano agosto de 1945.

Cillian Murphy, a quien muchos ubican hoy como la cara de la serie Peaky Blinders, se quita la boina de su habitual personaje y se coloca el sombrero y el cigarro que siempre distinguió a aquel físico. Oppenheimer se mostró en vida arrepentido por el caos de su creación, tras una vida de contradicciones que todavía cuesta entender, aún 55 años después de su muerte.

De su carrera se dice mucho, así como sobre sus intereses, sus supuestos vínculos comunistas y el halo que se arrastra sobre su memoria, una que repetidamente trata de analizarse. Con el anuncio de Oppenheimer, el filme que llegará el otro año a salas de cine y que se ha anticipado desde este agosto, repasar y repensar su figura pareciera tarea inevitable, justo cuando se marcan 77 calendarios de aquella tragedia.

Posiblemente, la primera forma de ubicar al conocido físico es a través de la famosa anécdota sobre su presencia en Alamogordo, Nuevo México, cuando por primera vez vio una bola de fuego de una explosión nuclear. Se trataba de una prueba realizada un mes antes de los ataques contra Japón, que fueron parte de la estratagema trazada en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

Aquella prueba, titulada Trinity, fue el primer paso para convertir al mundo en algo distinto. Cuando Oppenheimer vio el hongo nuclear que se alzó por los cielos, se dice que el científico pronunció una frase extraída del poema hindú Bhagavad Gita: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”, dijo el físico.

Un mes después, en agosto, la tragedia llegó: dos bombas reventaron sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón, donde se estima que murieron entre 150.000 y 250.000 personas.

Por supuesto, Oppenheimer no llegó “porque sí” al puesto de director de aquel proyecto nuclear. Para conocer su historia, hay que devolverse hasta el 22 de abril de 1904, año en que nació en Nueva York.

En esa misma ciurdad, Oppenheimer estudió filosofía, literatura e idiomas (incluso se dice que tenía tanta facilidad para los idiomas que llegó a aprender italiano en un mes) y siempre era visto como el chico listo de la clase. Todo pintaba a que este hombre era una mente excepcional, un fanático de las lecturas de Platón y un lector con gran entusiasmo por los antiguos poemas hindúes, como el que pronunciaría tantos años después en Nuevo México.

Robert creció con el apodo Oppie, uno que se hizo más notorio conforme pasó sus años en la Universidad de Harvard.

En un artículo publicado por National Geographic, el historiador J. M. Sadurní explicó cómo era su vida en sus tempranos veinte. “Empezó a mostrar interés por la física experimental en la Universidad de Harvard, concretamente mientras cursaba la asignatura de termodinámica que impartía el profesor Percy Bridgman”, cuenta el historiador, pero en Estados Unidos, muy pocos centros dedicaban parte de sus programas de estudios a ese tema.

Fue así que Oppenheimer decidió seguir sus estudios en Europa y entró al posgrado en el famoso Laboratorio Cavendish, nombre del Departamento de Física de la prestigiosa Universidad de Cambridge. Allá se toparía, nada menos, que con el físico y químico neozelandés Ernest Rutherford, el padre de la física nuclear y quien, a la fecha, se considera el gran científico que tuvo el mundo después de Michael Faraday.

En fin, en aquellos años (la década de los 20), el mundo vivía un cambio estructural del cual todo libro de historia habla. Pero para Oppenheimer, nada de eso importaba, según cuenta Sadurní.

“En la década de 1920, el científico parecía vivir al margen del mundo: no leía los periódicos ni escuchaba la radio. Se enteró del crack de Wall Street mientras paseaba con el físico y posterior premio Nobel Ernest Lawrence ¡seis meses después de que ocurriese! Afirmó que la primera vez que votó fue durante las elecciones presidenciales del año 1936”, explica.

En 1926, el físico se matriculó en la Universidad de Göttingen, en Alemania, para estudiar bajo la supervisión del físico y matemático alemán Max Born, uno de los pioneros de la física cuántica. Allí Oppenheimer se nutriría en primera fila de las más grandes mentes de su siglo, como pasó con sus encuentros con el Premio Nobel de Física Paul Dirac.

Tras una breve pasantía en las universidades de Leiden y Zurich (donde compartió tres meses con el extraordinario Albert Einstein), Oppenheimer regresó a Estados Unidos para impartir clases de Física en la Universidad de Berkeley y en el California Institute of Technology y así ponerse en el mapa nacional de talentos, en especial en cuanto a partículas subatómicas se refería.

Cuando se busca sobre la vida del físico, es fácil encontrarse con rumores sobre sus tintes aparentemente comunistas.

