
Sulin Barboza es una madre soltera que creció en Cajón de Pérez Zeledón y se fue, junto a sus tres hijos, para buscar trabajo en restaurantes. Karen Zamora es oriunda de Grecia y salió hacia Estados Unidos en 1990, con el dolor de dejar a sus dos hijas atrás para trabajar limpiando casas sin saber inglés. Ericka Ugalde es josefina pero se fue hace unos 16 años confiando en que conseguiría trabajo en “Ticos Bar”. Erick, también de Pérez Zeledón, partió en 2008 tras los pasos de su familia.
Todos ellos tienen aspectos en común: son ticos, cumplieron el “sueño americano” y viven en Nueva Jersey, la conocida como “octava provincia” por la alta densidad de costarricenses en sus barrios. No en vano el centro electoral del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en Nueva York (que incluye a NJ) es el más grande fuera de Costa Rica.
De hecho, Sulin Barboza vive en Bound Brook, una de las zonas con más concentración de costarricenses luego de tres décadas de constante migración en busca de empleo. Ella, sin embargo, es un caso aislado, ya que en 2019 logró sorpresivamente conseguir visa estadounidense para ella y sus tres hijos, de manera que ingresó al país de forma legal.

Poco tiempo después llego la pandemia por la covid-19, se le venció la visa, se quedó sin trabajo y personas caritativas le ayudaron a pagar la renta de su vivienda. Pasó momentos difíciles, pero su experiencia de trabajo en sodas ticas le permitió ingresar a trabajar en restaurantes norteamericanos.
“Pero yo siempre tuve la espinita de tener un negocio propio en este país, quería tener un negocio familiar que generara empleo a más personas. Yo no tenía casi ni ahorros, pero sí sueños, y me hice de este negocio desde hace tres años”, narró Barboza. Es propietaria de Tierra Mía, un restaurante ubicado en Bound Brook donde sirven todo tipo de platillos costarricenses; olla de carne, chorreadas, casados, arroz con pollo, aguadulce y más.
Como es lógico, el negocio de doña Sulin es prácticamente un centro de reunión para los ticos residentes en Estados Unidos que están deseosos de la cuchara tradicional costarricense.

Pérez Zeledón y zona de Los Santos: tradición migratoria
Los datos son contundentes. De los 43.686 electores ticos en Estados Unidos, 18.556 están empadronados en Nueva York/Nueva Jersey y 3.117 en Washington D. C. Es decir, casi la mitad de ticos inscritos ante el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en Estados Unidos viven al norte de la costa este.
Pero está claro que ese número subestima la cantidad real de costarricenses residiendo en el país de las barras y las estrellas. La investigación Migraciones en Costa Rica (2017), de Cynthia Aguirre y otros para Flacso, recopila algunas aproximaciones a esa cifra.
Aguirre cita que, según el Censo de Población de los Estados Unidos, en el año 2000 había al menos 68.000 ticos en su territorio. Esa cifra creció en 84% y llegó a 126.000 en el 2010.
Además, el Informe de Migración e Integración en Costa Rica de 2012, elaborado por Migración y Extranjería (DGME) y el Banco Central, estimó que el 5% de la población tica (unas 250.000 personas) vivían fuera del país. Las cifras del Banco Central consideraban que el 75% de esas (unas 187.000) se movilizaron a Estados Unidos.
Hay dos regiones de Costa Rica en particular que predominan en la legión tica en Norteamérica: Pérez Zeledón y la zona de Los Santos. Esto no es solo una percepción, los datos lo respaldan.
Según el censo de 2011, solo el 3% de los entrevistados en Costa Rica dijo tener un miembro de su hogar viviendo en otro país. Ese dato aumentó a casi 10% cuando se entrevistaba a vecinos de Tarrazú, 8% a los de Pérez Zeledón y Dota, o 7% a los de León Cortés y Coto Brus.

Al igual que Sulin, don Erick, conocido en redes sociales como Erick Tico News, es uno de esos.
Él creció en Pérez Zeledón pero asegura que su allegados siempre fueron “nómadas”, por eso, tiene familia política de decenas de países.
“Me crié en Pérez Zeledón con mi familia, pero mi papá ya estaba en los Estados Unidos”, recuerda.
Él siempre fue empresario. En el Valle del General llegó a ser propietario de un cine, discotecas, bares y restaurantes durante los años 90. Sin embargo, todo cambió en 2008, cuando le dijeron que su abuela paterna, residente en Estados Unidos, estaba gravemente enferma.
“Yo no había compartido con ella y me avisaron que estaba delicada. Para ese entonces trabajaba en turismo, en un aeropuerto, y la crisis económica afectó al sector. Por eso decidí que, mientras todo volvía a la normalidad, iba a viajar un par de meses para conocer a mi abuela”, recordó.
“¡Pero el quebranto de salud duró siete años!“, expresó don Erick entre risas. Cuando se dio cuenta, ya era un migrante más, con trabajos, estudios y todas las tribulaciones que eso implica.

