. 13 julio
Una habitante de una aldea cercana a Pripyat luego de que las autoridades decidieran que las personas pudieran regresar. Foto: David McMillan.
Una habitante de una aldea cercana a Pripyat luego de que las autoridades decidieran que las personas pudieran regresar. Foto: David McMillan.

El accidente de la planta nuclear de Chernóbil en 1986 resultó un tema bastante lejano para cualquiera que viviera en Costa Rica. Varias razones incentivaron esa lejanía, la primera es la natural o geográfica, dado que ocurrió al otro lado del mundo.

La segunda razón es más técnica, pues la generación de energía nuclear es y sigue siendo algo impensable en el territorio costarricense. Un tercer motivo es más político: en ese entonces había una “cortina de hierro” que impedía conocer detalles de lo que realmente pasaba al este de Europa.

Desde Costa Rica resultaba difícil imaginar las implicaciones que tuvo este accidente, ocurrido en territorio de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hoy Ucrania. Una de estas consistió en el abandono inmediato de todo un pueblo y algunas otras villas. Había que evacuar y dejar atrás absolutamente todo, incluyendo los juguetes de los niños.

El escenario resultante fue apocalíptico y lo fue aún más con el paso del tiempo, cuando el paisaje urbano decayó.

La aclamada miniserie Chernobyl (2019), recientemente en la programación del canal HBO, revivió el fatal accidente en la central de energía nuclear conocida bajo el mismo nombre y varios hechos trascendentales del entorno ocurridos a su alrededor.

Una parte ficción y otra basada en hechos reales, esta serie revivió de una manera magistral lo acontecido el 26 de abril de 1986 en la antigua URSS.

Conforme la miniserie avanzó en sus cinco capítulos, también creció el impacto que causó en sus espectadores alrededor del mundo. Varios medios de comunicación comenzaron a dar testimonio de esa conmoción y los artículos periodísticos acerca de la serie, y de Chernóbil, se difundieron, y aumentaron la fama que había alcanzado la serie.

Precisamente artículos de Business Insider y CNN exploraron aspectos reales y colaterales de la catástrofe. Uno de estos lo protagoniza David McMillan, fotógrafo canadiense que ha retratado la historia de la zona de exclusión en Chernóbil, específicamente en la ciudad de Pripyat, la que albergaba a los trabajadores de la planta de energía.

Esta zona quedó desierta luego del accidente, pues los niveles de radiación se consideraron peligrosos. De ese lugar nada puede aprovecharse, absolutamente todo tiene el riesgo de estar contaminado y afectar a los humanos.

McMillan ha visitado Chernóbil desde 1994 y continuó haciéndolo en años siguientes. Al ser esta una zona en donde se prohibía que habitaran personas, su trabajó retrató el peso y el paso del tiempo sobre la abandonada Pripyat.

En estas décadas, el fotógrafo ha sido testigo de la transformación apocalíptica de esta ciudad, vio cómo un salón de clase fue devorado por la degradación y conquistado por la naturaleza.

Las visitas de McMillan han sido constantes y la más reciente fue en noviembre del 2018. Todas se agruparon en un libro: Growth and Decay (Crecimiento y Decadencia), publicado en abril pasado.

Según las sinopsis del libro se incluyen fotos hechas en un total de 21 viajes. Los recuerdos de adolescencia del autor sobre el libro En la Playa (1957) de Nevil Shute, sirvieron de inspiración para su obra fotográfica de una ciudad contaminada y sin presencia de humanos.

Las imágenes precisamente permiten observar con claridad y dar forma concreta a la frase “zona de exclusión”, delimitada por las autoridades soviéticas en aquel entonces. Son paisajes y escenarios con elementos humanos relativamente recientes, pero que tras más de tres décadas de abandono lucen como ruinas.

Además, resulta llamativo ver que objetos pequeños, cotidianos y sin importancia han permanecido prácticamente inmóviles todos estos años. Sin embargo, la obra da cuenta de otros que aún se pueden apreciar y que tienen el notable deterioro de los años, con la particularidad de que siguen ahí y es mejor que así sea, debido al riesgo de contaminación.

McMillan, quien reside en Canadá, respondió algunas preguntas acerca de su experiencia fotográfica.

Este edificio fue una librería, la imagen es del 2011 y ya se aprecia el avance del deterioro. Foto: Divid McMillan
Este edificio fue una librería, la imagen es del 2011 y ya se aprecia el avance del deterioro. Foto: Divid McMillan
El mismo edificio de la librería pero en el 2016. El autor de la fotografía considera que el crecimiento de las plantas es uno de los aspectos más llamativos en la zona de exclusión. Foto: David McMillan
El mismo edificio de la librería pero en el 2016. El autor de la fotografía considera que el crecimiento de las plantas es uno de los aspectos más llamativos en la zona de exclusión. Foto: David McMillan

¿Cuál fue su motivación inicial para visitar la ciudad de Pripyat en 1994?

