Revista Dominical

Esta ciudad barroca es una de las grandes joyas ocultas de Europa: Conozca lo que ofrece al viajero

Diseño de punta al lado de riqueza histórica; gastronomía tradicional junto a cocina novedosa. Todo, en una ciudad que se llena poco a poco de arte.

Plaza en Vilna, con la bandera de la ciudad, la capital de Lituania.
Plaza en Vilna, con la bandera de la ciudad, la capital de Lituania. Fernando Chaves Espinach
Plaza en Vilna, con la bandera de la ciudad, la capital de Lituania.
Plaza en Vilna, con la bandera de la ciudad, la capital de Lituania. (Fernando Chaves Espinach/Fernando Chaves Espinach)

Europa es tan grande y tan pequeña que basta con unos cuantos kilómetros para entrar a otro mundo. Todos los países están entrelazados; todas las historias conectadas. Así, hasta los países más desconocidos para viajeros costarricenses pronto revelan sus secretos y ahí, cuando ya se vuelve familiar, uno se enamora. Eso me pasó con Vilna, Lituania, que ahora podría decir que es visita imperdible si visita el norte del Viejo Continente.

Ubicada en el Báltico, al noreste de Alemania, Lituania es una pequeña república con una gran historia. Sus iglesias ya revelan algo de ese pasado, con su particular estilo del barroco de Vilna; otras edificaciones recuerdan la época del Gran Ducado de Lituania, su poderío económico temporal y sus relaciones con los vecinos, que nutrieron una cultura local muy viva.

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