
“A los hombres nos enseñan que a la mujer no tenemos que pegarle ni con el pétalo de una rosa. Pero nunca nos dicen qué debemos hacer si son ellas las que nos golpean a nosotros”, dice Mauricio, nombre ficticio para un hombre víctima de agresión física y psicológica.
Él está sentado con sus fornidos brazos cruzados, sus ojos están direccionados al piso y su voz es baja. Mauricio accedió a contar su historia, una en la que fue agredido por su exesposa y quien desde que estaban comprometidos le dio indicios de su explosiva personalidad. Dice que él detectó que algo no estaba bien, que ella una vez se tomó una botella de ron y empezó a patear portones. Su alerta se encendió y él quiso separarse, mas ella le apoyó en una situación familiar y regresaron. Además, él reconoce que estaba “muy enamorado”.
La exesposa de Mauricio sufría un trastorno mental y ello hacía que él justificara, en parte, su “comportamiento agresivo”.
Dice que la agresión que sufrió en sus más de seis años de matrimonio fue, principalmente, psicológica. “Me decía inútil y malmarido. Yo nunca le puse ni un dedo encima. Soy de los que si me enojo prefiero hacerme a un lado antes de hacer una tontera”.
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La agresión física también apareció. Él recordó el episodio.
“Ese día tuvimos una discusión en la mañana. Estuvimos casi que todo el día sin hablarnos. Se salió de la casa y yo me quedé con los niños. Luego ella llegó y yo me tenía que ir a trabajar, pero me dijo que no iba a cuidar a los niños para que yo no pudiera ir. Perdí al cliente.
Yo no quería hablar con ella, estaba en el sofá tapado con la cobija. Me sentía molesto y no quería dormir en el mismo cuarto. Llegó y me buscó, se me tiró encima a pegarme, la taza en la que estaba tomando té me la reventó en la frente y me amenazó diciendo que si no me iba a dormir con ella me iba a cortar el cuello con un hacha que tenía en la cocina. Luego de eso me fui a encerrar a la cochera”, rememoró.
Al día siguiente, Mauricio fue a presentar una denuncia por violencia doméstica para sentar un precedente. Un conocido le recomendó ir a hacerlo “por si pasaba algo más adelante”.
Mauricio se salió de la casa por un mes. Mas regresó para cuidar a sus hijos y también porque “estaba enamorado y quería rescatar su matrimonio”.

Su permanencia en el hogar duró apenas unos meses más. Ella solicitó el divorcio pues según Mauricio, su expareja inició una nueva relación.
“Yo no quería perder mi matrimonio. El día que íbamos a firmar el divorcio me llegó con un acuerdo que establecía que yo tenía que darle $500 de pensión, que ella renunciaba a su pensión pero que le tenía que permitir llevarse a los niños a Europa con el nuevo novio. Ella junto a la abogada me dijeron que si no firmaba el acuerdo me iban a acusar de asalto sexual. Yo dije que no quería firmar, pero no tuve alternativa”.
El día que se iba a marchar de la casa, Mauricio cuenta que tuvo otro inconveniente, por lo que pudo llevarse solamente su ropa.
“Yo dije que salía de la casa. Me había comprado una pantalla plana de 50 pulgadas, era lo único que me iba a llevar. Estaba la señora que nos ayudaba en la casa. Ella se asustó cuando me vio irme y en eso llegó la policía. Mi exesposa me puso una denuncia en la que decía que yo me estaba robando las cosas de la casa. Llegó la policía y les expliqué todo y la señora les dijo que yo solo me iba a llevar mis pertenencias. Y el oficial me dijo que me creía, que había visto casos similares, y me dijo que lo que tenía que hacer era sacar las cosas en bolsas de basura y que podía sacar solo lo que parecía que era mío.
El policía me dijo: 'no se lleve ni el cepillo de dientes porque si ella dice que usted se llevó un cepillo de dientes puede acusarlo de robo para hacerle la maldad y le pone otra denuncia'.
No pude sacar mi cama, ni mi televisor de soltero, ni mis herramientas de trabajo. No pude sacar nada. Solo mi ropa”.
Según este hombre, su expareja se marchó al extranjero y le dejó a los niños, pero cuatro años más tarde regresó y “alegando violencia doméstica” contra ella y los pequeños, los hijos se le otorgaron a la madre.
“Se siente un dolor en el pecho y un vacío cuando le quitan los hijos”, relata Mauricio, quien continúa luchando por obtener la guarda crianza de sus niños.
