Revista Dominical

Joven a la que estilista no quiso atender por su apariencia creó un salón de belleza ‘para todas’

Una enfermedad autoinmune le provocó drásticos cambios físicos. Por su aspecto, incluso, una vez se negaron a atenderla en un prestigioso salón. Hoy, un año después de escapársele a la muerte, Christine Karolicki se encontró con el amor propio y emprende con un negocio inclusivo

Hace unos ocho años, cuando Christine Karolicki Jiménez tenía entre 16 y 17, quería hacerse un cambio de look que estaba en tendencia. Acudió a un reconocido lugar y cuando la persona estilista la vio, se rehusó a atenderla. Ella cree que fue por su apariencia. Tenía poco cabello tras un proceso de salud y, además, “era gordita”. Recuerda un par de ojos examinándola y mirándola con rechazo. Ella no quiere que nadie sienta todo lo que ella pasó aquella vez.

Hoy es propietaria de CK Beauty Center, un lugar que busca ser seguro e inclusivo para todas las personas.

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Christine Karolocki, de 24 años, aprendió que el amor propio es lo mejor que se puede tener. Hoy, su propósito es transmitirle, principalmente a las mujeres, que pueden amarse así mismas por lo que son. Y ella, desde su trabajo, busca empoderarlas y resaltar la belleza auténtica de cada una.

Esta joven cree en una belleza que ayuda a las personas y es por eso que su nuevo salón ofrece servicios con productos orgánicos que, además de resaltar la hermosura de cada persona, pueden apoyarles en algún proceso, por ejemplo la pérdida de cabello.

Christine, estilista y esteticista, trabaja así no por estrategia publicitaria, sino basada en sus propias experiencias, por el sentimiento de no haber encajado en un lugar basado en estereotipos de belleza. Además, lo hace porque tras un proceso de enfermedad autoinmune entendió las situaciones por las que pasan muchas personas al no sentirse bien con los cambios experimentados en sus cuerpos.

Belleza más allá de lo físico

Christine recuerda que desde niña tenía complicaciones en sus riñones, pero fue hasta los 14 años que le diagnosticaron una enfermedad autoinmune llamada Glomerulonefritis membranosa, también conocida como Nefropatía Membranosa. Este padecimiento -que es crónico y que puede tratarse con medicamentos-, es descrito así por Karolicki: “Es como si mi mismo cuerpo atacara los riñones”, explica.

“A los 14 años me diagnostican con esta enfermedad autoinmune. Se me empezó a subir la presión. Yo era asintomática, pero cuando se manifestó tuvieron que darme un tratamiento muy fuerte para frenarla, con el tratamiento volví a subir de peso. Yo en la escuela era gordita; se me hizo un brote de acné, se me cayó gran parte del cabello. Además, me apareció mucho vellito en todo el cuerpo, me salió barba. Me tuve que salir del colegio”, recuerda Karolicki, vecina de Sabanilla.

Christine comenzó a experimentar con correctores para estar más cómoda después de los brotes de acné. Además, investigó acerca de extensiones de cabello y se sintió mejor consigo misma.

“Evitaba salir por mi aspecto, una vez una muchacha se me acercó a decirme que qué fea estaba, que cómo me había engordado. La verdad no era feliz saliendo, quería evitar los juicios y miradas. En ese tiempo tampoco pude vivir mi etapa del colegio. Estaba ocupada atendiendo mi salud, cada semana me hacían exámenes de sangre. Todo era muy fuerte. Fue un proceso emocional difícil y pasé por depresión.

“Yo estudiaba pero veía a mis amigas graduándose o en fiestas. Yo me quedaba en mi burbujita. No tenía ganas de salir porque no me sentía bien, me daba miedo lo que podía decir la gente”, recuerda.

Christine Karolicki Jiménez siempre ha contado con el apoyo de sus padres Silvia y Eric. Ellos nunca se opusieron cuando a los 17 años, camino a terminar su bachillerato por madurez, su hija les manifestó que quería estudiar belleza. Ellos son su respaldo en su relanzado emprendimiento CK Beauty Concept -un espacio en el que todas pueden sentirse bellas y bien consigo mismas-, del que se ahondará más adelante en este artículo.

“Toda mi familia siempre ha estado conmigo apoyándome (tiene dos hermanos, uno menor y otro mayor), cuidándome, tratando que esté lo más bien posible. Me han apoyado en todo incondicionalmente. Cuando decidí estudiar belleza y no ir a la U, que para otros papás puede resultar incomprensible, ellos me apoyaron. Pensé en gastronomía o animación digital, pero era belleza lo que quería”.

A sus 17 años empezó los estudios y basada en sus experiencias no veía la belleza como un mundo superficial, sino como una posibilidad para ayudar personas.

“Recuerdo que cuando empezaron a hacer las técnicas de balayage o las californianas en Costa Rica, yo saqué cita en un salón reconocido y me dijeron que fuera. Cuando llegué el estilista me vio y dijo que no me iba a atender. No me atendieron por cómo me veía. Fue por el peso. Tenía como 16 años”, lamenta.

