Como a muchas otras figuras políticas del siglo XX costarricense, a Luis Manuel Chacón Jiménez le tocó hacer de todo. Activo en política desde los años 60, fue el primer ministro de Turismo, jefe de fracción del Partido Unidad Social Cristiana en dos ocasiones, y partícipe de las primeras comisiones legislativas sobre narcotráfico, así como empresario y consultor.
De acuerdo con el constitucionalista Rubén Hernández Valle, “jugó un papel muy importante” en la creación de la Sala Constitucional en 1989. “Su influencia se hizo sentir, posteriormente, en la escogencia de los primeros Magistrados de la Sala Constitucional”, escribió el jurista en 2019, en la Revista de la Sala Constitucional.
Fue precisamente ese recuerdo el que lo sacó del “ostracismo”, según sus palabras, a inicios de agosto. En una tarde fría que miles de cuerpos apretados en la Plaza de la Democracia pronto calentaron, subió a la tarima del inédito “plantón” en defensa de la independencia del Poder Judicial. “Cuando hay una situación donde la patria peligra, no se puede ser observador”, afirmó ese día.
Si estaba “apartado” en su casa no fue porque no tuviera mucho que decir. De hecho, en estos días tiene ganas de hablar más. A sus 91 años, lee y escucha atentamente; sobre todo, piensa en lo que quiere hacer ahora que, en sus palabras, “el país está en un peligro terrible”.
Pero, ¿qué significa ese peligro? ¿Y qué encuentra en el pasado que pueda servir al presente, para salir del atolladero de la confrontación constante que Chacón diagnostica?
Luis Manuel Chacón explica por qué decidió hablar
Una mañana reciente, pesada de humedad, don Luis Manuel caminaba por su patio contándonos que lee sobre todo libros históricos y que disfruta mucho los musicales. Asistió a varios en Broadway, pero no volverá, por ahora, a Estados Unidos. Escucha también música clásica y también a Agustín Lara, “eso que llaman ahora apolillado”.
No porque una canción tenga muchos años se añeja. Aunque la cultura tica vive ávida de olvidar, para el exdiputado vale la pena ver atrás para pensar en lo que puede servirnos hoy. “Creo que no puedo quedarme callado. Yo le debo a este país salirme de la concha en que estaba desde el 2009 y decir las verdades”, explica. “Yo creo que es indispensable, hay que poner la gente a trabajar, hay que darle esa esperanza”.
Después de su aparición en el plantón recibió “un montón de recados”. “La gente siente que hay alguien que les está diciendo la verdad”, argumenta. Vendrán otros foros, posiblemente, porque encuentra riesgo en “estos momentos de gran tensión donde existe definitivamente una tendencia por parte del anterior gobierno y este gobierno de dirigirnos hacia una dictadura”.
¿Con esa palabra tan fuerte? Sí, dice. “Porque tienen todas las características. Y si nosotros nos vamos a repasar la historia, por ejemplo, Mussolini en 1922, ¿qué nos encontramos?“, pregunta. “Bueno, se dirigen hacia las cortes, hacia la prensa y a castigar a los enemigos y favorecer a los amigos. Y eso es lo que encontramos en estos momentos. Hay una tendencia hacia quitar cualquier traba”, compara.

“Este país ha avanzado y ha sido lo que es porque ha tenido su balance siempre, sus cortes. La Sala IV ha sido en realidad un salvavidas para este país. Y claro, ahora todas las baterías de este gobierno van contra esa sala”, advierte.
Por eso insiste en que seguirá hablando. “Mire, yo tengo 91 años. ¿Qué me van a hacer a estas alturas?“, dice. ¿No le da miedo? “No”, responde, pero se corrige de inmediato: “Sí, claro, miedo sí tengo. Pero la valentía consiste en dominar el miedo, no en no tener miedo. Sí tengo miedo”. De cualquier modo, solo tiene un arrepentimiento de su vida política: “No haber hecho más”.