En 2012, gracias al auge de Facebook, Erick Tico News se hizo conocido entre los costarricenses residentes en Estados Unidos.
“En esa época unos costarricenses necesitaban pagarle una operación por cáncer de colon a un familiar, entonces yo les propuse hacer una ‘tardeada’, hacer comidas ticas, anunciarlo por Facebook, reunirnos y colaborar. ¡Fue un éxito! Se sacó el dinero para la operación y así nació la página de Ticos News Internacional“, rememoró.
Erick coordinó una estrategia para hacer grupos de Facebook en diferentes ciudades norteamericanas de manera que los costarricenses en la diáspora pudieran reunirse para actividades de bien social, conmemoraciones religiosas, ver partidos de la Sele o celebrar la Independencia.
“Cuando nos dimos cuenta, hasta Concacaf certificó a las páginas para que nuestros integrantes entraran a los estadios a tomar fotos, generar comunidad, seguir a la Sele, organizar la barra... Éramos la voz de los ticos”, relató.
Don Erick incluso llegó a hacer programas deportivos y una radio en línea por medio de Tico News, cuando Spotify no existía y al gente no hacía lives en Twitch. Ahora, 18 años después de que Erick dejó Costa Rica, Tico News tiene canal en TikTok.

Así como Erick ya tenía a su familia de origen pezeteño viviendo en Estados Unidos, ese fue también el caso de Sulin Barboza, que cuando partió, en 2019, ya tenía a casi todos sus hermanos en el norte del continente.
A diferencia de sus antecesores, no se animó a buscar su sueño americano cruzando el desierto a pie, menos aún tomando en consideración que era madre soltera. Pero asegura que fue Dios el que la premió con la visa por la que tanto oró.
Según el Centro de Población de la Universidad de Costa Rica, para 2005 más del 90% de los emigrantes costarricenses procedían de Los Santos, Pérez Zeledón y Sarchí. Además, más del 50% de la población emigraba hacia California, Florida, New York y New Jersey.
Pero, ¿a qué se debe la gran predominancia de la emigración en la zona sur del país?
El informe publicado por Cynthia Aguirre y Flacso en 2017 explica que la migración tica hacia Estados Unidos se intensificó en la década de 1980 y 1990, especialmente porque se deterioró el modelo económico costarricense basado en el sector agropecuario.
Localidades como Pérez Zeledón, Tarrazú, León Cortés, Sarchí, Grecia y Dota vivían en gran medida de la agricultura, especialmente de café, y su declive obligó a la población campesina a buscar otros trabajos. Así creció el sueño americano como una respuesta a la supervivencia.
La investigación de Aguirre detalla que, para 2011, Dota, Tarrazú y León Cortés tenía 35.464 habitantes empadronados; de esos, al menos una cuarta parte vivían en Estados Unidos.

Nostalgia que nunca se va
Ericka Ugalde creció en San José pero su familia ha migrado a Norteamérica desde los años 70, cuando no era tan común hacerlo. De hecho, sus tíos fueron de los primeros en llegar a la comunidad de Summit. Ella confirma que hasta ahora la migración ha sido en cadena: primero se va un miembro de la familia, y pronto le siguen varios más.
Ella visitó Estados Unidos por primera vez en 1999, pero volvió a Costa Rica. Sin embargo, en 2010, con 35 años, vio que sus posibilidades de conseguir trabajo se reducían, pese a estar titulada como asistente dental.
En medio de la dificultad se aventuró y volvió a volar hacia el norte. Ugalde, a diferencia de Sulin, ya tenía alguna noción sobre la vida en Estados Unidos, y estaba segura de que lograría encontrar trabajo.
Tan solo llegar, su primera oportunidad fue en “Ticos Bar”, un bar restaurante ubicado en Hillside, Nueva Jersey. Como su nombre lo indica, era un centro de reunión para la legión tica.

“Era una cantina tipo western, era un éxito, era tan famoso y tan bueno que los ticos hacían fila afuera. Un domingo a las 11 de la mañana no cabía un alma. Además lo administraba un muchacho de Naranjo, entonces era como un bar tico, con bocas y todo. Ahí conocí muchísimos ticos", recordó Ugalde.
Poco tiempo después conoció a su esposo, un tico con nacionalidad estadounidense, se casó, regularizó su estatus migratorio y hoy en día viaja dos veces al año a visitar a su familia en San José.
“Me quedé porque uno se acostumbra al sistema, y en esa época si usted trabajaba, ahorraba y administraba el dinero, le alcanzaba para todo. Por lo menos en esos años. Ahora ha cambiado demasiado, yo a nadie le aconsejaría que se venga y se quede ilegal, porque todo ha cambiado”, explicó.
Ericka confirma que la comunidad tica en Nueva Jersey es activa y disfruta de fomentar la pertenencia a Costa Rica, quizás con algo de nostalgia. Por eso no es raro caminar por una avenida y ver banderas de Costa Rica ondear en los jardines o salones de belleza con una estética inspirada en la tica.

