Con apenas seis años de edad, allá por 1945, el pequeño Ronaldo Ronny Hirsch Keibel vivía en la casa de su abuela, una vivienda de madera y piso de tierra en el Desamparados rural de entonces. En la casa de los Hirsch Keibel solo se hablaba en alemán, y Ronny lo aprendió desde niño, pero como nadie más en Desamparados lo hablaba, Ronny con cinco años, mientras caminaba a la pulpería a comprar naranjas para su oma (abuela en alemán), llegó a la conclusión de que su familia hablaba un “idioma secreto”. En realidad, se trataba de una familia judía que migró a Costa Rica en 1938 huyendo del Alemania nazi.
Cuando George Hirsch y Gertrud Keibel llegaron a Costa Rica desde Hamburgo, Ronny apenas se gestaba en el vientre de su madre. Junto a ellos se vinieron Erich Keibel y su esposa, Susana Steindler, ambos padres de Gertrud. Según narra don Ronny, hoy con 86 años de edad, Erich era odontólogo graduado de la Universidad de Berlín, y combatió en la I Guerra Mundial. Pese a ser un “héroe de guerra”, Erich fue apresado por los nazis y enviado a un campo de concentración, de donde Susana lo sacó —se desconoce cómo porque ella nunca lo contó— para de inmediato partir hacia América.
“A mí me fabricaron en Alemania y me ensamblaron en Costa Rica”, afirma don Ronny jocosamente. Él explicó a Revista Dominical que su abuelo Erich tenía dos hermanas, pero tanto ellas como su madre fallecieron como consecuencia del Holocausto.
“Se vinieron a Costa Rica mi mamá, mi papá, mis abuelos maternos (Erich y Susana), mi abuela paterna (Jenny Hirsch), y mi hermano mayor James Hirsch. Mi hermana menor sí nació aquí en Costa Rica”, detalló don Ronny quien, al igual que su abuelo Erich, es odontólogo pediátrico con especialidad en tratamiento de personas con discapacidad por la Universidad de Oregon.
Tanto él como su hijo, Eric (nombre latinizado de don Erich Keibel) recibieron el pasado 14 de febrero un certificado de nacionalidad alemana por parte de la Embajada de Alemania en Costa Rica.

“Como tantos otros alemanes de fe judía, a los Hirsch les quitaron su nacionalidad y la familia tuvo que huir de la Alemania nazi para sobrevivir”, comunicó la embajada en su página de Facebook. De hecho, don Ronaldo lleva ese nombre en honor al cónsul costarricense que les ayudó a escapar del régimen nazi: Ronaldo Falconer.
Falconer fue un diplomático histórico para Costa Rica. Un artículo de La Nación del 30 de mayo de 1972 reseña que Falconer, de 77 años, cumplió en ese momento 50 años de servicio como cónsul de Costa Rica en Hamburgo.
“El 22 de mayo de 1922 el gobierno de Costa Rica publicó el nombramiento del inglés naturalizado costarricense Ronaldo Falconer como cónsul ad honorem en Mannheim y luego en Fráncfort, Alemania. En 1932 lo nombró general ad honorem en Hamburgo para suceder a John Riedo W.“, citó La Nación hace 54 años.
“De no ser por ese señor no estaríamos hablan hoy”, dice don Ronny con absoluta seguridad.

La familia Hirsch Keibel se quedó en Costa Rica por puro azar, ya que nuestra tierra era solo una parada en su travesía hacia México. Pero no contaban con que al pequeño Ronny se le ocurriría lanzar sus primero llantos al cielo en este país centroamericano.
“La visa de México nunca llegó y ¡zaz! Nací yo y los prensé para quedarse aquí. Bendito Dios, Costa Rica nos eligió”, dicen Ronny y su hijo, Eric, entre carcajadas. “Don Ronaldo Falconer era amigo de mi mamá, porque ella le llevaba la correspondencia al consulado de Hamburgo. Él era una persona con discapacidad, usaba silla de ruedas”, rememoró Hirsch.
“Son historias de la guerra, pero fue lo mejor que pudo haber sido”, declaró Eric Hirsch, hijo de Ronny.
Ejemplo de eso es el destino que le tocó a uno de los hermanos de la abuela Susana.
“Mi abuela tenía cuatro hermanos, uno murió joven, otro murió en la I Guerra Mundial y el tercero emigró a Checoslovaquia por el Holocausto. La última carta que mi abuela recibió de él decía ‘caí en la ratonera’. Pudimos viajar y en un museo en República Checa, donde hay listados de víctimas de los nazis, ahí apareció mi tío abuelo”, recordó Ronny.
Ronny vivió en Desamparados, educado por su abuela Susana, mientras sus padres se esforzaban por trabajar y mantener a sus tres hijos: Gertrud se dedicó a ser agente de viajes, mientras George abrió una pulpería en Limón.
“En 1945, cuando terminó la guerra, mi abuela llegó llorando a la casa, y yo con seis años le pregunté en alemán por qué estaba llorando. ‘Porque Alemania perdió la guerra’, me dijo, yo le pregunté ‘¿no era eso lo que estábamos esperando?’, y ella me respondió ‘sí, gracias a Dios perdió Alemania, pero yo sigo siendo alemana’“, recordó Ronny como ejemplo de que en su ADN había parte alemana, aunque hasta ahora le reconocieran esa nacionalidad.
“Esa conjunción de dos nacionalidades es una oportunidad, una bendición, una maravilla. A veces me siento más alemán o más costarricense, como salchichas o sauerkraut pero no perdono el gallo pinto y los tamales. Así como soy judío y moriré judío, pero me crié con educación religiosa católica con excelentes maestros. Todo eso le da a uno claridad mental para amar la vida, amar al ser humano y agradecer a Dios”, explicó Hirsch.