Su casa en Curridabat es amplia, con cortinas que disimulan el intenso sol del exterior. Afuera, los jardineros acicalan el jardín. Su biblioteca rebosa de libros de historia; también nos extiende algunas de sus novelas y sus memorias políticas, publicadas tras su retiro de la política en 2009.
Ese año, salió del PUSC, donde había estado “desde el día cero” del partido. “¿Por qué me salí? Me salí porque Rafael Calderón se le ocurrió impulsar a Luis Fishman. Sin descrédito para él, Fishman no era la persona para ocupar la presidencia. Necesitábamos una voz componedora, una voz que lograra... Luis no es eso", confiesa. “Yo reflexioné mucho y dije, ‘Los partidos pertenecen al pueblo y el momento en que ese pueblo es excluido, yo me voy’. Y desde el 2009 yo no volví a dar ninguna opinión”.
“Y ahora salgo a la palestra porque encuentro que el país está en un peligro terrible y no puedo quedarme callado. Yo puedo contar las cosas que sé y que puedo describir con toda claridad qué fue lo que pasó y cómo se hizo para que nosotros podamos volver a encontrar el camino”, explica.
Naturalmente, eso pasa por preguntarse qué papel jugaron los partidos “tradicionales” en la desarticulación política de la última década. “Los partidos mayoritarios tienen una gran culpa en todo este proceso. Por un lado, en Unidad, bien o mal o como usted quiera, tuvimos dos expresidentes en la cárcel”, admite.
“Yo puedo contar las cosas que sé y que puedo describir con toda claridad qué fue lo que pasó y cómo se hizo para que nosotros podamos volver a encontrar el camino”
“Por otro lado, Liberación Nacional (PLN) tuvo un expresidente que se fue de Costa Rica por 10 años para que no lo alcanzara la justicia por la mordida de unos teléfonos. Entonces, esa culpabilidad nunca ha sido asumida”, dice.
Por otra parte, considera que los partidos “pasaron de ser escuela, que durante mi tiempo se trató de llevar a los pueblos, de convencerlos de cuál era la doctrina y que Liberación también lo tenía, a ser simples maquinarias electorales”. “Y en esos procesos de maquinarias electorales se perdió el contacto. Yo sé que ahora hay una gran cantidad de cosas que se pueden hacer mediante las redes sociales. Pero el contacto personal es indispensable”, argumenta.

Nos cuenta que, en los años 70, organizó a “3.600 personas que se dispersaron por todo el país y garantizaron que las elecciones fueran honestas”. “Tanto así que José Miguel Iglesias (del partido), el día martes después de las elecciones, me llega con un recado de Rodrigo Carazo a decirme que la mitad del triunfo se debía a la organización que yo había creado. Y no fue cara: todo lo que me dieron fueron 100.000 colones”, dice. “La gente fue a los pueblos poniendo su propio dinero”.
- ¿Porque creían en un proyecto?
- Porque creen en un proyecto. Y tenemos que volver a creer.
- Ese es un asunto que parece importante justo ahora. ¿Usted no siente que a los políticos de Costa Rica —muchos, la mayoría— se les olvidó ofrecer un futuro?
- Yo creo que tal vez se engolosinaron más de la cuenta.
- ¿Con qué?
- Con los poderes que tenían. Creo que necesitamos una figura nueva. Creo que, de partida, todos los que fueron candidatos esta última vez y que quieran participar en esta redención del pueblo de Costa Rica deben renunciar de antemano. (Deben) decir: ‘Yo voy a ayudar, y que conste que no voy a aspirar a nada, renuncio a cualquier candidatura que yo tenga’.
“Y así podemos buscar una figura fresca. Sé que es muy difícil y también sé que es muy fácil. No sé cuál camino es el que vamos a escoger. Pero sí creo que debemos pedirle a todos los costarricenses de buena voluntad que quieran establecer un régimen que acate las leyes y la Constitución que nos ayude, que les pidan a sus dirigentes que se unan a una jornada que permita sacar un partido, que permita sacar un candidato”.
