
Uno de los problemas de los últimos años es la falta de mano de obra. Los cafetaleros han realizado campañas para incentivar las manos recolectoras nacionales y migrantes.
Andrés Piedra Fallas dijo que esto se debió a dos factores que afectaron a Panamá y Nicaragua, países de donde viene mayoritariamente la mano de obra para la recolección de café.
En el caso de Panamá, hubo una huelga de mineras que dificultó que llegaran recolectores. Al año siguiente, el gobierno de Nicaragua sancionó a las personas que llegaban a Costa Rica a realizar trabajos agrícolas de manera irregular.
Sin embargo, para la cosecha anterior, el Icafé hizo esfuerzos, junto al Ministerio de Trabajo, para el ingreso de mano de obra que llegara con trámites migratorios, pólizas de riesgo laboral y aseguramiento en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). “Somos el único país que le paga seguro a mano de obra migrante en el mundo”, asegura Piedra.
El pago mínimo para la recolección de café, establecido por el Ministerio de Trabajo, es de ¢1.150 cada cajuela. Sin embargo, los productores ofrecen pagos de entre ¢1.500 y ¢2.000 para hacer más atractiva la labor a los recolectores.

“Cada vez es más difícil que la gente que está en el campo siga en la actividad”
Los ejecutivos de Icafé consideran que es un reto que las personas se dediquen a la actividad del café, tanto recolectores como productores. Por ello, desde el sector se impulsan diferentes iniciativas como la recolección por medio de mecanización o semimecanización para facilitar esta labor.
“La topografía del país no es la más benévola, porque tenemos inclinaciones muy importantes, pero estamos viendo algunas soluciones, como aconsejar al productor para que moldee su paisaje agroproductivo y pueda entrar de una manera más eficiente y con maquinaria”, explicó Gustavo Jiménez, director ejecutivo de Icafé.

De acuerdo con Icafé, las estrategias que se están tomando para mejorar la industria son la mecanización, el mejoramiento de las variedades de café por medio de laboratorios de investigación y el compartimiento de buenas prácticas con otros países de la región.
Un país exitoso es el que tiene una base productiva fuerte, con seguridad alimentaria. Para poner las bases, la estrategia es “enamorar a los jóvenes” para trabajar en la industria en la próxima década.
Según Jiménez, ese enamoramiento pasa porque los jóvenes sientan que dedicarse al café es rentable, pero “también es un tema de orgullo y apropiación del proceso” de la producción del grano de oro.
