
A veces todo es muy ruidoso: El cumpleaños de alguien que no veo desde quinto grado. La coqueta mascota de una amiga de la universidad. Una tragedia que ocurrió en un país que no sabía que existía. La foto de gimnasio de la muchacha que me gusta que se traslapa con el pésame por la muerte de un amigo. O, peor aún, un mae que tengo por puro compromiso entre mis 'amigos’ empezó una transmisión en vivo –un live– que nada le va a aportar a mi vida, así como el torrente de fake news que se viralizan cada semana. Un popurrí del contexto en el que me tocó vivir es mi muro de Facebook. Es demasiado.
Que bueno sería escapar, sí, dejar el teléfono, la portátil y el reloj que me bombardean las 24 horas con notificaciones de cosas que a veces no son tan importantes. Si lo dejo puede que solo mi mamá se acuerde de mi cumpleaños ¿Será? Quizá un día cierre mi cuenta, pero esta semana no lo hice.
Según datos de la más reciente edición del estudio realizado por el semanario El Financiero, Red 506, en Costa Rica yo formo parte de los 1.6 millones de usuarios activos diarios de Facebook. De estos, 53% somos hombres y el 47% son mujeres. Pero este artículo no va enfocado en los que pasamos pegados a la pantalla de su celular. No.
Esta semana le pregunté a mis contactos por personas que nunca se han abierto un perfil de Facebook y puede nunca lo hagan. Sí, entiendo que ahora los más chicos llegaron a Snapchat o Instagram sin hacer escala por Facebook– como sí lo hicieron muchos de mis contemporáneos– pero a ellos no lo tomé en cuenta para este trabajo.
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Porque la idea de todo esto es averiguar la experiencia de aquellos dichosos que nunca tuvieron que pasar por la ansiedad de ver cuantos likes genera un estado, un chiste o una selfie frente al espejo del baño de un bar en Barrio Escalante. También hablé con algunos que se hicieron a un lado y encontraron la paz del silencio que genera el exilio de las redes sociales.
La vida sin redes sociales
Después de conversar con cuatro personas, todas concuerdan en que no necesitan del invento de Mark Zuckerberg para mantenerse al día con sus círculos cercanos y además sienten que les alcanza el tiempo para todo. Así es el caso de Erick Padilla, quien nunca sintió la urgencia de abrirse un perfil en ninguna red social; según su lógica hacerlo sería como entrometerse en la vida de los demás.
Padi ,como le dicen de cariño, admite que no le queda tiempo para distraerse en un perfil ajeno. Entre la carrera de ingeniería en sistemas, el equipo de fútbol sala de la UCR, los videojuegos y sus alumnos de la clase de baile que da en un salón en Pavas, no le queda ni un solo segundo para siquiera considerar cuál cara hacer en su foto de perfil.
“Facebook nunca me llamó la atención, menos ahorita que siento que es una red social como para gente mayor, como dónde están los tíos y las tías. Además, eso de estar viendo lo que hacen las otras personas nunca ha sido lo mío”, explicó Padilla, de 27 años.
El ingeniero en proceso tampoco siente que se pierde de las noticias más frescas, pues compensa su ausencia en redes sociales con otras aplicaciones.
“En este momento lo que yo hago todos los días es usar Google. Cuando uno abre la página principal en el teléfono aparecen noticias y la agenda informativa va de acuerdo a las búsquedas que uno hace. Así yo me filtro de las cosas que no llaman la atención como los sucesos que normalmente uno se encuentra en los perfiles de los noticiarios. La gente con la que me interesa conversar les hablo por WhatsApp, ahora con los grupos y todo esto es más fácil mantenerse en contacto. ”, explicó el jugador de futsal.
Las palabras de Padilla también resuenan en la vida Paulo Ramírez quien no quiso arruinar el ambiente de sus expediciones con notificaciones o recordatorios de Facebook.
“Por dicha he tenido la oportunidad de pasar mucho tiempo en el campo, todo el tiempo que estuve en la U me la pasé metido en el bosque, yendo a un río o a una poza por asuntos de carrera”, explicó el biólogo, de 32 años.
Ramírez enfatiza que las redes sociales son una pérdida de tiempo desde su perspectiva, pero solo una vez se vio tentado a romper su juramento y adentrarse en Facebook.
“Solamente una vez sentí curiosidad porque una novia que tuve no le gustaba que yo no tuviera un perfil de Facebook, así que cuando terminamos pensé en hacerme uno para agregarla y caerle más mal. Pero he visto a tanta gente gastando el tiempo ahí que no me interesa invertir mi energía en eso”, rescató el biólogo.
En la misma sintonía que el naturalista hay personas que decidieron hacerse a un lado del bombardeo de notificaciones, como la diseñadora de 28 años Elena Solano, quien lleva un año de haber purgado todas las redes sociales de su teléfono inteligente. Desde entonces, asegura que su vida es más tranquila y silenciosa.
“Yo tuve Facebook por un tiempo pero lo desactivé y tengo un año de tenerlo así. Al inicio fue raro porque uno tiene como el impulso de estar revisando constantemente el teléfono. Yo estaba acostumbrada a revisar el teléfono siempre y hacer scroll down a cada rato, en realidad uno invierte mucho tiempo en estar revisando las redes sociales en cualquier momento”, enfatizó la diseñadora.
