
Hace unas semanas un video fue ampliamente difundido en redes sociales y chats de WhatsApp. En él se veía a una joven enfurecida gritando insultos por teléfono a su supuesta pareja sentimental. El hecho se dio en el parqueo de un centro de eventos luego de un concierto.
En los segundos siguientes, tras terminar la llamada, la misma mujer la emprende a golpes y patadas contra el vehículo del hombre con quien supuestamente discutía. En el teléfono, ella amenazó con que si él no llegaba al sitio, entonces el carro pagaría las consecuencias porque, supuestamente, el hombre le habría sido infiel.
Días después, otro video mostró a una mujer gritar enfurecida afuera de un autobús ante la mirada incrédula de varios espectadores, quienes aprovecharon para grabar el momento. Vociferaba contra su presunta pareja, a quien recientemente habían herido con un arma blanca. Inicialmente las personas compartieron la información diciendo que ella le había atacado, sin embargo, la Fuerza Pública confirmó luego que el ataque lo consumó otro hombre, por un problema pasional.
En los poco más de dos minutos de grabación se observa como incluso la señora sube al automotor, en el que se refugiaba el hombre, para atacarle verbalmente. En las afueras permanece una niña, quien desesperadamente ruega por ayuda para quien dice es su papá. Los presentes no saben cómo reaccionar más allá del asombro, mientras un policía junto a un socorrista velan por llevar al hombre, que luce desvanecido, a recibir atención. La mujer le golpea la cara y le dice que quiere ir con él. El hombre es subido a la ambulancia y acaba el video.
En otro caso, una mujer fue sentenciada por homicidio calificativo tras comprobarse que junto a su hija recurrió a un sujeto para acabar con la vida de su exnovio, luego de que se enterará que él tenía una relación sentimental con otra mujer, con la que esperaba un hijo.
Pocos días antes de su asesinato, el joven se había convertido en figura pública tras denunciar en redes sociales un caso de acoso callejero.
En esa ocasión la sentencia fue por homicidio. Si la víctima hubiese sido mujer, se habría tipificado como femicidio.
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La violencia hacia los hombres por parte de las mujeres en el marco de relaciones sentimentales es un tema del que se habla poco.
En un país en el que históricamente ha predominado el patriarcado, y en una sociedad en la que la crisis de femicidios se ha convertido en un asunto de salud pública (se han registrado 15 solo en este 2018, según datos del Observatorio de Género del Poder Judicial ); hablar de violencia de mujeres hacia hombres, en relaciones sentimentales, no es algo recurrente.
Sin embargo, datos de la Sección de Estadística del Poder Judicial indican que estas situaciones existen.
En el 2017, 13.108 hombres solicitaron medidas de protección, pues aseguraban haber sido víctimas de violencia doméstica por parte de sus parejas sentimentales. En el caso de las mujeres, ese mismo año, 51.404 hicieron el mismo pedido.
Este tipo de violencia, que es mucho menor que la ejercida por hombres a mujeres, no es tan sonada por distintas razones, empezando por la identidad de género. Hombres quienes dicen haber sido víctimas de violencia por parte de mujeres, cuentan que si revelan su situación, la mayoría del tiempo reciben burlas porque “cómo un hombre se va a dejar pegar por una mujer”, y también alegan que cuando se presentan ante las instancias judiciales a denunciar, no les va tan bien.
En el país existe el Instituto Nacional de la mujer (Inamu), ente que promueve y protege los derechos humanos de las mujeres. El esfuerzo de protección es necesario: en los últimos diez años más de 290 han sido víctimas de femicidio.
En el caso de los hombres no hay una institución gubernamental que atienda casos o que asesore a varones que dicen ser víctimas de agresión.
La mayoría de denuncias por violencia de género se presentan ante el 9-1-1. Este sistema de emergencias dijo a Revista Dominical que en estos casos utilizan un código denominado “violencia intrafamiliar”. Los pedidos de auxilio no están divididos por sexo. “Siempre se refiere a la Fuerza Pública para su atención inmediata y además el Inamu recibe la información del incidente”.
