Revista Dominical

Bionic Models: la agencia de modelaje que rompió los moldes

Natalia Marín, una joven amputada y sobreviviente de cáncer, creó una agencia de modelos para personas amputadas que busca generar empatía, romper paradigmas y convertirse en una red de apoyo para sus integrantes.

Natalia Marín recuerda como si fuera ayer el día que le diagnosticaron un cáncer en la rodilla de la pierna izquierda. En ese momento ella tenía 12 años y no entendía muy bien lo que pasaba en el consultorio, pero podía ver la tristeza en el rostro de su mamá.

Desde ese día sus visitas al médico se volvieron más frecuentes y los días que pasaba internada también, al punto de conocer el Hospital de Niños como si fuera su casa. Allí la sometieron a una serie de estudios y tratamientos que incluyó quimioterapia por dos años.

El objetivo era poder salvar su pierna.

Sin embargo, el cáncer ya estaba muy avanzado y a los médicos no les quedó otra alternativa que la amputación.

A partir de allí, vinieron nueve años cargados de muchos temores, complejos, luchas internas, problemas de autoestima e incertidumbre. Natalia era tan solo una adolescente y pensaba que no iba a poder salir adelante, que la iban a rechazar, que nunca iba a tener una pareja y que tendría que renunciar a hacer muchas cosas que le gustaban.

“Me desvalorice como mujer”, reconoce.

Su perspectiva cambió el día que vio a una joven de su edad con short, luciendo orgullosa su prótesis. Ese día Natalia se dijo: “si ella puede ¿por qué usted no?, despabílese”. Entonces se pidió perdón, y prometió amarse tal y como era.

A partir de ahí la joven empezó a escribir un nuevo capítulo en su vida, pues quería ser inspiración para otras personas. Por ello, comenzó a visitar escuelas y colegios contando su historia de vida y se unió a fundaciones que trabajaban con niños con cáncer.

Como parte de su voluntariado, Marín visita a los pequeños que van a ser amputados en el Hospital Nacional de Niños, con el propósito de mostrarles que tener una prótesis les permitiría retomar su normalidad.

“Cada vez que van a pasar un chiquito me llaman a mí, para que les enseñe que a pesar de que no tengo una parte del cuerpo, sí puedo salir adelante. Y a veces es hasta más difícil tratar con los papás el tema que con el mismo chiquito”, relata Natalia, quien tiene 30 años.

Así fue como se le ocurrió crear su propio proyecto, uno que se enfocara en personas amputadas: que les brindara apoyo emocional, oportunidades de crecimiento personal e incluso laboral y que trascendiera las apariencias.

Entonces, creó en el 2017 Bionic Models, una agencia de modelos amputados.

“Yo sé que desde el inicio nos han visto como modelos de moda y claro que sí, lo somos, pero más que eso somos modelos a seguir, modelos de vida. Yo me acuerdo cuando yo estaba en todo este proceso del cáncer a mi me tocó pasarlo sola, yo no tuve ejemplo y que yo dijera: ‘si él pudo, yo también’, entonces fue muy difícil para mí ese proceso.

“Y yo le decía a Dios que yo quería hacer algo, que quería ser luz para los que venían para arriba y hacer esa carga un poquito menos pesada”, comenta la joven, quien el próximo mes de setiembre se graduará como licenciada en Terapia Física.

En estos años en Bionic Models han trabajado con diferentes agencias de publicidad, como Inti Casting, también con la Universidad Santa Paula y con la tienda de ropa deportiva Cotilú Activewear. Pero no solo se trata de posar para la cámara, pues con frecuencia son invitados a diferentes empresas a contar su testimonio y han protagonizado varias campañas internas.

Lo mismo ocurre con los centros educativos, que han visitado en múltiples ocasiones narrando su historia. Por ello, esta agencia se ha convertido en un proyecto integral, que busca hacer conciencia en la población, al tiempo que empodera a las personas amputadas.