- ¿Qué características debería tener?
- Yo creo que la característica debe ser un hombre o mujer de unos 40 a 60 años que tenga alguna experiencia en política. No le voy a decir que no tenga experiencia porque es como como cualquier otro trabajo: usted no puede traer a alguien de la calle a hacer neurocirugía. Bueno, tiene que tener alguna experiencia. Pero que esté dispuesto a a gobernar con las mejores condiciones. Y ahí es donde los partidos tienen que ceder en todo.
“En el 66, determinado momento salió una publicación que decía que existía un pacto entre Unión Nacional y el Republicano para poner los ministros.
“(Y decía) por ejemplo, Seguridad le toca al Republicano, agricultura le toca a la Unión Nacional, Relaciones Exteriores a la Unión Nacional. Y eso cayó muy mal porque era como si José Joaquín Trejos iba a ser un títere —cosa que doña Laura (Fernández) acepta fácilmente—. Y se nos empezaron a secar las pocas fuentes de dinero que teníamos. A mí me tocó ir a El Guarco con José Joaquín; de vuelta se nos pinchó una llanta.

“Andábamos cuatro personas ahí. No había seguridad, no llevábamos ese desplante de gente de ahora, y nos salimos ahí a la luz de la luna. Mientras cambiábamos la llanta le dije yo a José Joaquín: ‘Vea, tenemos este problema. ¿Quiere que le dé un consejo? Vamos donde don Manuel de la Jiménez de la Guardia y usted le ofrece Industrias.
“Industrias estaba entre los del Republicano, pero eso quiere decir que usted va a elegir sus ministros. Y fuimos eh le ofrecimos el ministerio, él se rió... finalmente fue ministro de de Industrias.
“Se rió, vimos que le había hecho gracia, pero dijo que era muy temprano; en fin, las cosas que usted dice cuando le ofrecen algo que no vale nada. Pero inmediatamente se corrió la bola de que no iba a ser así (como decían de Trejos).
“Así que una de las condiciones es que el presidente tiene que tener la capacidad de nombrar su gente, su gabinete, en las juntas directivas de las instituciones autónomas. Tiene que tener esa capacidad, así que tiene que tener algún conocimiento.
“Pero si existe la la buena voluntad, yo estoy seguro que que vamos a poder. Y en eso es lo que tenemos que trabajar, en la buena voluntad. Y en la confianza. en la confianza de que vamos a salir adelante, en que este es un trabajo en que debemos participar todos los costarricenses de buena voluntad”.

Luis Manuel Chacón ante el futuro
“Creo que he cumplido con la Patria el juramento que tantas veces me correspondió hacer. Así que aquí les dejo mis cuentos políticos, con mis mejores deseos de que ojalá ustedes no participen en la política: el pago es malo”, escribía Luis Manuel Chacón a sus nietos en 2012, en el libro autobiográfico Enanos de otros cuentos.
Cuando se retiró, en 2009, mediaba la amargura de procesos judiciales prolongados y del descarrilamiento del partido que había visto nacer. Sin embargo, ahora habla con el aplomo de quien, si pudiera, retomaría los senderos que conoce tan bien.
“Las redes sociales son ahora un cambio extraordinario; ellos tienen una serie de vietnamitas que asiduamente ven la política y participan activamente. Pero no en todas partes está la computadora, no en todas partes o está el teléfono”, argumenta.
“Si nosotros logramos que los partidos se organicen y lleguen a los lugares, empatamos o ganamos esos lugares. Pero hay que hacer el trabajo. El chancletear todavía sirve. La antigua forma de hacer política tiene que ir paralela con lo que es las novedades que existen ahora”, argumenta.
Nacido el 26 de julio de 1935, Chacón ha visto cómo ese trabajo de ir calle por calle, casa por casa, surte efecto. “Hay que entender cómo se hacen las cosas, cómo se hace política”, dice.