Cuando un hombre es quien llama solicitando orientación sobre el tema, “se le toman los datos y se le informa al Instituto de la Masculinidad Wem, quienes brindan asesoría y ayuda”, según informó el 9-1-1.
De enero a agosto se transfirieron 631 de esas llamadas al Instituto Wem.
Creado en 1999, el Instituto Costarricense de Masculinidad, Pareja y Sexualidad (Instituto WEM), en palabras de Ruthman Moreira, psicólogo de ese ente no gubernamental, trabaja en la prevención de la violencia masculina y promoción de masculinidades positivas.
En enfoque de Wem no es para tratar a hombres que dicen ser agredidos. Según Moreira, es más un “enfoque de prevención de la violencia y crecimiento personal”.

Golpes y disparos
Róger tenía 18 años cuando se casó con una mujer de la que se enamoró. Ella era mayor y eso no preocupó a ninguno de los dos. Ella tenía una profesión y él apenas noveno año pero tampoco fue impedimento para su unión. Ella ejercía su profesión y Róger, nombre ficticio para proteger su identidad, trabajaba en una construcción.
La relación iba bien hasta que notaron que los aportes de Róger eran menores a los de su esposa. La tensión se empezó a sentir y los insultos se asomaron. “Inútil” y “bueno para nada” eran calificativos diarios que Róger dice recibía de su cónyuge.
“Empezó a decirle a nuestras hijas que yo no era bueno porque no podía darles muchas cosas. Cuando íbamos a hacer compras me gritaba pobretón sin importar quienes estuvieran alrededor”, relató el hombre, de 39 años.
La violencia pasó de psicológica a física. Aunque la pareja tenía jornadas laborales similares, Róger cuenta que él debía hacer todas las labores domésticas, ya que ganaba menos.
“Si las cosas de la casa no estaban hechas me tiraba cosas, me decía cochinada de hombre. A veces salían extras y me iba en la noche a trabajar y cuando llegaba me dejaba durmiendo afuera. Era la chiquita la que me abría. Mi exesposa me llegó a tirar cuchillos, me amenazaba, a veces se tuvieron que meter los papás de ella. En otras ocasiones me decía que le pegara a la chiquita (hija de ambos) y si yo no lo hacía, ella se me tiraba a pegarme a puño cerrado. Yo me encerraba en el cuarto y ella lo forzaba con un cuchillo”, relata el hombre, quien se divorció de su pareja después de 10 años de matrimonio.
“Un día me echó de la casa porque dijo que no servía para nada porque yo la tenía que mantener. Yo ganaba ¢80.000 por semana y le deba el salario, solamente me quedaba con los pasajes. El día que me echó me tiró todas las pertenencias a la calle. Esa fue una de las tantas vergüenzas que me hizo pasar. No le importaba cachetearme en la calle”.
Hasta ese momento Róger no había presentado denuncias en contra de su expareja. La situación se tornó más grave cuando ella, en compañía de su nuevo compañero, seguía a Róger a la salida de su trabajo y le amenazaban con armas de fuego y cuchillos. En ese momento él denunció lo ocurrido y solicitó medidas de protección, según muestran documentos aportados.
La primera vez que fue a denunciar, Róger afirma que fue víctima de burlas por los funcionarios del juzgado porque “cómo un hombre se va a dejar pegar o amenazar por una mujer”.
Aparte de las amenazas, Róger fue demandado por su expareja, quien alegó violencia doméstica, lo que implicó que le pusieran medidas de protección, por lo que no podía acercarse a sus hijas.
Tiempo después del divorcio, Róger conoció a su actual esposa. Cuenta que su nueva unión provocó que su expareja también la emprendiera contra ella.