“Sí, trabajamos como una agencia de modelos biónicos, pero creo que otro de nuestros fuertes es la parte humana, la empatía, enseñar a la gente cómo tratar a una persona con discapacidad, porque ante todo es una persona y hay que quitarle a la gente ese lenguaje del pobrecito, del minusválido y que llamen las cosas como tienen que llamarla. Y, por otro lado, tratamos temas de autoestima y amor propio, porque obviamente cuando uno pierde una parte del cuerpo afecta mucho y a como hay chicos que son positivos, hay otros que les da depresión, que no quieren utilizar la prótesis, que no quieren estudiar”, explica Marín.

Actualmente, la agencia está integrada por 30 modelos, principalmente niños y adultos jóvenes, quienes se reúnen frecuentemente como un grupo de amigos. Sus integrantes han recibido terapia psicológica, terapia física y otros servicios por parte de un grupo multidisciplinario de profesionales, quienes se han sumado al proyecto.

Aún no tienen una sede física, pero siempre encuentran un sitio ideal para hacer las fotografías, ya sea en estudio o en exteriores.

Para Natalia lo principal es que las personas amputadas se sientan bien con su cuerpo y puedan salir adelante. De hecho, quienes forman parte de la agencia, actualmente, son personas que ella misma ha ido contactando por redes sociales o que conoce en el hospital.

“Este es mi propósito de vida, y ha sido un reto porque no ha sido fácil, pero ha significado modelar caminos de las personas que han formado parte del proyecto, cada uno es un ejemplo a seguir y esto ha significado un alentar corazones, porque lo esencial trasciende las apariencias y creo que el mundo está falto de amor, de empatía para el que más lo necesita y para mí este proyecto ha sido una plataforma para empoderar a los chicos y a sus familias y enseñarles que no hay límites”, afirma.

El sueño de Natalia es poder ver a quienes forman parte de la agencia en una gran valla publicitaria y se permite soñarlo.

Cambio de vida

Una de las primeras personas que Natalia contactó por medio de Facebook fue a Ángela Salazar Rodríguez, una chica quien, en ese momento, apenas se estaba acostumbrando a usar su prótesis.

A la herediana le amputaron su pierna izquierda luego de un accidente de tránsito en noviembre del 2014. Ella iba manejando su motocicleta por la derecha en una carretera cerca de Oreamuno, en Cartago, cuando colisionó con un autobús.

Producto del impacto, Ángela quedó debajo del automotor y fue trasladada al hospital Max Peralta. Tras una serie de valoraciones, a los médicos no les quedó otra opción que amputarle la pierna y ella fue la última en enterarse.

“Todos a mi alrededor sabían que yo estaba amputada menos yo y no me decían por la reacción que pudiera tomar. Tenían miedo de cómo iba reaccionar, hasta que un día, yo me toqué y me di cuenta que no tenía una pierna, pero mi reacción fue muy diferente, reaccioné tranquila”, relata.

Y pese a que los doctores no pudieron salvar su pierna, sí lograron rescatar su brazo izquierdo, en el que ahora tiene una platina que recorre del hombro al codo.

“El diagnóstico de los doctores a mis papás fue que yo no iba a poder hablar, no me iba poder levantar, no iba a poder caminar... en resumen: estado vegetativo. Además, yo tuve un trauma craneoencefálico severo porque yo llevaba casco, pero pegué en el asfalto y obviamente tuve un trauma, entonces tuve que recibir terapia psicológica, terapia física -por la prótesis-, terapia ocupacional -para mover mi brazo- y terapia de lenguaje -porque no podía hablar-”, explica.

La terapia de recuperación tardó aproximadamente tres años, tiempo en el que Ángela atravesó su duelo. Posteriormente, decidió que era momento de retomar sus proyectos inconclusos, incluida su licenciatura en Comunicación de Mercadeo.

La herediana de 40 años es conocida por siempre mostrar su mejor sonrisa, contar chistes, hacer bromas y motivar a los demás. Ahora considera que eso fue lo que más la motivó para salir adelante y enfrentar la adversidad.