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Solano argumentó que darse un respiro de las redes sociales le ayudó a bajar los niveles de estrés y de ansiedad
“Es un poco liberador. Así uno se enfoca más en lo importante, para aprovechar el momento dedicado a las actividades diarias. Ya no postergo cosas por estar viendo el teléfono. También, cuando salgo con amigos es liberador no tener Facebook porque así me aseguró de interactuar con las personas con las que estoy en ese instante”, destacó Solano.
Al igual que la diseñadora, las redes sociales dejaron de ser una necesidad hace un año para la economista de 23 años Mariana Sánchez, quien se hartó de recibir tantas noticias falsas en los portales de alimentación de Facebook e Instagram.
“Me di cuenta que realmente no me hace falta y así soy muy feliz. Yo sigo en contacto con mis amigos y la comunicación es solo por Whatsapp. Uno cree que no se va a enterar de nada pero siempre le llegan los chismes o los pleitos que se arman en Facebook por algún otro medio . A uno siempre le llega la información, tarde o temprano, pero le llega. Yo tenía un amigo que intentó cerrar sus perfiles pero como que le dio FOMO, eso es algo raro como un trastorno de perderse las cosas”, explicó Mariana.
El miedo de perderse algo

Quizá esta sea la primera vez que usted lee la palabra FOMO (Fear of Missing Out). Este término –que vendría a ser el equivalente de “miedo a perderse algo”– fue identificado por el doctor Dan Herman en 1996, quien cuatro años después publicaría del tema en un artículo académico en The Journal of Brand Management. El Dr. Herman observó este fenómeno mientras escuchaba a consumidores hablar sobre productos comerciales. Las conversaciones se llevaron a cabo en grupos focales y en entrevistas a profundidad.
La mayoría de los consumidores mostraron una actitud temerosa en torno a la posibilidad de perder una oportunidad y la satisfacción que les generaría aprovecharla. El científico social descubrió que se trataba de un nuevo desarrollo en la psicología del consumidor y continuó investigando el FOMO como un fenómeno sociocultural.
Posteriormente, este trastorno se agudizaría con la llegada de las redes sociales. Según un estudio publicado por el departamento de psicología de la Universidad de Essex, Escocia, el abuso de las redes sociales puede generar un grado de ansiedad.
Esta “ansiedad social” se caracteriza por la necesidad continua de estar conectado con las actividades de los amigos u otras personas. Según los resultados de la investigación, este fenómeno es más común de lo que se piensa. De hecho, los estudios muestran que el 51% de los adolescentes en realidad experimentan ansiedad cuando no están seguros de dónde están sus amigos o qué están haciendo sus allegados.
Es probable que las personas que experimentan este fenómeno están diariamente activas en las redes sociales, donde están constantemente expuestas a imágenes y estados de conocidos que están teniendo algún tipo de experiencia.
La psicóloga costarricense Silvia Araya tiene un razonamiento similar. La especialista destaca que aunque este padecimiento no es novedoso, son las nuevas generaciones las que han crecido ligadas a los mundillos de las redes sociales.
“Ha cambiado mucho socialmente como la gente crece y se desenvuelve. Entonces las personas aprenden desde muy chicas a conectar con otros seres humanos por medio de las redes sociales, pues a veces es la única manera en la que tienen como conectar con otras personas. Esa ansiedad por conectar y ser aceptado se transmite cuando los chicos pasan pendientes de los likes o los comentarios. Las redes sociales nos han acercado, sí, pero también han formado este tipo de vínculo que se puede tornar enfermizo”
Quizá a esta altura del texto usted se esté preguntando si debería hacerse a un lado de las redes sociales o por lo menos darse un descanso. Si tiene estos síntomas debería considerarlo:
– Pasa pegado al teléfono, incluso si está manejando, lo cual es peligroso y motivo de una multa de ¢106.000 según la Ley de Tránsito.
– Interrumpe su trabajo para ver una notificación de Facebook o Instagram por miedo perderse la foto del perrito de esa persona que una vez conoció , no sé, en la Feria del Queso. Recuerde que los teléfonos inteligentes son inventos relativamente recientes y que la humanidad construyó los ferrocarriles y viajó a la luna sin ayuda de ellos.
– Revisa su contenido de Facebook en medio de una reunión con amigos o en una cita, porque ¿quién sabe? Quizá algo más interesante esté pasando en otro lugar.
– Acepta todas las solicitudes de amistad, porque los amigos de Facebook son como una colección de estampillas como la que tenía el abuelo.
– Usted es de las personas que alguna vez se ha resentido con un amigo porque este no le dio like a su nueva foto de perfil quizá debería revalorar el significado de la amistad –o una nueva foto de perfil–.
– Ha iniciado una relación forzada bajo el razonamiento que todas las parejas se ven tan felices en Facebook. Pues ojalá que la calentura le alcance hasta el 14 de febrero.
– Si usted se sintió identificado con al menos tres de estas características, quizá es buen momento para desloguearse por un rato, no cuesta nada. Eso sí, antes de hacerlo no se olvide de darle “Me gusta” y “Compartir” a esto que usted acaba de leer.