“Ella amenazó de muerte a mi esposa. Le tiró el carro encima y dijo que le iba a matar ‘el bastardo’ que llevaba en el vientre (hijo de Róger). Esa vez empujó a mi esposa embarazada y cayó en una alcantarilla. A mi esposa sí le pusieron medidas de protección. A mí no porque se reían de que yo me dejara pegar y amenazar, pero yo decía que si le pegara a ella estaría preso”, afirma.
Después de todo lo ocurrido, las amenazas a Róger y su familia continuaron y tras nuevas denuncias y apoyo de testigos, el Organismo de Investigación Judicial los puso en el programa de protección a la víctima.
Si bien los ataques han mermado once años después del divorcio de Róger y su exesposa, ella continúa atacándolo verbalmente y por redes sociales.
“Ya estamos un poquito más tranquilos. Pero aun yo tengo miedo de salir a la calle con mi familia. Volví a pedir medidas de protección, pues las del OIJ duraron un año y nos sugirieron cambiarnos de domicilio. Fui al juzgado y me mandaron a la Fiscalía. Yo ni volví. A uno lo tratan de maricón. Que cómo el hombre se deja pegar de la mujer”.

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¿Qué dice la Ley?
Mauricio Chacón, juez del Tribunal de Familia de San José, enfatiza en que la Ley de Violencia Doméstica es pareja tanto para mujeres como para hombres.
Sin embargo, afirma que “no hay la menor duda de que en relaciones de pareja porcentualmente las mayores víctimas son las mujeres, a quienes están matando, no solo en Costa Rica, las matan en el mundo”. Por ello explica que internacionalmente se hizo la convención para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. En esta convención se reconoce el derecho de que toda mujer pueda acudir a ente público para que la proteja cuando está en situaciones de violencia y que “los trámites sean expeditos”.
En Costa Rica se ratificó esa convención y se complementó con varias leyes nacionales. Una de estas es la Ley contra la Violencia Doméstica, que es la que se reproduce en relaciones de pareja, explicó el juez.
“La decisión del legislado fue ampliar el margen de la aplicación de la convención, porque como le digo la convención fue pensada, no hay duda que la preocupación era la violencia contra la mujer. Pero cuando Costa Rica implementa esta ley contra la violencia doméstica y dice que se va a aplicar a favor de personas adultas mayores, a favor de personas con discapacidad, a favor de niños y dice que en relaciones de pareja. Entonces aquí, el margen que dio el legislador nuestro fue amplio: hombres y mujeres víctimas de violencia pueden pedir protección del estado”.
–La Ley contra la Violencia Doméstica dice que corresponderá brindar protección especial a madres, niños, personas de sesenta años o más y personas discapacitadas, tomando en cuenta las situaciones específicas de cada uno. No menciona de forma explícita al hombre...
No. Es que los hombres nunca hemos necesitado leyes especiales. Porque nosotros no somos discriminados. La discriminación histórica la han sufrido todos los demás sectores que no sean los hombres porque el modelo patriarcal pone al hombre como figura central. Entonces quiénes son los discriminados: los que no pertenecen a esta condición. (…) el modelo patriarcal tradicional son los hombres libres entre 18 y 60 años que tengan dinero, que tengan salud, que pertenezcan a una mayoría étnica.
¿Quienes son discriminados?: los que no pertenecen a eso. Podemos ver discriminación por raza, por pobreza, por ser adulto mayor, o en otro extremo: por ser un niño y dentro de este rango lo más diferente a un hombre es una mujer, por eso te digo que los hombres no necesitamos una ley especial.
–Para este reportaje conversamos con hombres que sufrieron agresión física o amenazas. ¿Qué se hace en esos casos? Se sabe que ellos no cuentan con un ente para acudir, por ejemplo como el Inamu..
No tienen ese ente, es cierto. Pero el Inamu es una de las aristas de ese tema. Hay institutos como el Instituto Wem que aborda temáticas donde los hombres necesitan un poco de ajuste.
Hay una fundación muy famosa en Costa Rica (la Fundación de Apoyo al Hombre); son extremos, nosotros los jueces estamos en el medio. Está el Inamu por un lado y la Fundación de Apoyo al Hombre, por otro.
