
A unas calles del centro de Aserrí está el salón de Mario Mora, un negocio que lleva más de 30 años abierto. Mario es colorista: trabaja con tintes, decoloraciones y tratamientos que, en cualquier otro día, terminan con una buena cantidad de agua corriendo por los lavacabezas.
Ahora los dos lavacabezas permanecen a la espera. Mario nos enseña los baldes que ha tenido que colocar para almacenar lo poco que consigue. “Antes atendía entre cinco y seis personas al día. Ahora apenas puede trabajar con dos o tres. Estamos hablando de que me ha reducido el trabajo a la mitad”.
El problema no es solamente lavarle el cabello a un cliente. En su oficio, el agua es parte de todo el proceso. Un cabello largo y teñido necesita varios lavados para retirar el producto, enjuagar, acondicionar y dejar limpio el cabello y el salón.
Para que rinda el agua, Mario lava bien el tinte para retirar el producto del cabello y del cuero cabelludo y después utiliza acondicionadores, cremas y sprays, en lugar de hacer un segundo lavado con champú.

Los clientes se han ido acostumbrando, pero también hay quienes llegan desde San José, Heredia y otros lugares y llaman antes de salir para preguntar si hay agua.
La Municipalidad ha enviado cisternas para abastecer a los vecinos y Mario también lleva agua desde su casa cuando logra recogerla durante la madrugada. El horario oficial de abastecimiento tampoco siempre coincide con lo que ocurre en la realidad. Él muestra tres botellas que antes fueron de gaseosa que, asegura, logró llenar con apenas un chorrito que comenzó a salir alrededor de las 4 de la mañana.
“Lo malo es que no siempre inspira confianza. Yo soy muy cuidadoso con mis clientes porque algunas veces ha salido limpia y otras veces sale como un fresco de tamarindo. Obvio para beber, prefiero comprar agua, pero no es justo porque pago un recibo de una agua que no me llega”.
La situación le resulta especialmente frustrante porque, mientras su negocio y otros comercios del centro reducen sus actividades por falta de agua, frente a la iglesia se construye un nuevo parque, un proyecto que él considera menos urgente que resolver el problema del acueducto.
“¿De dónde cogen agua para hacer ese parque? La necesidad prioritaria era arreglar el asunto del agua", reclama.

Mario recuerda que “cuando la actual alcaldesa Patricia Porras asumió el cargo, dijo que el agua sería una prioridad”. Él lleva tres décadas detrás de la misma silla de trabajo y asegura que nunca había visto una situación como la actual.
Su explicación del problema es más amplia: habla de falta de planificación, de nuevas construcciones conectadas a tuberías existentes y de un acueducto que, a su juicio, ha crecido sin un verdadero planeamiento hídrico. Y señala otra dificultad que conoce desde la puerta de su salón: Aserrí está lleno de cuestas.
Cuando el agua llega, explica, la presión favorece primero a las partes bajas. Los segundos pisos, como donde está su negocio, terminan esperando.
“Antes el agua podía llegar sucia o con problemas, cuenta, pero llegaba. Ahora ni siquiera eso está garantizado”.
Puede leer el reportaje completo sobre este tema en Revista Dominical y en este enlace.
