
Las 24 horas del día a veces no son suficientes para el líder del país más poderoso del planeta. Por lo menos no para Barack Obama, quien tiene un tiempo efectivo del día tan intenso que está en constante movimiento y flujo mental durante 19 horas por jornada, cuando menos.
A diferencia de su predecesor, el republicano George W. Bush, quien se dormía máximo a las 10 p. m. y se despertaba antes de la salida del sol, Obama prefiere despertar alrededor de las 7 a. m. y mantenerse activo hasta pasada la medianoche, tiempo en el que puede no solo cumplir con su inmensa lista de labores, sino también pasar tiempo en familia.
Contrario a lo que se podría pensar del tiempo en familia y en solitario para un presidente de los Estados Unidos, el demócrata más bien ha dicho que su estadía en la Casa Blanca le ha ayudado a ser mejor padre de familia y esposo. Si bien antes de ser presidente trabajaba sin cesar fuera de casa, al igual que su esposa Michelle, ahora ayuda mucho “vivir arriba de la tienda”.
En un reciente reportaje del New York Times, con motivo de un especial de cara a los últimos seis meses de Obama en la presidencia, se revelaron más detalles de la vida del presidente durante las ocho horas en las que no está obligado a seguir trabajando (aunque, por supuesto, eso es lo que más hace).
Desde enviar correos a altas horas de la noche, a veces para asuntos de importancia inmediata y otras para hacer comentarios sobre deportes con sus compañeros de trabajo, hasta sus extrañas costumbres en solitario, queda la impresión de que a Obama le funcionan más las horas pequeñas de la noche que el vaivén de la luz del día.
Siete almendras y mucha lectura.
“Michelle y yo siempre bromeábamos: no seis, no ocho. Siempre siete almendras”, cuenta Sam Kass, otrora chef personal de la familia Obama en la Casa Blanca, con quien el presidente solía jugar 45 minutos de pool todas las noches que fuera posible, en el cuarto de juegos ubicado en el tercer piso de la residencia.
Obama no toma café y casi nunca se le ve con una botella de bebida gaseosa en mano; su fuente de energía durante las veladas parece ser el agua y una cantidad meticulosa de almendras ligeramente saladas. En una gran pantalla plana en el cuarto de tratados, donde ahora pasa la mayoría de sus noches, normalmente hay deportes pero en silencio.
Su día comienza cerca de las 7 a. m. Lo primero que hace es ejercitarse, a como dé lugar. Luego, entre las 8:30 a. m. y las 9 a. m., llega a la oficina para trabajar hasta las 6 p. m. A las 6:30 p. m., religiosamente, cena con Michelle y sus hijas, Maria Ann (de 18 años) y Natasha (de 15).

Luego de la cena comienza su tiempo para él mismo. “Soy un ave nocturna”, le contó a la revista Newsweek en 2009. “Ceno y paso rato con las niñas hasta como las 8 p. m. Después, probablemente leeré resúmenes informativos del día siguiente o algún papeleo, y quizás escribiré algo hasta las 11:30 p.m. Después, usualmente tengo como media hora para leer un poco antes de irme a dormir, cerca de medianoche, o a las 12:30 a. m.; a veces un poco después”.
Obama siempre intenta ir un paso adelante, por lo que para sus asistentes no es extraño recibir llamadas suyas después de las 8 p. m., en las que expresa dudas sobre los temas a tratar durante las reuniones del día siguiente o sugiere cambios en sus discursos que ofrecerá. A veces, cuando la situación lo amerita, les pide a sus asistentes que regresen brevemente al trabajo para tomar decisiones de cara a la mañana.
También, todas las noches lee diez cartas de ciudadanos estadounidenses que son elegidas por su equipo de secretaría. Les contesta a todos los remitentes e incluso se dice que a veces ve en televisión a personas a las que les han negado invitaciones a la Casa Blanca y, cuando así lo considera correcto, le dice a su equipo que él es el presidente y que él cree que deberían de visitarlo.