El hombre no necesita una legislación especial porque no ha sido excluido.
–Usted que ha visto tantos casos, ¿qué puede decirle a los hombres que dicen ser víctimas de violencia física, psicológica?
Lo mismo que le podría decir a cualquier mujer: acuda a pedir protección.
–Y si van, y como ellos dicen, no les prestan atención, que no les dan las medidas y que en ocasiones hasta se ríen... ¿qué se debe hacer?
Tienen que exigir que se lo digan por escrito. Porque es un derecho de él tener respuesta.
(…) Muchas veces la gente va, pide protección y en el juzgado un funcionario X que no es el juez, le dice verbalmente que no procede. Y se van. Esa no es una respuesta. El ciudadano tiene derecho a que un juez o una jueza le dé una respuesta por escrito.
(…) Lo que puedo decirle es que, si hay fallas de la policía, de los funcionarios judiciales de todos los rangos, no solamente de los jueces sino también los auxiliares que se burlan y todo eso, pues esto hay que arreglarlo.
Yo le diría que se burla medio mundo. Si el tipo cuenta en el trabajo que la mujer le pega, se burlan de él, hasta los amigos.
El simple hecho de ser hombre o mujer no le da ni más ni menos derechos. Esa es la base para poder asegurar que en Costa Rica cualquiera puede pedir protección en una relación de pareja y que el Estado está obligado a dar una respuesta”, asevera.
Chacón agrega: “Hay gente que dice: la ley protege a la mujer. No es cierto: la ley protege a las víctimas. Y quienes trabajamos en esto procuramos aplicarla en el caso concreto determinando si es violencia.
Si hay quienes no lo están haciendo, esos quienes son los que están actuando mal, pero no la Ley. La Ley está clara”.

Defensa para ellos
En Costa Rica la persona que ha asumido el rol de visibilizar los casos de violencia contra los hombres, curiosamente, es una mujer.
La abogada Eugenia Quesada, quien es especialista en derecho de familia, y presidenta de la Fundación Instituto de Apoyo al Hombre (Fundiapho) que ofrece 20 servicios gratuitos al mes y los demás los atienden subvencionados por la junta directiva, se encarga de esta labor desde hace ocho años.
Fundiapho tiene como misión “posicionar al género masculino en una condición de equidad, en su rol de padre, en violencia doméstica y pensiones alimentarias”.
Su presidenta afirma que en su trabajo como especialista en derecho de familia sintió la necesidad de visibilizar las situaciones vividas por muchos hombres, pues “se cansó de ver tanta injusticia”.
Quesada afirma que no existe institución que instruya a los varones acerca de “qué es violencia para ellos”.
“El Inamu hizo una magnífica labor diciéndonos a nosotras que si un hombre no nos permitía salir con una enagua corta o si no nos dejaban salir con amigas, eso era violencia. Nada de eso ha pasado con los hombres y por eso ellos no consideran violencia que, por ejemplo, no puedan opinar en la casa para nada (...) Entonces tenemos que tener en principio eso muy claro. No hay una definición de las conductas que constituyen violencia contra el hombre”, asegura.
En su artículo 2 la Ley contra la Violencia Doméstica (Nº 7586) indica que la violencia no solamente es física, sino que la hay psicológica, patrimonial y sexual. Quesada afirma que hay hombres víctimas de ello y no son conscientes.
“Como mujeres tendemos a insultarlos porque nosotras somos capaces de hacer varias cosas a la vez, según se ha demostrado científicamente. Uno les dice: qué bruto, no entiende, usted no sabe cambiar un pañal, no, no sabe. En las audiencias a los hombres los insultan delante de las jueces y se quedan callados. Entonces le dicen: no le presto al chiquito porque usted no sabe cambiar el pañal. Esto es violencia generada culturalmente. Es violencia psicológica muy fuerte porque ellos llegan a ponerse una limitación en su autoestima”, dice.