“Obviamente sí lloré, porque siento que eso es un luto, y yo creo que cuando usted pierde algún miembro de su cuerpo hay que llorar. Aunque usted sea muy fuerte mi recomendación es: llore, porque usted está perdiendo algo y no es bueno quedarse con ese dolor.

“En mi caso, yo lloré como una semana y después me dije: ‘¿de quién fue la culpa?’, la culpa fue mía. Después me pregunté: ‘¿quién llevaba la moto?’, y yo misma me dije que yo; entonces, cuando usted asume sus responsabilidades es diferente, pero si uno anda por la vida buscando culpables, hay un problema”, comenta.

Ángela reconoce que han sido años difíciles, la adaptación no ha sido sencilla y ha tenido muchos problemas con las dos prótesis que ha usado, sin embargo, está en proceso de que le arreglen la que usa ahora, para sentirse más cómoda.

Hoy entiende mejor el tema de la accesibilidad y lo mucho que falta para que las personas con discapacidad puedan caminar de una forma más segura cuando salen de su casa. Además, ya no puede manejar motocicleta como antes y por ello aprendió a conducir un vehículo automático, tiene su licencia y este es su medio de transporte.

En su hogar la dinámica sigue siendo la misma, no obstante, le toma más tiempo hacer las tareas de la casa y a modo de ejemplo, explica que lo que “una persona, con todas sus extremidades, hace en cinco minutos, yo lo voy a hacer en 10, pero es lo único”.

“Yo siento que todo en la vida pasa - tanto lo bueno, como lo malo-, entonces igual yo sé que es muy complicado de entender las cosas en el momento en el que pasan, porque honestamente yo no lo hubiera entendido en el mismo momento; y está bien que duela y si hay que llorar, se llora, pero no hay que llorar toda la vida, porque llorando no se hace nada. La clave es levantarse con actitud y mirar hacia delante”, agrega.

Desde que fue amputada, ha pasado por un subibaja de emociones y experiencias que nunca se imaginó. Por ejemplo, en el 2019 adoptó a Bruno, un perro que es ciego.

Confiesa que a ella nunca le gustaron ni los perros ni los gatos, nunca tuvo mascotas, pero Bruno tenía algo realmente especial, con el que conectó desde que supo de su discapacidad.

“Él le da un poco más de sentido a lo que hago, ahora alguien depende de mí y yo me enamoré de su condición. Creo que nos complementamos, porque los dos tenemos una discapacidad y nos entendemos”, asegura.

De hecho Bruno es la mascota oficial de Bionic Models, la agencia a la que ingresó luego de que Natalia la contactara. Ángela reconoce que nunca pasó por su cabeza ser modelo, sin embargo, este proyecto era diferente y valía la pena intentarlo.

Esta era una forma de contar su testimonio, de que los demás escucharan y vieran su historia a partir de la amputación.

Como parte de la agencia, ha hecho sesiones fotográficas; dado charlas de motivación; visitado escuelas, colegios y empresas.

“Es un proyecto muy chiva, muy grande y hermoso. Es un proyecto muy bien dirigido y creo que más allá de todo, por medio de esto podemos darle a la gente esa herramienta, esa motivación que les hace falta para emprender o desarrollar un proyecto. Y ojalá que puedan ver las historias de cada uno de nosotros (los de la agencia) y diga: ‘¿por qué si a ella le falta un pie o una mano, yo no puedo salir con todo si yo tengo todas mis extremidades?’. Entonces, la idea es que a la persona le dé tanta cólera consigo misma que diga: ‘pucha, lo voy a hacer’.

“Muchas veces nos ponemos obstáculos nosotros mismos y ojalá que con cada historia, puedan darle vuelta a esos obstáculos y hacer realidad sus sueños”, añade.

De nacimiento

Antes de comenzar esta entrevista, Gabriel Hernández Álvarez es enfático en que hablar no es lo suyo.