“Yo hice política si puedo decir desde el 63 hasta el 2009. Recorrí el país varias veces. Descuidé a mi familia. Descuidé mi salud. Fui a lugares inimaginables antes de asistir a ellos. Las pobrezas y las necesidades que uno ve son terribles y realmente entra el deseo de poder ayudar y de ver cómo sale esto adelante”, reconoce.
“Pero definitivamente los líderes nos han fallado, los líderes nos han fallado desde hace mucho rato. (En mi novela) 1948, yo señalo que ahí fallaron todos los líderes. (Teodoro) Picado pasó borracho la revolución, si se puede decir. Figueres preparó la revolución cuando firma el pacto del Caribe el 16 de diciembre de 1947, ya alistando eso, con la legión del Caribe y consiguiendo las armas que vinieron de Guatemala. Calderón que no hizo nada”, opina.
“El único, el único que sale bien parado del 48 es Manuel Mora. Porque sí tuvo la fuerza, aunque todos estemos pensando diferente a él, sí tuvo la fuerza de hacer lo que él creía”, dice.
“Y después, nos fallan los otros, entonces nos hemos quedado desnudos. desnudos con una falta de liderazgo terrible. Y un montón de gente que se siente presidenciable”, lamenta. “Ahí de pronto sale un hombre que dice que es un exitoso industrial, que es un exitoso comerciante, y que entonces puede ser presidente y saca 4.000 o 5.000 votos, cuando estaba convencido que iba a arrasar, ¿verdad? Salen los charlatanes. Hay que ser serio en esta situación".
- Dígame una cosa, ¿ahora hay más charlatanes que antes o es que son más visibles?
- No, hay más charlatanes ahora, definitivamente. Antes había un G.W. Villalobos o o ahí alguien alguien hacía alguna alguna tontera. Pero es que ahora abundan. Si usted busca entre los 25 candidatos, ahí encuentran más de uno.
- ¿Por qué? ¿Qué es lo atractivo de ese rol?
- Eh, tendría que preguntárselo a ellos porque a mí no se me ocurre, por Dios, hacer el ridículo, andar hablando de cosas que no sé cómo son y qué son.
“Una de las cosas que tiene que hacerse, si llegamos a una coalición, es un plan de ocho años. Y hay cosas que deben ser a un plazo mucho mayor. Voy a darle un ejemplo. El control de la natalidad, la educación sexual. Nosotros condenamos a las personas a la pobreza perpetua cuando no le damos las suficientes instrucciones (...).
“Si nosotros logramos hacer eso, vamos a salvar de la pobreza a mucha gente. Otra de las cosas que hay que hacer es defender los procesos de la obra pública. Ahí hablan mucho de la Ciudad Gobierno. Existía una forma clara de hacer la Ciudad Gobierno. Se iba a hacer una licitación en la cual alguien iba a participar y durante 25 años iba a construir y mantener eso y cobrarla. Pero no, eso no estaba bien. Había que hacer una licitación amañada o a dedo.
“¿Por qué? Porque en el primer caso no había coima y en este caso sí lo había. Hay que llamar las cosas por su propio nombre. Hay que respetar las las posiciones de la Contraloría. Es indispensable ese esfuerzo que se hace para un buen control.
“No le digo que sea perfecto, no, no, no, si hay muchas cosas que yo no estoy de acuerdo, hay situaciones en que se podrían mejorar, pero definitivamente los controles deben existir. Si son propuestas a largo plazo, son una idea de futuro, algo que de verdad uno diga, bueno, sí, me va a llevar por un camino.
“Porque eso le brinda esperanza al pueblo. Y esta elección va a ser de la persona que lleve la esperanza. Y ahí va a salir muy mal parado este grupo de personas, porque en ocho años no ha hecho más que insultar y tratar de imponerse mediante socavar la democracia de este país”.