La presidenta de Fundiapho destaca que en los últimos dos años la violencia física hacia los hombres a aumentado. A esta le siguen la psicológica y la patrimonial (acción u omisión que implica daño, pérdida, transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores, derechos o recursos económicos (…) según específica la Ley de Violencia Doméstica).
“La violencia física es terrible, pero es una realidad que está subyacente. Un hombre no te habla de la violencia física. Ellos callan. De los bomberos de Guadalupe nos han llamado tres veces. Dicen que tienen casos de hombres totalmente golpeados por la señora, y me piden que trate de abordarlo. Me dan el número y él hombre agredido dice (...) ‘licenciada le voy a decir la verdad: yo voy (a denunciar) y no hay un lugar donde nos puedan proteger’. Entonces estos señores tienen que volver al lugar de la agresión y además dicen ‘no nos creen en los tribunales. Luego llega ella a decir que se defendió porque yo la agredí y más bien me sacan de la casa. Por eso mejor me quedo callado’.
(…) Esa es la queja que recibimos constantemente, que no les reciben las denuncias. Nosotros estamos denunciando esto desde hace ocho años (...)”, dijo.
Quesada saca a colación el acontecimiento narrado al inicio de este texto en el que un hombre malherido está dentro de un bus y su aparente compañera sentimental le insulta y golpea. La abogada refiere que la Fuerza Pública “no tiene idea de qué hacer cuando el hombre es víctima de violencia doméstica”. (Lea en nota aparte lo que dice la policía).
Durante la entrevista, la especialista en derecho de familia mostró imágenes de un hombre con la espalda arañada y con moretes; otras en la que un otro aparece con una herida profunda cerca de su sien.
“Hace tres años yo hablaba de hombres agredidos y la gente no me creía. El paradigma que se tiene es que el hombre es tan fuerte que si le pegás así (hace seña de manazo) se piensa que no le va a doler.
Para ellos es muy normal. El muchacho que te enseñé (foto de la espalda morada y marcada) decía que lo único que ella hacía era aruñarle la espalda con las tijeras”.
Vergüenza y temor a que se burlen de ellos llevan a las víctimas de agresión doméstica a no manifestar lo que les ocurre, según Quesada.
“Cuando la víctima de violencia doméstica (en este caso un hombre) llama al 9-1-1, los remiten al Instituto Wem, que está diseñado para hombres agresores.
Cuando ellos llaman y piden ayuda psicológica, a nivel gubernamental no hay nada (...)”, asevera Quesada.
–Qué pasa con casos de padres que dan pensión alimenticia a sus hijos, pero les prohiben ver a los niños. ¿Es otra forma de violencia?
Es psicológica y es terrible. Y se refleja en los altos índices de suicidio. Este año se nos han suicidado seis hombres. Sé que el alto suicidio no se cubre. Nadie se entera que estos hombres se suicidaron por pensión, porque no lo dejan ver a sus hijos, porque los sacaron de sus casas y metieron al amante –(no existen estadísticas que especifiquen los motivos de suicidios)–, que ese es el caso del señor estadounidense que mataron, junto a los chiquitos y a la señora en Matapalo; él fue obligado a convivir con el amante. Eso es lo que está pasando”.
Quesada habla de lo acontecido en febrero del 2017. Un hombre de apellido Salmerón asesinó a su compañera sentimental y al esposo de ella, un estadounidense a quien su pareja le impuso vivir con su “amante”, quien se convirtió en el verdugo de toda la familia, en la misma casa. De esa masacre además fueron víctimas tres de los hijos del matrimonio.
–¿Se está visibilizando más la violencia que sufren los hombres?
Nosotros en la medida de las limitaciones terribles que tenemos, porque ellos no quieren ser objeto de burla y no quieren dar a conoce su problema, hemos ido dando casos. El caso del señor de Matapalo fue alerta importante.
Se ha ido visibilizando. Creo que es secreto a voces.