“Yo soy de pocas palabras”, dice. Sin embargo, modelar sí se le da bien. Al menos, asegura que para eso no necesita hablar mucho.

Él es un adolescente de 12 años vecino de Aserrí, que ya ha participado en más de cuatro sesiones fotográficas de Bionic Models. Para Gabriel formar parte de la agencia es una oportunidad para conocer a otras personas amputadas.

“Sus historias de vida son muy interesantes”, afirma.

Su mamá, Alejandra Álvarez, es de quienes más lo han impulsado a formar parte de este grupo, que se ha convertido en una red de apoyo para sus integrantes.

Por medio de la agencia, sus modelos comparten experiencias de vida, se dan consejos, se motivan y se ayudan entre sí.

“Es como una comunidad y a mí me encantaría que más gente conozca el grupo porque es inspirador: hay personas que tenemos todo y a veces no luchamos por las cosas. Yo me acuerdo que Gabriel, cuando era pequeñito, dijo que quería aprender a saltar la cuerda y la terapeuta le dijo: ‘sí, usted puede’, e intentó tres meses seguidos porque lo había visto en el kinder y quería hacerlo y lo intentó muchas veces hasta que lo logró”, detalla su madre.

Y es que Alejandra supo de la discapacidad de Gabriel desde que tenía seis meses de embarazo, cuando los médicos le dijeron que su hijo tenía un problema en el hueso de la pierna derecha, aunque en ese momento se desconocía cuál era ese tipo de dificultad.

Cuando nació, le explicaron que el niño había nacido sin peroné y que en el momento que él quisiera comenzar a caminar, habría que amputarle la pierna.

En un principio lo valoraron varios especialistas, le dijeron que podían hacer un alargamiento del hueso, para no tener que amputarle la pierna, sin embargo esto requería entre 16 y 18 operaciones y no había garantía de que funcionaría. Por ello, los padres decidieron que lo mejor era amputarlo.

“Fue la decisión más difícil de la vida. Pero a los 10 meses la operaron, a los 11 meses le pusieron la prótesis y al año y cuatro meses ya caminó. Y uno al principio, como mamá, se siente muy llena de miedo de que se va a caer y que se va a golpear, pero en el proceso uno aprende”, comenta su progenitora.

Gabriel cursa el sexto grado en la Escuela Misionera Osana, en Aserrí y desde que está en primer grado ha tenido a los mismos compañeros y nunca ha afrontado problemas con alguno de ellos por su prótesis.

Siempre se ha sentido cómodo: juega bola, corre y brinca, a tal punto que en más de una ocasión ha roto el pie (de la prótesis), confiesa.

El adolescente, además, es amante de las caminatas de montaña y sueña con llegar a la cima del cerro Chirripó algún día.

“Yo, la verdad, es que me he sentido muy cómodo con mi prótesis. No siento diferencia entre la pierna izquierda y la pierna derecha, lo único es que luego de seis horas me molesta. Por ejemplo, hace poco me cambiaron esta prótesis y de un lado me quedaba muy apretada, entonces me daba mucho calor y ahí sí me dolía”, explica el muchacho.

Y aunque Gabriel se siente muy cómodo con su prótesis, nunca faltan las personas que se le quedan viendo y que se acercan a hacerle comentarios o preguntas indiscretas.

Ante tal situación, su mamá siempre le repite que él puede contar su historia a quien quiera, pero si prefiere ser más reservado, también está en todo su derecho.

“Sí pasa mucho que la gente lo ve de reojo, entonces hay que enseñarles a ellos que son normales y que se tienen que empoderar, porque en todo lado los ven como raros, con discriminación. Entonces, uno debe tener mucha empatía y seguir, porque hay personas que hasta se detienen a ver”, asegura Álvarez.

Seguridad

Una situación muy diferente a la de Gabriel es la que han atravesado Isabella Rosales Vargas y su familia. Ella es una niña de 10 años que cursa el cuarto grado en la Escuela María Auxiliadora y a quien le amputaron su pierna izquierda a los dos años y medio de edad.