Ahora bien, está claro que algo ha resultado atractivo de la propuesta de Rodrigo Chaves Robles y su sucesora, Laura Fernández Delgado, que apela a la gente. No menor es su la efectividad de su estrategia de acudir con frecuencia a las comunidades a comunicarles su punto de vista de cuanta situación ocurre en el país. De modo que volvemos al tema con don Luis Manuel.
- ¿Cuáles son las virtudes y aspectos positivos de Rodrigo Chaves y Laura Fernández?
-Bueno, tendría que contármelos usted porque yo no sé.
- ¿No les encuentra ninguno?
- No, no, por Dios. Una persona que viene a sembrar el odio que viene a tratar de desmantelar lo que ha mantenido este país prosperando. ¿Cómo va a tener algo bueno? ¿Dónde está? Insultar a la gente porque hay que buscar un enemigo todos los miércoles para hacer saltar eso...
“El abandono de los partidos tradicionales o cualquier otro de los partidos en los lugares donde domina el chavismo se puede revertir. Usted tiene que seleccionar gente que vaya a explicarle a la gente. Los tiene que convencer”.
Lo que sigue en la política
Las elecciones de 1966 fueron particularmente desafiantes. El PLN había ganado estrepitosamente en el 62 y los candidatos no levantaban cabeza. Entre conversaciones, fue surgiendo el nombre de José Joaquín Trejos, académico, desconocido. Pero esa característica le garantizaba tener “las manos limpias”, luego lema de campaña.
“Fue una campaña muy difícil. Una campaña donde la gente hizo por sí misma lo que pudo. Nosotros alquilamos un edificio ahí frente a la Catedral en una esquina donde había unos tribunales. Yo como pude lo remodelé”, dice don Luis Manuel.
“No lo remodelé, en realidad, lo que hice fue cambiar el sistema eléctrico porque no queríamos un candidato cocinado en un incendio. Y nos empezamos a encontrar problemas. Problemas como que José Joaquín Trejos estaba acostumbrado a dar clases. Entonces se extendía hasta que sonara una campana o algo. Encontramos que era muy difícil manejarlo. El candidato era el último que hablaba, pero ahora tratamos de recortar lo que era el candidato y poner a alguien más para que levantara las masas”, recuerda.
Y el gesto de las manos limpias que hacía en escena, por supuesto, terminó llevando a Trejos a la presidencia. Nos cuenta las mil peripecias más de aquella campaña. “Pero lo que yo quisiera rescatar de todo esto es la facilidad que se lograron unir dos partidos que hacía unos pocos años se habían matado y que tenían 3.000 muertos a sus espaldas”, señala.
Para don Luis Manuel, es hora de moverse. “Yo creo que es indispensable, hay que poner la gente a trabajar, hay que darle esa esperanza”, dice. Seguirá hablando, después de su aparición en el plantón, tratando de esparcir ese mensaje.
- El plantón fue una experiencia muy emocional para muchas personas. Que no es menor en política para nada, tener una emoción positiva.
-La política es el arte de lo posible y, dentro de ese arte de lo posible, una de las cosas es el sentimiento. Yo siempre he dicho que hay cuatro órganos que manejan la política. El primero es el estómago. A la gente le gusta ver dónde come. El segundo es el corazón. Quieren a un candidato, quieren a una persona. El tercero es el hígado. Tienen a alguien odiado, ¿no?, terriblemente. Y, por último, uno que no se usa, el cerebro.
Al inicio de su primer libro de memorias, Un largo camino (2009), Luis Manuel Chacón recuerda cómo comenzó aquella atribulada campaña de Trejos. “Bueno, ya teníamos candidato, pero, ¿cómo nos organizábamos? ¿Por dónde empezábamos? Creo que por el principio", escribe.
Dice Chacón que siempre le dio consejos al presidente “como amateur”. Pero como ha hecho de todo, entrena las ideas en muchos temas, del turismo a la economía, de la educación sexual a la democracia misma. Le preocupa, pero sobre todo, le ocupa. Por eso Luis Manuel Chacón seguirá hablando.
