Revista Dominical

Obituario 2021: Charlie Watts, el baterista más jazzero del rock

Músico inglés, 1941 - 24 de agosto del 2021

Un baterista extraordinario, trascendental y profesional es aquel que por su simpleza, elegancia, noción real del ritmo y un oído exquisito sabe acompañar una banda y la hace sonar auténtica e irrepetible. Charlie Watts es uno de esos bateristas. Uno que, al igual que Ringo Starr, logró hacer que yo redefiniera mi concepto de virtuosismo.

Charlie me hizo cuestionarme el por qué quería ser baterista. Me hizo pensar en cual sería mi verdadero rol en la música y, al mismo tiempo, me hizo darme cuenta que más allá de lucir trucos pirotécnicos sin sentido en una batería, lo esencial de hacer música se resume en dos puntos fundamentales:

1. El sentido de tener buen gusto y la creatividad, que solo se desarrolla permitiéndose explorar múltiples estilos musicales.

2. Entender qué lo más importante es la música y ese es el sentido de pertenecer a una banda.

Él fue el claro ejemplo de que sin la necesidad de que el ego de músico sobresaliera aportó lo necesario para que las canciones fluyan, destacando lo realmente esencial —la melodía y el sentimiento—, siendo al mismo tiempo esa columna vertebral que le dio su forma sólida y ese sonido incisivo como constante, hasta que acabara la canción. He ahí el verdadero arte de la elegancia, algo que Charlie tuvo muy claro desde el primer día de trabajo hasta el final de su tan larga, exitosa y longeva carrera.

Pienso que uno de los puntos clave para entender su estilo y técnica tan particulares proviene de que fue baterista de jazz. Y si algo tiene este género es que más allá de sus complicadas estructuras musicales y despliegue de solos, cada músico se adentra en la búsqueda de llegar a tener un sonido único. Algo así como un sello personal con su instrumento, que al final terminaría por ser su legado.

Los que amamos con locura el jazz nos basta escuchar una nota de John Coltrane, Charlie Parker, de Miles Davis o escuchar bateristas como Elvin Jones o Max Roach para saber qué, indiscutiblemente, ellos tenían lo mismo que tenía Watts: pasión y su propio estilo. Basta un redoble y un beat para saber reconocerle.

Así fue como Charlie llevó su amado jazz al rock and roll, con ese sello inigualable de exactitud, casi como un reloj humano y su forma impecable de tocar la batería. Se podría decir, además, que es un deber de todo músico escuchar su exquisito trabajo con su banda de jazz, el Charlie Watts Quintet, para comprender, aún más, esto.

The Rolling Stones es una banda con orígenes fuertes y marcados por el blues, estilo musical del que, prácticamente, se desprenden todas las raíces del jazz y el rock and roll. Charlie Watts, con su influencia jazzera, cayó como anillo al dedo en los Stones, algo así como una confabulación perfecta del destino, sabiendo que a partir de su ingreso a la banda, lo demás sería historia.

El señor Watts nos deja un legado inmortal que marcará generaciones en la música. Uno de sus puntos más importantes fue la constancia, el estar siempre ahí, siendo la antítesis del rockstar, rompiendo con el cliché. Se le conoció como el tipo callado pero siempre amable, elocuente y educado, el típico caballero inglés que alguna vez, según la famosa anécdota, puso en su lugar a un Mick Jagger ebrio cuando este preguntó: “¿dónde está mi baterista?”. Charlie le respondió: “No soy tu baterista, tú eres mi maldito cantante”.

Un baterista inamovible, que impuso su estilo atípico en una banda típica del rock británico hasta el día que murió. Fue la batuta musical y la paz en medio de la vorágine de una de las agrupaciones más emblemáticas y grandes de todos los tiempos, convirtiéndolo así en leyenda, en historia y en institución.

Charlie Watts deja un vacío en la música que jamás nadie podrá llenar. Dicen por ahí que el show debe continuar, pero ciertamente la vacante física que nos dejó no es más fuerte que su legado musical y su carisma. Fue, es y será el baterista más jazzero del rock y el más roquero del jazz.

El autor es baterista.

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