En 1994 leí un artículo en una revista que me dio la motivación para ir (Journey Through a Doomed Land by Alan Weisman). La descripción de la condición de la vigilada “zona de exclusión” que rodea el reactor nuclear, ocho años después del accidente, me sugirió que podría hacer fotografías interesantes en ese sitio.

Después de la visita inicial, estaba feliz con las fotografías y sentí que solo había visto una parte de lo que había ahí, por lo que regresé seis meses después. De nuevo, tomé algunas fotografías que me satisficieron, eso mismo me llevó a pensar que debería volver. Esto ha continuado y mi viaje número 22 fue el pasado noviembre.

¿Qué conocía acerca del accidente de Chernóbil en 1994? ¿Había suficiente información científica disponible?

Había leído algunos libros y varios artículos sobre el accidente, de esa manera tuve una idea general de lo que había sucedido. Me percaté de que el área todavía estaba contaminada (en ese entonces), pero mi impresión era que podía evitar las áreas más contaminadas.

Fui con guía y traductor, quien estaba familiarizado con la zona y podía aconsejarme cuando pasaba demasiado tiempo en un área “caliente” (de mucha radiación). Sin embargo, muchas de las personas que trabajaban allí no tenían acceso a un contador Geiger, por lo tanto eran hasta cierto punto, conjeturas. Alquilé un contador para llevar conmigo en mi segunda visita.

¿Recibió advertencias antes o después de ir Pripyat en 1994 o posteriormente?

No hubo advertencias. Dependía de mí donde yo quisiera ir, pero me dirían si el área estaba contaminada de manera particular.

Panorámica de los edificios cercanos a la planta de energía nuclear de Chernóbil (centro) en 1994. En ese entonces el reactor que explotó estaba bajo un sarcófago de concreto. El accidente ocurrió en 1986.
Panorámica de los edificios cercanos a la planta de energía nuclear de Chernóbil (centro) en 1994. En ese entonces el reactor que explotó estaba bajo un sarcófago de concreto. El accidente ocurrió en 1986.
El paisaje urbano que rodea a la antigua planta de energía nuclear es cada vez más reducido y ha sido ocupado por un paisaje natural como se observa en esta imagen del 2017. En el centro el nuevo sarcófago que cubre el reactor 4. Foto: David McMillan.
El paisaje urbano que rodea a la antigua planta de energía nuclear es cada vez más reducido y ha sido ocupado por un paisaje natural como se observa en esta imagen del 2017. En el centro el nuevo sarcófago que cubre el reactor 4. Foto: David McMillan.

¿Cuál es el periodo comprendido en su libro?

Desde 1994 hasta 2018.

¿Cuándo fue la ocasión más reciente que visitó Pripyat?

Fui en noviembre pasado y sí, hice fotografías.

¿Cuáles eran los formatos de fotografía que usó en 1994 y años siguientes? Para ese entonces la fotografía digital apenas empezaba a utilizarse.

Utilicé cámaras con película (negativos) hasta el 2012. Una era una cámara de “formato medio” con un negativo de tamaño de 6 x 7 centímetros. La otra era una cámara que se considera de “gran formato”, con dimensiones del negativo de aproximadamente 10 x 12 centímetros.

La cámara de formato medio podía ser de mano, pero la más grande requería de un trípode. La ventaja real de la cámara digital es que es más liviana, me permite usar un trípode más pequeño y no tengo que llevar los rollos u hojas de película conmigo.

Así se ha deteriorado un salón de clase de música en la zona de exclusión de Pripyat en Chernóbil. Las imagen es del 2015 y como se aprecia muchas cosas permanecieron inmóviles. Foto: David McMillan
Así se ha deteriorado un salón de clase de música en la zona de exclusión de Pripyat en Chernóbil. Las imagen es del 2015 y como se aprecia muchas cosas permanecieron inmóviles. Foto: David McMillan
Un salón de música en una escuela en Pripyat en el 2005. Foto David McMillan.
Un salón de música en una escuela en Pripyat en el 2005. Foto David McMillan.

¿Cuántas fotos suele hacer en una de las visitas a Pripyat?

Mi promedio ha sido de 600 a 700 exposiciones por visita. Las cámaras que usé tenían un formato diferente a las cámaras de 35 milímetros, las cuales usaban rollos con 36 exposiciones (las de “formato medio” usaban una película de 20 exposiciones por rollo y las de gran formato usaba una hoja de película por vez).

¿Conserva todos los negativos?

Sí, tengo todos. A veces me toma algún tiempo encontrar una fotografía en particular.

¿Se percató si la radiación afectó las películas o fotos digitales?

No, no hubo ninguna consecuencia de la radiación en ninguna exposición.

¿Conoció a supervivientes de la catástrofe? ¿Le contaron acerca de la experiencia?

