Karen Zamora es una madre soltera oriunda de Grecia que salió hacia Estados Unidos en 1990, con el dolor de dejar a sus dos hijas atrás para trabajar limpiando casas sin saber inglés. Como muchos otros ticos, partió en búsqueda de su “sueño americano” en Nueva Jersey, la conocida como “octava provincia” por la alta densidad de costarricenses en sus barrios.
El centro electoral del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en Nueva York (que incluye a NJ) es el más grande fuera de Costa Rica. De los 43.686 electores ticos en Estados Unidos, 18.556 están empadronados en Nueva York/Nueva Jersey y 3.117 en Washington D. C. Es decir, casi la mitad de ticos inscritos ante el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en Estados Unidos viven en la costa noreste.

Pero doña Karen, que ya suma 36 años de vivir en el país de las barras y las estrellas, considera que durante los últimos años la situación se ha vuelto mucho más difícil para los ticos, particularmente para los que tienen una situación migratoria irregular.
Para explicarlo, ella afirma que viven como si estuvieran en plena pandemia.
“Es muy triste, es como una pandemia contra los hispanos. Han deportado a mucha gente, nosotros tenemos grupos grandes de Whatsapp donde avisamos dónde está migración, que está en tal calle, que hay varios carros. Nos ayudamos entre todos”, relató Zamora.
Ericka Ugalde es oriunda de San José pero salió hacia Nueva Jersey hace unos 16 años, confiando en que conseguiría trabajo en “Ticos Bar”. En la actualidad ella goza de una situación migratoria regular, pero asegura que hoy no le recomendaría a nadie iniciar su sueño americano como migrante irregular.

“En 16 años de vivir aquí nunca había visto una persecución tan grande contra los migrantes, mi consejo es que si se va a venir y se va a quedar ilegal, que no lo haga. No es solo que lo arresten, es que lo llevan a la cárcel y hasta se enferma. Tenemos el ejemplo de Randall Gamboa, que era muy querido aquí y perdió la vida en agosto del año pasado”, lamentó Ugalde.
Ericka visitó Estados Unidos por primera vez en 1999, pero volvió a Costa Rica. Sin embargo, en 2010, con 35 años, vio que sus posibilidades de conseguir trabajo se reducían, pese a estar titulada como asistente dental.
En medio de la dificultad se aventuró y volvió a volar hacia el norte. Al final hizo su vida en Estados Unidos, se casó con un ciudadano y hoy vive con tranquilidad.

Ella explicó que la comunidad tica se ha coordinado para ayudar a los compatriotas que son detenidos por migración. Su mayor temor es que cuando un migrante es arrestado no lo deportan de inmediato, sino que da mil vueltas antes de partir hacia Costa Rica. En ese ínterin la persona puede enfermarse, sufrir abusos o, incluso, algo peor.
Por eso, cuando un tico es detenido, la comunidad hace rifas y colectas para comprar un boleto de avión que permita una deportación más rápida.
“Este no es el momento, no es como antes. Incluso los que tienen residencia permanente están en peligro de que ante la mínima mancha quedan marcados y adiós”, agregó Ericka.

Erick, conocido en redes sociales como Erick Tico News, nació y creció en Pérez Zeledón pero partió en 2008 hacia Estados Unidos tras los pasos de su familia.
En 2012, gracias al auge de Facebook, Erick Tico News se hizo conocido entre los costarricenses en el norte. Él coordinó una estrategia para hacer grupos de Facebook en diferentes ciudades norteamericanas de manera que los costarricenses en la diáspora pudieran reunirse para actividades de bien social, conmemoraciones religiosas, ver partidos de la Sele o celebrar la Independencia.
Don Erick confirma que, aunque él solía coordinar actividades entre la comunidad tica, este año decidieron suspenderlas, ya que era muy alto el riesgo ante la situación migratoria.
“Hay una persecución, muchos costarricenses han sido capturados; por eso organizamos rifas y vendemos comidas, para ayudarles. Pero la gente tiene un estrés, la situación está muy difícil. No les cabría en la mente lo que está pasando”, lamentó.

Asimismo, él hizo una advertencia para quienes deseen emprender su propio viaje.
“Mucha gente quiere venirse a trabajar, pero los trabajos están cerrados. Los alquileres son carísimos, un segundo piso de dos cuartos y medio, sin sala, vale $3.000 al mes. Ya no existe el sueño americano“, sentenció.
Algunos de ellos, incluso, ya empiezan a valorar la posibilidad de volver a Costa Rica, aunque con una situación socioeconómica más ventajosa que cuando se fueron.

