Una hora después de haber almorzado, se le empezaron a hinchar los ojos. Pasaron pocos minutos antes de que sus labios también se inflamaran, pero la parte más grave de esta incómoda experiencia fue cuando tuvo un bloqueo parcial de sus vías respiratorias.
El joven Luis Manuel Matamoros recuerda así una de las cinco veces en que una insospechada alergia lo obligó a trasladarse, súbitamente, de un restaurante a un hospital.
Debió sobrevivir a aquellos tortuosos capítulos para enterarse de que era alérgico al tomate en su estado puro, a los camarones y a los empanizadores.
Desde entonces, lleva con él pastillas antialérgicas y evita a toda costa ingerir aquellos alimentos que lo podrían hacer pasar otro trago amargo.
Alrededor de un 8% de la población mundial sufre de alergias a algún tipo de comida, según el más reciente estudio del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Estados Unidos.
Las alergias se definen como una reacción del sistema inmunológico a la ingesta de un alimento en particular y pueden darse por predisposición a dicha comida así como por otros detonantes como malos hábitos alimentarios, infecciones del tracto digestivo o niveles sostenidos de estrés.
En las situaciones más críticas, las primeras señales de la alergia pueden comenzar cuando la comida en cuestión ni siquiera ha terminado de ser digerida.
Se presentan así los síntomas inmediatos, que pueden incluir vómitos, diarreas, inflamación de las vías respiratorias, asma o náuseas. También es muy frecuente la dermatitis atópica (o eczema), que es fácilmente reconocible por la fuerte picazón.
Estas reacciones aparecen con tal rapidez que pueden llegar antes que la cuenta del restaurante. En cuanto a su duración, los síntomas pueden extenderse hasta dos horas después de haber ingerido el alimento que generó la alergia.
Otros síntomas, en cambio, llegan tardíamente, y pueden incluir gastritis o colitis constante, así como esofagitis eosinofílica (sensación de que la comida se pega en el esófago a la hora de tragar).
En los casos más graves, se puede presentar una reacción severa llamada anafilaxia, que compromete más de un sistema del cuerpo a la vez, como el respiratorio el cardiaco y el vascular. Esto puede provocar la muerte.
Los responsables
Si bien cada persona puede ser alérgica a un alimento diferente, los productos que más frecuentemente dan problema son los huevos, la leche, el trigo, el maní, las semillas, el pescado y los crustáceos.
En Estados Unidos, estos son responsables del 90% de todas las alergias, según The Food Allergy & Anaphylaxis Network.
El médico Olman Riggioni, presidente de Asociación Costarricense de Alergia e Inmunología, asegura que también pesan las particularidades de los hábitos alimentarios propios de cada grupo de población. En Costa Rica, por ejemplo, además de los alimentos ya mencionados, es usual que haya alérgicos al maíz y los frijoles.
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Riggioni agrega que “el uso constante de irritantes en la comida y de “aumentadores del sabor” como productos artificiales de tipo glutamato y otros, hacen que se pierda este delicado mecanismo de “tolerancia” y se ingrese en el área de “reacción alérgica” a los alimentos”.
Por su parte, Juan Pablo Barahona, asesor en alimentación consciente y bioalimentación, opina que las alergias son una señal de la intoxicación del cuerpo por ingerir comidas que el cuerpo no está hecho para consumir, tales como azúcares blancos, carnes y harinas blancas, entre otros. En su caso, la recomendación es hacer una limpieza de adentro hacia afuera, antes de utilizar remedios como cremas.
“Las alergias pueden presentarse con manifestaciones muy leves, que no necesariamente son los síntomas típicos. No hay que esperar una irritación para detectar una alergia. Se pueden presentar con mareos o bajonazos de energía”, explica.
A pesar de que atienden los cuadros alérgicos desde diferentes campos, ambos especialistas coinciden en la importancia de practicarse pruebas de alergias con un alergólogo. Estos exámenes pueden ser de reactividad de piel a diferentes alimentos, de prick (piquete), por vía intradérmica o con parches.
Cada vez hay más personas alérgicas en el mundo. “La tendencia es que, cuanto más urbana y desarrollada se vuelva una población, mayores serán los porcentajes de alergias”, comenta Riggioni, mientras que Barahona culpabiliza de esto al incremento en el uso de pesticidas y preservantes en las comidas que llegan a nuestros platos.
A la vez, cada vez son más las posibilidades médicas que desprenden diagnósticos sobre las alergias, que tiempo atrás no podían ser comprendidas.
La recomendación generalizada sobre los alimentos que produzcan alergia es cesar su consumo de forma total.
Sin embargo, existe la posibilidad de inducir la “tolerancia inmunológica” hacia alguna comida siguiendo una dieta estricta de los alimentos en cuestión, y, de este modo, lograr que se pierda “la memoria inmunológica intestinal”.
Esta prueba, sin embargo, puede no ser efectiva, especialmente si la alergia es genética.