Un espacio seguro

Con el paso de los años, Christine pensó en que ella no quería un negocio masivo, sino un espacio acogedor para que cualquier persona se sintiera segura, ya fuera para realizarse un cambio de look o para buscar soluciones a algún padecimiento capilar.

“Siempre pensé en ofrecer una experencia, sin importar que sea para la reina de Inglaterra o para la muchacha que llegó porque venía cruzando la calle. Me importa que si viene alguien con alopecia yo pueda ayudarle con un corte que le favorezca, o bien, que le estimule el crecimiento del cabello. Que si alguien sufre por la caspa, o si le dañaron el cabello en otro lugar, poder ayudar a repararlo”, cuenta Christine, quien en su salón de belleza ofrece tratamientos orgánicos. El 80% de ellos pueden ser utilizados por personas que estén tomando cualquier tratamiento médico.

Realizando servicios a domicilio, Christine empezó su trabajo en la belleza a los 18 años. En el 2019 abrió un local en Barrio Escalante y a finales de octubre hizo la apertura de CK Beauty Center, en Barrio Don Bosco.

Su negocios y sus nobles propósitos fueron creciendo con el tiempo. Sobre todo después de una compleja vivencia de salud, por la que Christine dejó de darle mayor importancia al aspecto físico.

A finales del 2019, Christine se sometió a una liposucción y tres meses después la atacó una agresiva bacteria.

“El 5 de diciembre del 2019 me hice una liposucción, no seguí las reglas de la recuperación. Fui a dar a cuidados intensivos con una bacteria come carne. Tres meses después del proceso me empecé a sentir mal. Me entró la bacteria. Fui a un centro privado y me dijeron que no tenía nada. Pasé un fin de semana fatal. Fui a emergencias de otro hospital y llegué con insuficiencia renal y en shock séptico. Todo esto pasó cuando empezaba la pandemia del covid”, rememora.

Hoy, todavía en recuperación, recuerda que milagrosamente la bacteria se eliminó.

“Cuando me pasaron a cuidados intensivos pensaron que yo no lo iba a lograr. Luego de eso estuve muy débil. Los antibióticos fueron muy pesados. No podía ni levantarme. Hoy creo que soy una mujer fuerte. Aprendí a ver la vida desde otro punto de vista para mejor”, comentó.

“Me dejó de importar la apariencia, lo más importante no es lo de afuera, sino lo de adentro. Para mí la belleza para cada quien es diferente. La belleza es ser como soy. Busco resaltar la belleza de cada persona con lo que tiene. Recuerdo que me hice la lipo el 5 de diciembre y creí que el 6 iba a amanecer como la mejor del mundo por no tener peso y más bien fue trágico. No me sentía bien. Nada cambió, ser flaca no era lo que me iba a dar felicidad. Mi felicidad fue amarme a mí misma y eso quiero transmitir a través de mi trabajo”.

Para llegar hasta este momento, Christine contó con el apoyo de una especialista en psicología, pues tras lo vivido en el hospital, situaciones personales y la angustia por la pandemia, la joven tenía personas alrededor que aumentaban sus inseguridades. Señalaban aspectos de su físico “que al criterio de ellas, basadas en estereotipos, no estaban bien”.

“Con ayuda de la psicóloga me aprendí a amar y es lo que quiero compartir. Sé que lo vivido puede ayudar a otras personas. Quiero hacerlas sentir felices y que se amen así mismas por ser quienes son”, asegura.

La experiencia en CK Beauty Center

Antes de descubrir la historia de Christine y de escribirla, la conocí a ella: la profesional. Un amigo en común me la recomendó y le preguntó a ella que si podía ayudarme con algo que quizá resulte banal, pero que para mí era importante por varios aspectos personales. Otras estilistas me habían dicho que en mi tipo de cabello el tratamiento que deseaba no era posible.

En cambio, Christine dijo que sí se podía. Cuando la conocí, su voz y atenciones me hicieron sentir en confianza. Transmite la seguridad de la que habla cuando cuenta que quiere que su salón se sienta como un lugar seguro. Así lo percibí.

Días después, cuando aceptó conversar para este artículo, puso en palabras lo que yo había sentido.

“CK Beauty Concept es un espacio seguro para todas, la idea es que cualquier persona se sienta cómoda y feliz. Mi misión es que cada persona viva una experiencia feliz y cómoda con lo que es. Me gusta ayudar a resaltar cositas en ellas con las que a veces no se sienten cómodas. El uso de los productos orgánicos es para evitar meterle tantos químicos al cuerpo, que con el paso del tiempo dañan el cabello y hasta la piel.

“Soy la persona más feliz cuando veo a alguien que me dice que le encanta como la dejé o que por algo pequeño que hice ella se sintió la persona más feliz del mundo. Quiero empoderar a las personas y que sientan que son capaces de hacer lo que quieran”.

Los servicios en CK Beauty Center van a partir de los ¢15.000. Para conocer más de este salón puede seguir sus páginas en Instagram @ckarolickij o @ckarolickisalon o bien comunicarse al 8730-7985.

Fernanda Matarrita Chaves

Fernanda Matarrita Chaves

Periodista y Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Latina de Costa Rica.