No hablo ucraniano o ruso, por lo tanto solo podía hablar por medio de un intérprete. Conocí a varias personas que regresaron a sus hogares luego de que fueran evacuadas (si el poblado estaba relativamente limpio de radiación, eventualmente el gobierno permitía que las personas mayores regresaran). Para ellos claramente era difícil estar en un pueblo con solo uno o dos vecinos. El gobierno organizó entregas de suministros básicos.

¿Existe alguna de las imágenes que ilustre el drama de las consecuencias del accidente?

Es muy difícil elegir solo una. Después de cada visita encontraba una foto que terminaba por tener una conexión emocional para mí, ciertamente algunas de las fotos de jardines infantiles al saber que muchos niños estaban afectados (por la radiación).

De una manera diferente, las banderas en escalera, de 1994 a 2018, muestran que cada vez son menos distintas, en cierto sentido desaparecieron. Para mi eso representa la fugacidad de la cultura y que el mundo que conocemos no es permanente. Ciertamente no lo fue para los soviéticos.

Banderas de las repúblicas soviéticas en un salón de clase. El paso del tiempo es evidente en la degradación de los materiales. Las imágenes corresponden a 1994, 1998, 2009 y 2018. Esta es una serie de imágenes que para el fotógrafo relatan de la mejor manera gráfica lo efímero que puede ser la humanidad. Foto: David McMillan.
Banderas de las repúblicas soviéticas en un salón de clase. El paso del tiempo es evidente en la degradación de los materiales. Las imágenes corresponden a 1994, 1998, 2009 y 2018. Esta es una serie de imágenes que para el fotógrafo relatan de la mejor manera gráfica lo efímero que puede ser la humanidad. Foto: David McMillan.

¿Siente esperanza por Pripyat?

Pripyat no vivirá de nuevo. Tomará más de 100 años estar libre de radiación y en todo caso habrá muy poco en pie. Además, no hay ninguna razón económica para que las personas vivan allí, la planta de energía nuclear está cerrada. Lo que es esperanzador es la rapidez con que la naturaleza se ha recuperado, hay un abundante crecimiento en toda la zona de exclusión. El libro tiene muchas fotografías de este crecimiento.

Fotógrafo canadiense David McMillan
Fotógrafo canadiense David McMillan
Nombre: David McMillan
Origen: Winnipeg, Canadá
Edad: 73
Profesión: Fotógrafo, pintor y anteriormente instructor de arte a nivel universitario. Recibió un doctorado honorario por la Oakland University en el estado de Michigan, Estados Unidos.
Publicación: Libro fotográfico Growth and Decay (2019).
¿Qué pasaba en Costa Rica?

La noticia del accidente de Chernóbil en Costa Rica llegó unos días después de ocurrido, incluso las notas al respecto reportaron la poca claridad que había en torno a la catástrofe.

Portada de 'La Nación' del 29 de abril de 1986. Archivo Grupo Nación GN S.A.
Portada de 'La Nación' del 29 de abril de 1986. Archivo Grupo Nación GN S.A.

Precisamente, La Nación incluyó la primera noticia el 29 de abril, es decir tres días después.

En ese entonces el periódico costaba 10 colones y el accidente en territorio de la antigua Unión Soviética estuvo en la portada por dos días.

El 30 de abril de 1986 acaparó más páginas. En la información se detallaba que los medios de información soviéticos, como la agencia de noticias TASS, eran poco precisos y tendían a minimizar el evento.

Portada de 'La Nación' del 30 de abril de 1986. Archivo Grupo Nación GN S.A.
Portada de 'La Nación' del 30 de abril de 1986. Archivo Grupo Nación GN S.A.

Sin embargo, otras fuentes que citaban las agencias manifestaron que el accidente se trataba de algo bastante serio y que la cantidad de fallecidos era importante.

En esos días de guerra fría, la información respecto al manejo de la energía nuclear era trascendental. Las naciones involucradas trataban de evitar que se les asociara a la idea de que no podían o no tenían la capacidad para manejar este tipo de tecnología.

'La Nación' del 29 de abril de 1986. Archivo Grupo Nación GN S.A.
'La Nación' del 29 de abril de 1986. Archivo Grupo Nación GN S.A.

La cantidad de víctimas, hasta la fecha, ha sido un asunto de debate y justamente pocos días después era una cifra que no se podía confirmar con certeza, o al menos el gobierno soviético de ese entonces quería controlar muy bien.

Uno de los hechos más significativos consignados en la información noticiosa e incluida en la miniserie para televisión fue la participación de países como Suecia, los cuales dieron la alerta de que se había presentado una contaminación por radiación, que además, no era en sus plantas y que había estado en el aire desde hace varios días.

Precisamente después de que las naciones nórdicas dieran la alerta, los soviéticos confirmaron el accidente y parte de su gravedad. De ahí en adelante, el mundo empezó a entender los alcances de una catástrofe cuyos efectos aún no terminan de escribirse.

(Video) Vea el tráiler de 'Chernobyl'