“Nos reunimos el día de la independencia, lo celebramos, hay actos protocolarios, hace poco vino la Banda de Zarcero y fue un llenazo. Hacen procesiones por la Semana Santa o el día de la Virgen de los Ángeles. Se hacen festivales ticos a los que han llegado miles de personas de todo New Jersey, que solo aquí deben haber como 25.000 costarricenses”, aseguró Ugalde.
Summit es uno de los lugares con más concentración de ticos, aunque por detrás de Bound Brook y Manville. Ella afirma que en toda la zona abundan los bares y restaurantes con temática tica, y los costarricenses no distinguen entre clases u orígenes, todos son comunidad.

Su caso es muy diferente al de Karen Zamora, una mujer oriunda de Los Ángeles de Grecia que emprendió su sueño americano en 1990, en un mundo muy diferente y sin hablar una palabra en inglés.
Ella era madre soltera, por lo que se vio obligada a dejar a sus hijas en Costa Rica. Su plan era trabajar en Estados Unidos por cinco años y luego volver, pero el futuro le cambió el rumbo y antes de cumplir el año se llevó a sus hijas también.
“Yo las crié sola, yo no tenía ni idea de a dónde venía. Por dicha una amiga mía tenía una hermana en North Bergen, que me llegó a buscar al aeropuerto con un rótulo con mi nombre. En esa época ahí solo habían dos ticas, los demás estaban en Summerville, a donde me vine en 2001 cuando me compré una casa”, relató Zamora.

Doña Karen cuenta jocosamente que a día de hoy, 36 años después, ella todavía no habla inglés. “Se la jugó” sin aprenderlo, ya que se dedicó siempre a la limpieza de casas.
“Nosotros en setiembre hacíamos lo que llamábamos ‘paradas’ en un bar muy famoso de Bound Brook que se llamaba El Imperial. Nos reuníamos en el parqueo y vendíamos comida casera tica, se hacían tramos, yo hice y vendí picadillos, arroz con pollo, budín, pan, ceviche... Ese tipo de cosas para celebrar la independencia”, rememoró Zamora.

Al final, por muchos años que pasen y por más adaptados que estén los ticos a la vida “gringa”, nunca dejan de ser ticos y de identificarse con una idiosincracia muy bien definida por el sticker de “Pura Vida” en el búmper de un carro con placa de Nueva Jersey.
La “pandemia” de los ticos
Doña Karen, al igual que sus compatriotas mencionados en este reportaje, considera que la situación se ha vuelto mucho más difícil para los ticos que viven en Estados Unidos, particularmente para los que tienen una situación migratoria irregular.
Para explicarlo, ella afirma que viven como si estuvieran en plena pandemia.
“Es muy triste, es como una pandemia contra los hispanos. Han deportado a mucha gente, nosotros tenemos grupos grandes de Whatsapp donde avisamos dónde está migración, que está en tal calle, que hay varios carros. Nos ayudamos entre todos”, relató Zamora.
Ericka Ugalde goza de una situación migratoria regular, pero asegura que hoy no le recomendaría a nadie iniciar su sueño americano como migrante irregular.

“En 16 años de vivir aquí nunca había visto una persecución tan grande contra los migrantes, mi consejo es que si se va a venir y se va a quedar ilegal, que no lo haga. No es solo que lo arresten, es que lo llevan a la cárcel y hasta se enferma. Tenemos el ejemplo de Randall Gamboa, que era muy querido aquí y perdió la vida en agosto del año pasado”, lamentó Ugalde.
Ella explicó que la comunidad tica se ha coordinado para ayudar a los compatriotas que son detenidos por migración. Su mayor temor es que cuando un migrante es arrestado no lo deportan de inmediato, sino que da mil vueltas antes de partir hacia Costa Rica. En ese ínterin la persona puede enfermarse, sufrir abusos o, incluso, algo peor.
Por eso, cuando un tico es detenido, la comunidad hace rifas y colectas para comprar un boleto de avión que permita una deportación más rápida.
“Este no es el momento, no es como antes. Incluso los que tienen residencia permanente están en peligro de que ante la mínima mancha quedan marcados y adiós”, agregó Ericka.

Erick Tico News confirma que, aunque él solía coordinar actividades entre la comunidad tica, este año decidieron suspenderlas, ya que era muy alto el riesgo ante la situación migratoria.
“Hay una persecución, muchos costarricenses han sido capturados; por eso organizamos rifas y vendemos comidas, para ayudarles. Pero la gente tiene un estrés, la situación está muy difícil. No les cabría en la mente lo que está pasando”, lamentó.
Asimismo, él hizo una advertencia para quienes deseen emprender su propio viaje.
“Mucha gente quiere venirse a trabajar, pero los trabajos están cerrados. Los alquileres son carísimos, un segundo piso de dos cuartos y medio, sin sala, vale $3.000 al mes. Ya no existe el sueño americano“, sentenció.
Algunos de ellos, incluso, ya empiezan a valorar la posibilidad de volver a Costa Rica, aunque con una situación socioeconómica más ventajosa que cuando se fueron.