Si bien lo visitan amigos, compañeros de trabajo y familiares durante estas horas, lo común es que Obama pase las noches solo, matando pendientes un minuto a la vez. “Muchas veces nuestros líderes presidenciales parecen necesitar energía de otras personas, pero él parece estar tranquilo consigo mismo”, explicó Doris Kearns, historiadora que ha cenado varias veces con Obama.
Su buen entretenimiento.
Cuando no está leyendo informes y cartas, ni revisando sus discursos para entregarlos de la mejor manera posible, se dedica a repasar periódicos como el New York Times y el Washington Post, a leer revistas como el New Yorker o The Atlantic, e incluso en algún momento veía el programa de sátira The Daily Show, con Jon Stewart, ícono mediático liberal del cual Obama siempre se ha declarado fiel seguidor.
También le dedica algunos minutos a alguna novela de ficción si lo tiene a bien, y los viernes se toma las horas más a la ligera, especialmente porque ese día es noche de películas en la Casa Blanca. En el primer piso, un auditorio con una pantalla de cine proyecta selecciones de los Obama y películas nuevas que les envían las empresas de la industria del cine.
Michelle y Barack se han declarado seguidores de algunas series de televisión como Homeland, Boardwalk Empire, Game of Thrones y Breaking Bad. De hecho, el presidente recientemente recibió una visita –durante horas del día– de Bryan Cranston, actor protagonista de Breaking Bad, quien le realizó una excelente entrevista para el New York Times.
En su iPad, Obama a veces juega Words with Friends, un juego similar a Scrabble en el que los participantes adivinan ciertas palabras. Ya sabemos, para seguir ejercitando el cerebro. Y, por supuesto, cuando hay juegos deportivos importantes le sube el volumen al televisor.
“Si está viendo un partido, enviará un mensaje: ‘Duke debió haber ganado ese juego’, o lo que sea”, comentó Reggie Love, quien fuera asistente personal de Obama durante sus primeros tres años como presidente y quien, en el pasado, fuera jugador de baloncesto para la Universidad de Duke.

Obama está al tanto de cuáles equipos siguen sus asistentes, secretarios y compañeros de trabajo, y se entera de cuándo pierden o ganan, por lo que no duda en enviarles un correo comentando al respecto. A veces viene acompañado de asuntos laborales, pero otras les escribe solo para hablar del juego que acaba de ver.
Con las chicas.
Su tiempo en familia sigue siendo prioridad. “Movernos a la Casa Blanca fue realmente la primera vez desde que las chicas nacieron que hemos podido juntarnos como familia casi todas las noches”, escribió en una columna en 2015.
“Michelle y yo podemos ir a conferencias entre padres y profesores”, agregó. “He podido ir a los partidos de tennis de Malia y a los recitales de danza de Sasha. Sasha me permitió entrenar a su equipo de basket, los Vipers. Ganaron el título. Incluso he experimentado el pavor de todo padre: ver a mi hija ir a su graduación... en tacones”.
En ese artículo describió su cena familiar diaria como “inviolable”. “Mi equipo sabe que básicamente se requiere una emergencia nacional para que yo no pueda sentarme en esa mesa y cenar con ellas. Como un noctámbulo, de todas formas prefiero quedarme hasta tarde leyendo informes y trabajando en discursos cuando ya todos se hayan ido a dormir”, manifestó.
Se refiere a Michelle como la roca de la familia y dice que el punto más importante de su día suele ser escuchar a sus hijas expresando sus pensamientos y ver qué tan inteligentes, graciosas y amables se han hecho con los años. “Esa hora cenando con la familia me recarga y me da perspectiva. Hay momentos en los que solo soy un papá, y bueno, no hay nada mejor”.
Barack Obama tiene tiempo suficiente para ejercitarse, pasar tiempo con su familia, ver deportes, leer ficción y ser el presidente de los Estados Unidos. No obstante, como noctámbulo, una de las cosas que está esperando cuando su mandato concluya es tomarse unos tres o cuatro meses para “únicamente dormir”. Bien que mal, se merece un pletórico descanso.