Cuando estaba más pequeña unos compañeros no querían jugar con ella porque decían que tenía “un pie biónico”.

Para su papá, Jairo Rosales, y su mamá, Loana Vargas, escuchar a su hija repetir lo que los chiquitos le decían resultó muy complicado, especialmente por tratarse de niños.

“Cuando nos contó, lo vimos como un problema porque no es tan fácil de explicar, pero ella nos dijo que no importaba y al final ellos terminaron siendo sus amigos. Yo creo que esa seguridad le ha permitido enfrentar todo el problema de la escuela, desde que la molesten hasta que le digan que no quieren jugar con ella”, relata el padre.

Y así como han pasado situaciones complicadas en la escuela, ha habido otras que despertaron la curiosidad de la familia. Por ejemplo, en una ocasión uno de los niños observó la prótesis de Isabella, le dijo a su mamá que quería tener una pierna como la de la pequeña.

“La señora no sabía qué hacer, pero Isabella se volvió feliz y me dijo: ‘papá, vea qué lindo, él quiere tener una pierna como yo’”, recuerda Rosales.

Isabella nació sin fémur y cuando tenía dos años y medio, luego de múltiples investigaciones, citas con médicos y mucha meditación, sus padres decidieron que amputarle la pierna era la mejor decisión.

Ellos pensaron en que si le amputaban la pierna desde pequeñita, conforme creciera iba a sentir la prótesis como parte de ella.

Hoy en día Isabella hace de todo: patina, nada, anda en bicicleta, escala y hasta ha surfeado.

“Es una niña muy activa y creo que eso ha sido gracias al trabajo de nosotros como padres, porque creo que le hemos dado esa seguridad de que no hay nada imposible en la vida. Ella no tiene nada, para mí ella no tiene nada… ante la sociedad ella tiene una condición, una discapacidad; pero para nosotros y para ella misma, no tiene nada, porque lo que hace cualquier niño lo hace ella”, añade Rosales.

No obstante, el padre reconoce que cuando la niña estaba más pequeña, atravesaron una crisis y tuvieron que recurrir a un psicólogo, pues ninguno sabía cómo explicarle a la pequeña el proceso por el que estaba pasando.

Conforme han pasado los años, Isabella es más segura de sí misma. Es madura, independiente y con una gran fortaleza.

“Tener una pierna diferente a los demás niños, me hace más fuerte que los otros niños y tener una prótesis no me impide hacer nada y cuando la gente se acerca y me pregunta sobre mi prótesis, yo les explico que es una pierna normal y que yo puedo hacer todo lo que me proponga, entonces esto no es nada para mí”, relata la niña.

Gran parte de esa fortaleza de Isabella proviene de sus padres, quienes siempre la están motivando, pero otra parte ha sido por Bionic Models.

Desde pequeña la niña ha figurado en varias campañas de la agencia y fue allí donde surgió su interés por ser modelo.

“Cuando me toman fotos yo puedo sentirme libre, pero también me gustan mucho las sesiones fotográficas porque los demás niños pueden ver que tener una prótesis no le impide nada a uno, entonces me gustan mucho participar en estas campañas publicitarias”, afirma.

Isabella dice que cuando sea grande quiere ser modelo y además, sueña “con ir al espacio”.

Y aunque para eso aún faltan algunos años, lo que la menor sí tiene en este momento es un mensaje para aquellas personas que se resisten a una amputación o a usar una prótesis.

“Yo le digo a las personas que tienen que seguir con sus vidas y que para ellos va a ser mejor. Esto es normal, y yo sé que tal vez no están acostumbrados y que va a ser una etapa muy difícil, ya sean niños o adultos, pero tienen que ser fuertes, no hay que poner ningún límite, todo se puede lograr”, finaliza.

Créditos: Las fotografías fueron tomadas en el Hotel Aurola Holiday Inn, en San José.

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.