Todo comenzó, aparentemente, porque a mediados de la década de los años 30, Oppenheimer empezó una relación sentimental con Jean Tatlock, hija de un profesor de literatura de Berkeley. Aparentemente, tanto por la muchacha como por su círculo de amigos, aparecieron muchas personas que empezaron a susurrarle al oído ideas de izquierda.

Cuando su padre murió, en 1937, el físico destinó parte de la fortuna de su progenitor (un alemán que se enriqueció con la importación de productos textiles) hacia organizaciones antifascistas, que estaban en contra del ascenso del nazismo. El asunto fue que, cuando Stalin despreció a su equipo de científicos, la voluntad del físico se lavó y terminó desvinculándose de esas organizaciones que aún hoy se recuerdan como “comunistas”.

Aunque Oppenheimer nunca se inscribió oficialmente con el Partido Comunista de Estados Unidos, historiadores como Gregg Herken afirman que el físico sí tuvo relación con el comunismo durante las décadas de 1930 y 1940.

Por supuesto, algo tan grande como el proyecto Manhattan no era una conversación que se podía tener en altavoz. Se dio a conocer que Oppenheimer era un tipo no solo talentoso, sino que había tenido de primera mano contacto con los grandes nombres de la ciencia.

Cuenta el historiador Sadurní que Oppenheimer fue incluido entre los científicos que compusieron el elenco del proyecto Manhattan, a pesar de que el FBI había empezado a investigarle en 1941 para comprobar si militaba en el Partido Comunista de Estados Unidos.

Dentro de esta investigación sí pudieron confirmar que formaba parte del Comité Ejecutivo de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, la cual, palabras más palabras menos, también tenía influencia de izquierda.

Eso era suficiente motivo para tenerlo de reojo e, incluso, según las averiguaciones que se han hecho a la fecha, el físico fue incluido en el Índice de Detención Preventiva. ¿Qué era aquello? Pues, bueno, una lista en la que estaban todas las personas que, en caso de emergencia nacional, debían ser arrestadas.

Las vueltas del destino hicieron que Oppenheimer no estuviese bajo la lupa, como mucho de otros de sus colegas. La razón es simple: Leslie R. Groves, alto mando del proyecto Manhattan y supervisor de la construcción del Pentágono, tuvo en gracia a Oppie y lo puso al frente del proyecto nuclear que se desarrollaba secretamente.

Ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y conforme se corrieron los rumores de proyectos nucleares alrededor del mundo, grandes mentes como Albert Einstein y Leo Szilard advirtieron acerca de la amenaza que suponía que los nazis dispusieran de bombas atómicas.

A Oppenheimer se le encargó, como contraparte de aquella posibilidad, la tarea de investigar qué se podía hacer para que Estados Unidos tuviera la bomba. El físico dispuso de todas sus energías para investigar sobre el proceso de obtención de uranio-235 a partir de mineral de uranio natural, a la vez que determinaba la masa crítica de uranio requerida para poder idear un explosivo colosal.

En 1942, Oppenheimer se integró formalmente al proyecto Manhattan, en el que estaban grandes científicos locales y británicos. La sede central del proyecto (un laboratorio secreto) se encontraba en Los Álamos, en Nuevo México, sitio elegido por el propio Oppenheimer.

Alex Wellerstein, un historiador especialista en armas nucleares, conversó con BBC Mundo sobre ese trayecto de la vida del físico. “Oppenheimer ocupó un puesto de inmensa responsabilidad y fue llevado al límite”, contó el especialista.

“Estuvo involucrado en decisiones clave sobre el diseño de las bombas atómicas y en las decisiones sobre cómo se usarían estas bombas; instó a que se usaran en contra de ciudades y estaba en el comité que tomó decisiones sobre dónde se lanzarían las bombas exactamente”, reveló en noviembre del 2021.

El resto es historia: tras años de dedicación absoluta, reventaron las dos bombas atómicas en suelo japonés, en Hiroshima y en Nagasaki, en agosto de 1945. El orgullo que había sentido Oppenheimer tras las pruebas de Nuevo México se convirtió en sentimiento de culpa.

En una ocasión, posterior a los trágicos eventos, el presidente Harry S. Truman se reunió con el físico. Allí, Oppenheimer le dijo que sentía tener “las manos manchadas de sangre”. Los rumores dicen que, cuando el científico salió de la habitación, Truman dijo que no quería volver a ver a nunca más a “este malnacido”.

Dos meses después de la explosión de las bombas, Robert Oppenheimer dimitió como director del proyecto Manhattan.

