
Por primera vez en 12 años, Celso Borges tendrá que decidir cómo ver un Mundial.
Durante más de una década no hizo falta planearlo. Entre concentraciones, viajes y tres participaciones mundialistas consecutivas, no hacía falta.
Aunque admite que todavía no tiene un plan definido para seguir el torneo, sí tiene algo claro: prefiere ver los partidos solo. El fútbol le genera demasiada tensión para compartirlo con demasiada gente. Quizá haga una excepción para la final. Tal vez reúna a algunos amigos de la infancia para verla juntos. Por ahora, ni eso está completamente decidido.
Su apoyo irá, en esta ocasión, para su segundo país. “Si no creo que Brasil pueda ser campeón mejor ni llego a la casa”, dice, bromeando con la ascendencia de su padre.
Pero más allá de las risas, el jugador dorsal 5 asegura que la ausencia de Costa Rica cambia la experiencia y para Celso también debería provocar algo en los futbolistas que hoy observan el Mundial desde casa.
“Más que aprender, lo que tiene que hacer el futbolista tico viendo el mundial es sentir. Tiene que doler, tiene que arder. El futbolista tico tiene que sentir el FOMO de no estar ahí, de perderse este evento, de perderse lo que habría significado para sus carreras”.
El lamento de nuestra ausencia lo extrapola hacia todo el país. “El Mundial no es solo deportivo. Es social, económico, cultural. Todas las ruedas que hacen caminar a un país tienen que ver con el fútbol y con clasificar a un Mundial”.
“Aunque queramos negarlo, el deporte es lo que mueve a los demás deportes, es lo que mueve a la sociedad y es el que más marca la diferencia. El país está frío; el ambiente así no es para menos”, dice.
Aunque insiste en que verá el Mundial para entretenerse y disfrutarlo, reconoce que le cuesta apagar la mirada del futbolista profesional.
Más que los chismes o las polémicas que suelen dominar las redes sociales durante un torneo de esta magnitud, Borges se siente atraído por lo que ocurre detrás de cámaras y cuenta que su algoritmo de Instagram lo sabe.
Cuando abre sus redes, rara vez le aparecen rumores de vestuario o jugadores molestos por una sustitución. Lo que consume son videos de entrenamientos, sesiones de recuperación, trabajos de gimnasio y las pequeñas rutinas que los equipos comparten durante la concentración.
“Me gusta mucho ver el behind the scenes”, cuenta. “Cómo entrenan, cómo hacen la recuperación, qué están haciendo entre partidos, cómo se preparan”.
Son detalles a los que normalmente el público no tiene acceso y que para él resultan tan interesantes como los propios encuentros.
“Eso me gusta porque es información que uno normalmente no tendría. Ahí siempre hay algo que aprender”.
Borges sigue encontrando fascinante observar cómo trabajan los mejores equipos del mundo cuando nadie los está viendo. “Pero no le miento: lo que más quiero es entretenerme”, dice.
Entretenerse viendo, ojalá, a Brasil campeón del mundo. Celebrando un gol de larga distancia o una parada imposible. Disfrutar de las historias que solo aparecen cada cuatro años.
Por supuesto, no podrá sacarse de la cabeza el lamento de no ver a la Sele allí ni un segundo. Porque para alguien que estuvo en tres mundiales, la Copa del Mundo nunca es únicamente lo que ocurre en la cancha. También es el recuerdo constante de lo que significa pertenecer a ella.
Un Mundial sin estrés

Ver un Mundial simplemente por diversión será una sensación a la que aún no sabe cómo reaccionará.
Durante años, cada Copa del Mundo estuvo asociada a concentraciones, entrenamientos, análisis de rivales y la presión de la competencia.
“Esta vez lo veo como entretenimiento. Espero que sea entretenido cada partido, que pueda disfrutarlo”, dice.
Durante años ha admirado las carreras de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, dos jugadores que, según reconoce, marcaron una época irrepetible y le da nostalgia verlos en “su último baile”.
También cuenta que la forma en que seguirá el torneo también será distinta. Algunos partidos deberá comentarlos por trabajo. Otros los verá desde la tranquilidad de su hogar, lejos de reuniones multitudinarias y de la tensión colectiva que suele acompañar los grandes encuentros. “Quiero pasarla tranquilo”, afirma.
También, hay otro aspecto que despierta su curiosidad. Borges cree que esta Copa del Mundo marcará un punto de inflexión en la forma de presentar el fútbol como espectáculo. “Creo que es la primera vez que se toma el fútbol tan claramente como un deporte de entretenimiento”.
Observa con curiosidad la influencia del modelo estadounidense: los espectáculos alrededor de los partidos, el show del medio tiempo en la final, las pausas de hidratación que obligan a replantear estrategias y el esfuerzo por hacer los encuentros más dinámicos y atractivos para las audiencias.
“Eso es lo interesante. Que están haciendo sentir el mundial distinto y Estados Unidos sabe cómo llevarlo al nivel de mercadeo que han alcanzado con otros deportes”, analiza.
Después de tres mundiales como protagonista, quizás esa sea una de las mayores novedades para Celso Borges: por primera vez podrá observar la Copa del Mundo como la observan millones de aficionados. Con menos presión, más curiosidad y la posibilidad, simplemente, de dejarse entretener por el espectáculo.