–¿Cómo buscar igualdad en la defensa de los hombres en un escenario de alarmante violencia de género hacia las mujeres?
Buscamos objetividad, que (las autoridades) analicen verdaderamente el caso que se somete a su conocimiento sin tendencia de género. Sin tenerlo bajo la concepción de que solo hay que erradicar, prevenir y sancionar la violencia contra la mujer.
Si él necesita protección porque lo lesionaron hay que darle protección y no presumir que siempre es que lo que pasó fue que la señora se defendió”.

“Debemos dar atención basada en derechos humanos”
Ericka Madriz, jefa del departamento de planes y operaciones de la Fuerza Pública, afirma que el procedimiento policial que realizan los oficiales es igual tanto para las mujeres como para los hombres que alertan a través del 911 o directamente llamando o acudiendo a la delegación, denuncias por violencia doméstica.
“Nosotros como Fuerza Pública debemos dar una atención no solo personalizada sino basada en los derechos humanos y en el respeto para la persona que se está atendiendo en este caso”.
Madriz reconoce que por años las estadísticas han reflejado que las mayores víctimas de violencia doméstica han sido las mujeres, sin embargo, dice que desde “hace unos años o meses se han generado más seguido los incidentes contra los hombres”.
“(…) Hay estadísticas que respaldan el aumento de hombres víctimas de agresión doméstica. (Ellos) pueden acudir al Instituto Wen, el cual que está atendiendo a la población masculina dándoles acompañamiento de forma profesional. En este instituto tenemos enlaces institucionales, donde se capacitan nuestros funcionarios”, dijo.
Madriz también dice que cuando cualquier víctima de violencia doméstica que no reciba protección por parte de la Fuerza Pública, luego de solicitarla mediante el sistema de emergencias 911 o en las delegaciones, pueden denunciar inmediatamente.
Acerca del caso específico, mencionado en la nota principal, en el que una mujer agrede verbalmente a su supuesta pareja sentimental quien se refugia en un bus, y que cuando se presentan oficiales no hay detención, Madriz explicó el protocolo seguido.
“Los oficiales llegaron después de que se dio la situación. La atención en ese momento primaria que había que abordar era la de la persona herida; aunque por supuesto había que poner atención a la otra situación que se estaba dando: tal vez donde ella estaba diciendo algunos reproches o discutiendo con esta persona, eso se tomó en cuenta también, pero la prioridad era la atención de la persona herida, entonces sí es importante verificar en este caso qué pasó con esta señora, pero sí la atención inmediata se dio para la persona que estaba herida.
Como le expliqué antes: en este caso la agresión la hace otro hombre y si en ese momento el señor hubiera dicho que quería que la detuvieran porque ella le venía agrediendo psicológicamente, pues se hubiera dado la detención, los policías normalmente tienen que preguntar (…). Si esta fuera una situación en la que él cree que se dio un procedimiento donde las cosas no fueron claras, igual el tiempo no va a ser obstáculo para que él pueda hacer la denuncia. Más que es un incidente muy reciente”.
La oficial reafirma que la atención, específicamente en casos de violencia doméstica, tiene que ser personalizada, profesional y debe valorarse muy bien la situación que se presenta, pues afirma que hay un ciclo alrededor que es muy complejo.
“Todos los días trabajamos en esta situación de la violencia doméstica desde la Academia Nacional de Policías para que nuestros oficiales estén formados con protocolos que deben de conocer (...). Una vez que el oficial sale de la academia y de las delegaciones policiales (a la calle), tiene que estar en ese reentrenamiento constante para que ellos puedan dar esa atención prioritaria de forma inmediata porque es un incidente que ingresa al 911 y que lo van a trasladar a la delegación que corresponde y es de acatamiento obligatorio trasladarse de forma inmediata porque puede estar dependiendo la vida de una persona”.
Además de la agresió física, Madriz se refiere a la violencia psicológica. “Esta no deja huellas visibles pero es una situación que perjudica muchísimo a la víctima: sea hombre o mujer”, afirmó.