Desde 1947 hasta 1952 fue asesor de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos donde, a causa de su remordimiento, abogó por el control internacional del poder nuclear para evitar que las armas nucleares se proliferaran, a la víspera de la carrera armamentista entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Además, se opuso fuertemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Aún así, sus esfuerzos no tuvieron éxito. Con el nacionalismo exacerbado de aquellos años, las declaraciones cayeron mal.

“A fines de la década de 1950 y principios de 1960, Oppenheimer estaba bastante amargado y lamentaba muchas cosas. El área de su arrepentimiento siempre se centró en estos fracasos de la posguerra. Lamentó no haber tenido éxito con sus ambiciones de control de armas y haber sido incapaz de frenar el aumento de grandes arsenales de varios megatones”, dijo Wellerstein sobre esta etapa de la vida del científico.

Debido a su antigua y supuesta vinculación con grupos comunistas, fue víctima de la “caza de brujas” del senador Joseph McCarthy, quien logró que se le destituyera de la presidencia de la Comisión.

De hecho, en 1953, Oppenheimer fue acusado de haber mantenido vínculos con el comunismo y de haber protegido a sospechosos de serlo cuando estaba a cargo del proyecto Manhattan. Finalmente, no pudieron encontrar evidencia para acusarlo, pero pasar por un escándalo público acabó siendo una gran humillación para él.

De lo último de su vida se registra que, en 1963, el presidente Lyndon B. Johnson le hizo entrega del premio Enrico Fermi de la Comisión de Energía Atómica. Tres años más tarde, J. Robert Oppenheimer moriría a causa de un cáncer de garganta.

¿Cómo retratar una historia con un tema tan sensible y con una figura tan contradictoria?

Christopher Nolan, director inglés que había sido prácticamente conocido por sus filmes lejanos a cuestiones políticas, había tenido en Dunkirk (Dunkerque), su primer acercamiento a una historia con tintes políticos, al retratar la batalla librada en ese territorio francés.

Después de Tenet, filme de ciencia ficción, parece que el cineasta quiere volver al terreno político y ahora en grande, con la adaptación del libro American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer, publicación del 2005 escrita por Kai Bird y Martin J. Sherwin.

La película viene con un elenco impresionante: Cillian Murphy interpretará a Oppenheimer y será acompañado de Robert Downey Jr., Florence Pugh, Emily Blunt, Matt Damon, Rami Malek, Jack Quaid, Kenneth Branagh, Dane DeHaan, Benny Safdie y Matthew Modine. La película se grabó justamente en Nuevo México y, a finales de julio, se dio a conocer el primer tráiler de la cinta, la cual lleva una gran expectativa.

Aparentemente, Nolan se interesó rápidamente en la historia del físico. Charles Roven, productor habitual de este director, le propuso la adaptación del libro y lo convenció.

“Conozco a Chris desde hace casi 20 años. Estábamos disfrutando de un fin de semana juntos y mencioné esta idea. Al hablar al respecto, Chris dijo: ‘bueno, déjenme leer el libro’. A los días, él regresó y dijo: ‘estoy interesado en hacerlo’”, contó el productor al portal ScreenRant.

Aún no se sabe si Oppenheimer seguirá una estructura narrativa relativamente clara o si optará por algo más parecido a Dunkerque, su otra película de la era de la Segunda Guerra Mundial, que fue montada con una estructura no lineal.

El intérprete Cillian Murphy ha dado sus primeras impresiones sobre esta figura histórica. En diversas entrevistas, ha dicho que el enfoque de la película es, precisamente, tratar de entender quién era Oppenheimer sin entrar en la mecánica de cómo se crea una bomba atómica.

Murphy, quien previamente trabajó con Nolan en tres películas de El Caballero de la Noche, así como en El Origen y Dunkerque, dijo en una entrevista con The Guardian que ha estado leyendo mucho para interpretar el papel.

“Me interesa el hombre y las consecuencias que tuvo inventar la bomba atómica para su individualidad. La mecánica de esto, de cómo hacer una bomba, no es realmente importante para mí. No tengo la capacidad intelectual para entenderlo y tampoco la película va sobre eso”, dijo Murphy.

El actor dijo que siempre le han fascinado los personajes contradictorios como Oppenheimer y lo comparó con Thomas Shelby, su personaje protagónico de la exitosa serie de televisión Peaky Blinders.

“Estos personajes contradictorios son fascinantes. Tommy Shelby también es una completa contradicción”, contó Murphy. “La gente se identifica con eso, porque todos andamos con estas ideas contradictorias coexistiendo en nuestras cabezas”.

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