Embajada alemana: “Es la rectificación de la injusticia del pasado”
El embajador de Alemania en Costa Rica, Daniel Kriener, explicó a Revista Dominical por qué decidieron otorgar a don Ronaldo Hirsch y su hijo Eric el certificado de nacionalidad alemana.
“A partir de 1933, el régimen nazi persiguió a los judíos alemanes de maneras cada vez más discriminatorias, desde la exclusión del sistema educativo y de profesiones como la abogacía y la medicina, la destrucción de sinagogas y de negocios judíos en la Noche de los cristales rotos, hasta las deportaciones y los asesinatos masivos durante el Holocausto”, explicó Kriener.
Los pocos judíos alemanes que pudieron salvar sus vidas lo hicieron huyendo del país, y lo hicieron como apátridas, ya que los nazis los despojaban de sus nacionalidades como método de persecución.
Después de la II Guerra Mundial, la nueva constitución política de 1949 ordenó la restitución de la nacionalidad a la personas afectadas y sus descendientes.
Kriener detalló que la restitución de la nacionalidad no funciona de manera automática, ya que las personas que fueron perseguidas no necesariamente desean ser reconocidas como alemanas. Por eso, el procedimiento se realiza mediante una solicitud a la Oficina Federal de Administración con colaboración de la embajada.

Desde enero de 2025, el embajador Kriener ha hecho entrega de cerca de diez certificados de nacionalidad a cuatro familias. Una de ellas, la de Ronaldo y Eric Hirsch.
“La familia de los señores Hirsch logró escapar de Alemania a finales de 1938, después de la Noche de los cristales rotos y menos de un año antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, cuando el peligro de ser deportado a un campo de concentración era cada vez más elevado. La madre del señor Ronaldo Hirsch soportó la travesía de la huida a Costa Rica estando embarazada, y él nació pocos meses después“, reconoció Kriener.

Don Ronaldo está completamente agradecido con la manera en que Costa Rica acogió a sus abuelos, su papá, y su mamá embarazada.
“Se sintieron tan bien acogidos que nunca quisieron regresar a Alemania a vivir”, detalló Eric.
Aunque ambos reconocen que, tal como lo reportó Revista Dominical en marzo del 2025, Costa Rica no vivió la II Guerra Mundial solo como testigo. Nuestro país le declaró la guerra a la Alemania nazi, la Italia de Mussolini y a Japón, pero no se quedó ahí: en suelo patrio existieron campos de detención para alemanes, italianos, japoneses y españoles.

También hubo situaciones puntuales de antisemitismo que para don Ronaldo no se comparan con el recibimiento fraterno que recibieron.
“Para él, recibir la nacionalidad es como completar su identidad, es poder reconocer sus raíces”, declaró Eric.
También hubo muestras de fraternidad entre los propios alemanes migrantes que vivía en Costa Rica. La familia Von Schrötter fue la que alquiló la casa a los Hirsch en Desamparados, y don George Hirsch trabajó durante los veranos en la Librería Lehmann, mientras James Hirsch, el mayor de sus hijos, trabajó con los Federspiel en las tiendas Universal.
Max Kiebel, hermano de la abuela Susana, exportó bolsas de café costarricense a Hamburgo para que su amigo de infancia, Herbert Schürmer, lo vendiera y así completar ingresos familiares durante la guerra. En otras palabras, la venta de café tico en Alemania les ayudó a poner un plato de comida en su mesa.
“Pero el héroe de todo fue don Ronaldo Falconer”, reiteran Ronaldo y Eric.

El embajadro Daniel Kriener celebró que este mes de febrero, 85 años después de que en 1941 a don Ronaldo Hirsch lo despojaran de su nacionalidad, por fin se repara esa injusticia.
“En otras circunstancias nunca hubiera perdido su nacionalidad. Para la embajada siempre es un gran honor recibir a los sobrevivientes del terror nacionalsocialista y a sus familiares para reparar en parte el indescriptible sufrimiento y manifestar de manera oficial la rectificación de la injusticia del pasado. Son momentos emocionales para ambas partes y nos sentimos felices de que estas familias celebren con nosotros y deseen ser ciudadanos de la Alemania actual”, concluyó Kriener.