¿Cómo reaccionamos cuando el hombre es la víctima?
El sociólogo Carlos Vargas es claro: estamos en una sociedad patriarcal, esa que es vista como aquella en la que “el hombre es el que domina todo a su alrededor”.
Vargas afirma que esta creencia ha generado un imaginario en el que el hombre “debe ser hombre”; que tiene que ser más fuerte, no puede demostrar sentimientos, debe ser el proveedor económico, debe proteger y tiene que ser procreador de vida.
“Entonces vemos que hay una serie de connotaciones desde un punto de vista social, en el que estamos referenciando que el hombre debe ser ese tipo de hombre. Eso genera una carga simbólica física y emocional de mucho peso”.
El sociólogo indica que hay mecanismos que van dictando cómo deben de ser los hombres. Asegura que estos provienen de la familia, educación, religión y medios de comunicación.
“Vemos que se van configurando en nuestra forma de pensar y de ver realidades que el hombre debe estar colocado siempre en ese estatuto. Eso es lo que nos dice siempre la sociedad patriarcal. Un hombre que debe controlar absolutamente todo, que debe tener posición de absolutamente todo y sobre todo, sobre él mismo antes que cualquier cosa”.
Por ello, ante situaciones, como por ejemplo, las que se han viralizado recientemente en videos en los que aparecen hombres siendo agredidos psicológicamente por sus presuntas parejas, el sociólogo explica lo que sucede.
“Cuando vemos situaciones como las que han pasado en las que no suele ser el hombre quien agrede, sino más bien ser la persona víctima, es ahí donde se activan mecanismos de parte de la sociedad patriarcal para mantener un estatus donde no se reflexione sobre lo que está sucediendo y más bien el hombre que es agredido no solo físicamente, sino desde otros ámbitos simbólicos como la burla, chistes, memes y no solamente eso, sino también a nivel institucional, porque la misma violencia contra el hombre no se ve institucionalizada, sino más bien se ve como invisibilizada”, aseveró.
Vargas añadió: “Entonces para mí esos son como elementos centrales que hay que ir desmenuzando y empezar a discutir el concepto propio de la violencia . No solamente hacia la mujer o como concepto de violencia de género, sino como hacia los hombres también”.
Vargas vuelve a mencionar la sociedad patriarcal, pues por siglos las mujeres han sido el “punto central de dominio y violencia por parte de hombres”.
“Aquí hay elemento cultural de aprendizaje dentro del concepto de género, que no se ha ido calando por parte del género masculino; y en ese sentido, los hombres no aprendemos a cómo manifestar nuestras sensaciones, nuestros sentimientos y emociones. Nos enseñan a ser personas muy físicas y muy violentas. (...) ante cualquier situación generalmente hemos aprendido a ser violentos, poco comunicativos, a no construir conocimiento, sino más bien imponer nuestra forma de ver las cosas y esto ha generado una serie de asesinatos anuales que cada vez crecen. Son más violentos y constantes.
Entonces las instituciones deberían no solamente empoderar a las mujeres, sino que también conceptualizar a los hombres. Reeducarnos desde el punto de vista de quiénes somos, de cómo nos constituimos y cómo vivimos en una sociedad que nos impone que debemos ser violentos y nos adaptamos a esa violencia”.
Ante las circunstancias expuestas, Vargas dice que generalmente quienes reaccionan de manera negativa, sobre otros hombres, son hombres.
“Reaccionamos desde la burla hacia otros hombres que no pueden aplicar su poder frente a las mujeres en este caso de los últimos hechos que se han sufrido acá. También entre nosotros los hombres que negamos o motivamos a que esto se mantenga. Así mismo, las instituciones también no proveen de un proceso educativo de reeducación que podamos empezar a sistematizar que nosotros los hombres somos violentados; que somos parte de un proceso de violencia que generalmente nos materializamos como ejecutores y no como violentados”, dijo el especialista.
