“Perdón, ¿cómo dijo?” “¿Me lo podría repetir otra vez?” “¿Sesenta?” “No, señora, no, ¡se-ten-ta!”
Préstele mucha atención a sus oídos si es que ha tenido que mencionar alguna de las frases anteriores con cierta frecuencia en los últimos meses.
La dificultad para discriminar lo que los otros le dicen es uno de los síntomas de una posible disminución de su capacidad auditiva. Y el oído es uno de los sentidos más sensibles y determinan- tes en el desenvolvimiento de cualquier persona.
Contrario a lo que muchos podrían imaginar, ese tipo de problemas es muy común entre la población. Se calcula que de uno a tres niños por cada mil nacidos presenta algún problema auditivo de severo a profundo debido a factores de herencia familiar. Esta es, precisamente, la causa del 50% de todos los casos de sordera.
La sordera hereditaria se detecta tempranamente con el tamizaje auditivo neonatal tamizaje que ya se realiza en varias maternidades del país (Hospital Nacional de las Mujeres, San Vicente de Paúl, México y San Juan de Dios, así como varias maternidades privadas). De hallarse algún problema, se le colocan al niño audífonos o implantes coclea- res, los cuales, acompañados de una buena rehabilitación, le permitirá al menor adaptarse sin problemas.
Dichosamente, el país ha logrado eliminar o controlar otras razones de la sordera, como la causada por meningitis y rubéola.
El médico especialista en audiología y presidente de la Academia de Audiología de Costa Rica, José Raúl Sánchez Cerdas, explica que la sordera tiene muchas formas de manifestarse: “En la escuela primaria, tenemos sorderas moderadas o leves por infecciones en los oídos (otitis media y externa, acumulación de pus o material en biodescomposición en el oído medio).
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“Tenemos también la sordera súbita, que aparece de un momento a otro. Su causa no está muy bien definida todavía. Se dice que puede ser por virus, bacterias o problemas circulatorios. Esta sordera puede ser de un solo oído o de los dos. Para estas personas, es muy duro acostumbrarse a su condición, a diferencia de la pérdida auditiva progresiva”, dice el especialista.
Para afirmar que una persona escucha normalmente, los parámetros de audición que se manejan están entre -10 y 15 decibeles. Lo anterior significa que la persona está en capacidad de discriminar auditivamente sonidos bajos. Esa es la capacidad que debería tener un niño en edad escolar e incluso un adulto joven que no haya sido expuesto a reiterados episodios de contaminación sónica.
Conforme avanza la edad, es natural que la capacidad auditiva disminuya. “Después de los 50 años, comenzamos a perder audición. Entre los 65 y 74 años, un 30% de las personas tiene algún padecimiento auditivo. Y de los 75 en adelante, el 50%. Más del 85% de quienes viven en un hogar de ancianos, tiene algún grado de sordera”, agrega Sánchez, quien preside el laboratorio JR Sánchez Audiología.
“Herencia” ambiental
A la sordera asociada con la edad –conocida como presbiacucia– hay que agregar otros factores ambientales que colaboran en la pérdida de audición.
La sordera más común es la inducida por el ruido, que representa entre el 30% y el 50% de los problemas de audición entre adultos.
“Estamos muy expuestos al tráfico y a los contaminantes que producen. Se sabe que los productos volátiles que salen de los vehículos (canfín, querosene, diésel, gasolina) pueden predisponer a la sordera”, asegura Sánchez.
Una persona puede aguantar hasta 85 decibeles durante ocho horas diarias de trabajo, pues eso no produce daño. Ese es el ruido que puede producir una bocina de automóvil, un grito humano o el taladro de una construcción. Más allá de eso, el riesgo de perder el oído crece.
Por eso, exponerse a juegos de pólvora (como los del 8 y el 31 de diciembre), al sonido de armas de fuego o al ruido de los motores de aviones (como suelen hacer quienes van de paseo al aeropuerto a ver despegar aviones), son riesgos que bien pueden conducir a un trauma acústico irreversible.
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Más recientemente, males como la diabetes –cuyo origen mayoritariamente está en los estilos de vida poco saludables (caso de la diabetes tipo 2)–, se están convirtiendo en fuente de problemas auditivos.
Estudios recientes del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales, de Estados Unidos (2008), encontraron que la pérdida de audición es una complicación de la diabetes. Esta enfermedad puede dañar los nervios y vasos sanguíneos del oído.
El estudio que hizo ese instituto entre 5.000 individuos determinó que la sordera era más del doble de frecuente en gente con diabetes tipo 2.
Así, el 21% de diabéticos presentaba sordera de moderada a grave, mientras que los problemas de audición solo afectaban al 9% de las personas sin ese padecimiento.
La prevención y la detección temprana pasan por tener un estilo de vida saludable, evitar los ambientes ruidosos y aquellas situaciones de riesgo (como las atronadoras bombetas).
Lo que viene ya con la edad, pues ¡ni modo! Evite agregar a la pérdida natural del oído, exposiciones a fuentes de ruido que nos pueden dejar sordos.
