
Therians aquí, therians allá. Muchos se han escandalizado por esas personas que se identifican de forma simbólica o espiritual con animales, ya que usan máscaras y se desplazan en cuatro patas. Los videos de sus performances despiertan interés, morbo e incluso pánico; pero más allá de su viralización, parece tratarse de una nueva distracción política impregnada de transfobia.
La idea simplista de que los therians “se creen animales” reproduce un argumento utilizado comúnmente contra el colectivo LGTBIQ+: lleva al extremo la caricaturización de su postura de que el género es maleable. Es afín a los memes que se burlan de “me identifico como...” algún objeto o animal, una forma de ridiculizar cuestionamientos profundos sobre la identidad humana entendida como algo rígido.
Al detenerse solo un momento, la diferencia entre una persona trans y una therian resulta notoria. Solo para empezar, estos últimos no expresan un reclamo de derechos o un reconocimiento como “especie”.
La identidad de género de una persona trans o no binarie, entretanto, proviene de otra experiencia vital muy distintas y opera dentro de un sistema de vulnerabilidades. Parte de una vivencia individual, claro está, pero debe abrirse paso entre las normas sociales que la oprimen. Es una forma de entender el género y la identidad, no un pasatiempo o afición.
A nuestros abuelos les hubiera parecido increíble tener que decir esto porque es tan obvio que resultaba irrisorio siquiera pensar en que algún día habría personas que lo pondrían en duda. pic.twitter.com/gs09bCKapv
— Eduardo Verástegui (@EVerastegui) February 17, 2026
“La comparación no suele formularse de manera frontal, pero se insinúa. Circula como pregunta retórica: ‘¿Ahora cualquiera puede percibirse cualquier cosa?’. Esa interrogante no apunta realmente a los therians. Apunta principalmente a deslegitimar y atacar al colectivo trans y no binario (...). La identidad de género opera en un sistema que asigna derechos y jerarquías, a diferencia de la vivencia therian que no tensiona el sistema, ni reclama modificación estructural alguna“, apunta el medio argentino El Destape.
A la vez, estos discursos alimentan un miedo irracional hacia las minorías cuir, presentadas como una amenaza que debe contenerse. “El pánico moral es el brote de una preocupación moral por una supuesta amenaza de un agente de corrupción desproporcionada”, explica la revista Scientific American.
Inevitablemente, esto repercute en lo político: desde 2021, 25 estados en Estados Unidos han promulgado prohibiciones radicales a la atención médica de personas trans. Según Human Rights Watch, se reemplazan los tratamientos basados en la evidencia por restricciones motivadas políticamente.

Justamente en Estados Unidos se ha debatido una y otra vez sobre los “tentáculos” de la comunidad LGTBIQ+ a costas de los therians (más allá de lo que una práctica marginal y muy minoritaria pueda significar). Hace cinco años, Joe Rogan difundió el bulo de que algunas escuelas habían instalado cajas de arena en sus baños para los estudiantes que se “creían” gatos. La acusación, nada novedosa, pintaba a los profesores de sádicos por “permitir” que los niños y niñas salieran del binomio hombre-mujer.
La bola de nieve creció y al menos 20 políticos republicanos calificaron de “dementes” a las personas involucradas en las cajas de arena... hasta que semanas después el propio Rogan admitió la falsedad del relato tras ser desmentido por NBC News.
El daño ya estaba hecho: amplificó con los micrófonos de su pódcast una historia fabricada con ataques hacia las juventudes LGBTQ, en especial las trans y no binaries.
En seguidilla, grupos como las personas con discapacidad y neurodivergentes también se ven afectados. Al especular con una narrativa falsa sobre las supuestas necesidades de los therians, como “querer” convertirse en un animal, se minimizan las urgencias reales de otros grupos.
Therians como distracción política
Es notorio que la atención sobre los therians se está propagando en Argentina, país que discutió una exhaustiva reforma laboral la semana anterior. La decisión de aumentar la jornada a 12 horas o permitir el pago de salario en especie empezó a competir por titulares con la historia de un therian perro que “mordió” a una niña en el tobillo en Córdoba.
“No es casual que esta narrativa emerja en un momento de ajuste y crisis social, mientras el gobierno intenta avanzar en un plan de reformas estructurales a espaldas del pueblo y las grandes mayorías”, agrega El Destape.
El intento por controlar a las personas, a su vez, ya lo hemos visto con las brujas, los cómics, los videojuegos, las drag queens... Es un intento más por tratar de definir al “enemigo”.

