
Es uno de los partidos más esperados del Mundial 2026, pero no solo por lo que sucederá en el estadio. Este miércoles 15 de julio, cuando se juegue el Argentina vs. Inglaterra, volverán a flote chistes, resentimientos, historia y política en torno a una vieja rivalidad futbolística que, desde hace décadas, va mucho más allá de la cancha.
El duelo del miércoles en las semifinales revive una historia marcada por goles inolvidables, la guerra de las Malvinas y décadas de tensión política que han convertido cada enfrentamiento en mucho más que un partido.
Primero pasemos al fútbol; luego, a la Guerra de las Malvinas, que siguen marcado, aún en 2026, la tensión política entre ambos países.
Argentina vs. Inglaterra en los Mundiales
La semifinal, este miércoles en Atlanta, no enfrenta solo a dos de las selecciones más exitosas del planeta. El juego trae encima el fantasma de “la mano de Dios” de 1986... y justo antes, de la Guerra de las Malvinas, que el gobierno de Javier Milei ha vuelto a poner en la palestra.
No todos están contentos de retomar estos temas. “No busquemos nada más”, dijo el técnico albiceleste Lionel Scaloni. “Es un partido de fútbol. No confundamos. Vamos a jugar un partido de fútbol contra una gran selección que tiene un gran entrenador, a quien aprecio y admiro mucho”.

El origen deportivo del pleito suele situarse en los cuartos de final del Mundial de 1966. En aquel partido, el capitán argentino Antonio Rattín fue expulsado en una decisión arbitral que su selección consideró injusta. Inglaterra ganó 1-0 y terminó conquistando el único Mundial de su historia, pero el episodio dejó una profunda desconfianza entre ambos países. Por otro lado, nos dejó el código de las tarjetas amarillas y rojas gracias a Rattín. Una por otra.
La rivalidad adquirió una dimensión completamente distinta tras la Guerra de las Malvinas. El conflicto armado de 1982, que dejó más de 900 muertos entre ambos bandos, convirtió el siguiente enfrentamiento mundialista, en México 1986, en un partido cargado de simbolismo.
En las postrimerías de la dictadura cívico-militar encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, en medio de una crisis política, económica y social, se ordenó la ocupación de las islas que los británicos controlaban desde 1833. Era un intento por reforzar el poder de la dictadura. Fue un desastre.
Margaret Thatcher, por entonces primera ministra británica, envió una flota a defender las llamadas Falkland Islands. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una que exigía el retiro de las tropas argentinas y el inicio de negociaciones pacíficas.
Fue un desastre. El 14 de junio, tras 74 días de guerra, el gobernador militar de las islas, Mario Benjamín Menéndez, firmó la capitulación. El conflicto acabó con 649 soldados argentinos muertos, según el medio argentino Clarín.
Para el Reino Unido, las islas siguen siendo un territorio británico de ultramar cuyo estatus, sostiene Londres, quedó respaldado por el referéndum de 2013, en el que el 99,8 % de los habitantes votó por permanecer bajo soberanía británica.
El gobierno británico afirma que el principio de autodeterminación de los isleños es irrenunciable y mantiene una presencia militar permanente en el archipiélago, cuya ubicación también tiene importancia estratégica en el Atlántico Sur y la Antártida.

En el Mundial de 1986
Por ende, en México 1986, el reencuentro de las selecciones británica y argentina traía un peso encima que no se podían sacudir aunque quisieran.
Aquel partido quedó inmortalizado por dos goles de Diego Maradona. El primero, anotado con la mano y bautizado por el propio jugador como “la Mano de Dios”; el segundo, tras una extraordinaria carrera de más de 50 metros considerado una obra maestra.
Años después, Maradona admitiría que ese triunfo tuvo un significado que iba más allá del deporte. “Era como ganarle a un país, no a un equipo de fútbol. Si bien nosotros decíamos, antes del partido, que el fútbol no tenía nada que ver con la Guerra de las Malvinas, sabíamos que habían muerto muchos pibes argentinos allá, que los habían matado como a pajaritos...Y esto era una revancha, era recuperar algo de las Malvinas. Estabamos defendiendo nuestra bandera, a los pibes muertos, a los sobrevivientes...”, decía en el libro Yo soy el Diego.
Tensión Argentina-Inglaterra en 2026
tensión volvió a manifestarse en Francia 1998, cuando David Beckham fue expulsado tras una reacción contra Diego Simeone. Argentina avanzó por penales y Beckham pasó de héroe potencial a villano nacional. En el reciente partido de Argentina contra Cabo Verde fueron fotografiados juntos: “Me topé a un amigo”, dijo Beckham en Instagram.
Cuatro años después, en Corea-Japón 2002, Inglaterra obtuvo una especie de revancha al imponerse 1-0 con un penal del propio Beckham.
La BBC ha señalado que, aunque la intensidad deportiva ha disminuido con el paso de las generaciones, la guerra sigue siendo un elemento imposible de ignorar cuando ambos países se enfrentan.
Argentina continúa reclamando la soberanía de las islas y, en junio de 2026, obtuvo un nuevo respaldo del Comité Especial de Descolonización de la ONU, que instó a Buenos Aires y Londres a reanudar las negociaciones bilaterales.
¿Por qué interesan las Malvinas hoy? En primer lugar, debemos recordar las múltiples confrontaciones alrededor del mundo por el control de las rutas marítimas del comercio. Pensemos en Groenlandia o el estrecho de Ormuz.
En este caso, las islas en disputa se encuentran en un punto cercano al paso entre los océanos Atlántico y Pacífico por el Cabo de Hornos y el estrecho de Magallanes. Aunque el Canal de Panamá concentra buena parte del tráfico mundial, esas rutas siguen siendo importantes para el transporte marítimo y la navegación militar y, conforme avance el deshielo de la Antártida y la explotación minera en el Cono Sur, es esperable que cobren más importancia.
Las Malvinas sirven como base logística para operaciones científicas, militares y de apoyo en el Atlántico Sur. De hecho, los británicos mantienen en el archipiélago la base RAF Mount Pleasant.

Asimismo, el Reino Unido administra desde allí otros territorios de ultramar, como las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y mantiene una reclamación territorial sobre parte de la Antártida (congelada por el Tratado Antártico).
Tanto en el sur del continente americano como en las aguas circundantes de las islas y la Antártida existen importantes pesquerías, especialmente de calamar, que constituyen la principal fuente de ingresos del gobierno de las islas.
También ha habido exploraciones petroleras, aunque hasta ahora no se ha desarrollado una explotación comercial de gran escala. No se puede olvidar que Milei ha impulsado una gran apertura minera que incluye los propios glaciares del territorio continental argentino, de manera que es de esperar que a su gobierno le interese el potencial gasífero y petrolero de las Malvinas.
Scaloni insiste en separar ambos planos. “Tiene que ser un partido de fútbol. Las nuevas generaciones tienen que quedarse con eso”, afirmó.
Por supuesto, porque es el Mundial, porque son Argentina e Inglaterra, las redes sociales se inundan de memes, chistes y expectativa por lo que pueda pasar en Atlanta. No será una guerra ni nada tan serio, claro. Pero ya sabemos que el Mundial nunca se tratado solamente de fútbol.

